Por Carlos Terranova
Corría el año 538 a.C. cuando el ejército Medo-Persa se encontraba sitiando la capital del antiguo imperio babilónico. En el interior de sus muros, lejos de estar preparándose para la batalla definitiva, el rey Belsasar celebraba un suntuoso banquete en el que utilizaron los utensilios del antiguo templo de Jerusalén como testimonio del poderío que sus dioses tenían sobre el Dios de los judíos. Tal era la confianza que los babilonios tenían en el sistema defensivo de su ciudad, y tan grande como su confianza era el desprecio hacia el verdadero Dios que ha creado el universo.
Sin embargo, algo sorprendente ocurrió durante la fiesta... apareció una mano que escribió una frase en la pared del palacio real, la cual rezaba: Mene, Mene, Tekel, Peres. El rey no tardó en consultar a todos los sabios de Babilonia para tratar de averiguar el significado de tan misterioso epígrafe, pero ninguno pudo descifrar esos vocablos. Turbado el rey en gran manera mandó que trajesen a su presencia a un sabio profeta hebreo llamado Daniel, el cual, tras haber leído esas palabras le mostró su significado: mene, mene: “contó Dios tu reino y le ha puesto fin”, tekel: “pesado has sido en balanza y fuiste hallado falto”, peres: “tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas”. En esa misma noche las fuerzas medo-persas encontraron una brecha en el muro de la ciudad y la tomaron, cumpliéndose inexorablemente la palabra profética.
Nos acercamos al final de un año y es inevitable hacer un balance. Le puse como título a la nota “balance o balanza” porque un balance es hacer la cuenta entre lo que gané y lo que gasté, con el fin de obtener un resultado. Si hago un balance puedo descubrir si tengo ganancias o estoy en rojo. Dios vino al rey Belsasar hizo cuentas "Contó Dios tu Reino" y pesó sus acciones en una balanza y el veredicto fue triste... No das el peso, fuiste hallado falto... no pesó su físico sino su vida moral y espiritual. Al igual que en aquel tiempo, hoy los hombres en un sentido figurado son pesados en la balanza de Dios.
El pasa nuestra vida por su balanza, para observar si damos el peso, en nuestro carácter moral y nuestro estado espiritual. La balanza de Dios separará lo bueno de lo malo. Nuestros actos, nuestras palabras, hasta nuestros secretos más profundos, todo tiene su peso. Podemos olvidar nuestros actos, pero no por eso dejan de testificar en nuestro favor o en nuestra contra. El rey Belsasar se dedicó a pecar pensando que nunca le sucedería nada, pero a Dios nada se le pasa por alto. Pablo le dijo a los Gálatas “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”. (6: 7, 8).
Nunca piense que Dios no se da cuenta de lo que usted hace, hay que tener mucho cuidado porque, donde quiera que usted se meta ahí lo ve Dios, cualquier cosa que usted haga sea buena o mala, El la ve. El salmista escribe, ¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí. Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aún allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha! Y si dijera: «Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno a mí», ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aún la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz! Salmo 139: 7-12).
Si Dios te pesará hoy como esposo/a ¿cómo te encuentra? Si te pesará como padre ¿das una buena medida? Si te pesará como trabajador, como vecino, como cristianos... ¿darás el peso? ¿Darás una buena medida o serás hallado falto? Comenzó diciembre, se acerca el final de otro año. Es un buen tiempo para hacer un balance personal; un buen momento para poner mis obras en la balanza y ver si doy el peso, si alcanzo la medida que Dios espera de mí, esa medida que mi familia y mi patria necesita. Y si me doy cuenta que no estoy en el camino correcto, si he tomado malas decisiones o he fallado a los míos. Siempre es tiempo de cambiar, siempre es tiempo de pedir a Dios perdón y una nueva oportunidad.
Quiero terminar esta nota recordándote las palabras del apóstol Pablo a los Corintios: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2ª Corintios 5:17), Dios es especialista en tomar malas historias y darle buenos finales. Alejandro Lerner canta "Volver a empezar, que no termine el juego, queda mucho por andar y mañana será un día nuevo bajo el sol, volver a empezar, volver a intentar..." Ponete en las manos de Dios y todo puede recomenzar. En Cristo renace la esperanza, en Dios se puede escribir una nueva historia. Dios te bendiga.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.