Por REDACCION
El pasado 29 de abril, como todos los años, en diferentes medios de comunicación se recordó el día del animal.
Desde hace varias décadas, diversos filósofos comenzaron a cuestionar las viejas ideas acerca del valor que el ser humano otorga al animal, replanteando y formulando nuevas consignas y fundamentos morales.
Así como existe una amplia conciencia sobre la importancia del medio ambiente y la necesidad de su preservación, es necesario crear conciencia acerca de la injusta relación que el humano tiene con el animal.
Esta relación, en la cual el animal corre con todas las desventajas, se basa en la explotación sistemática que el humano ejerce sobre él, culturalmente aceptada y avalada por las leyes, convirtiéndolo en objeto de propiedad y priorizando el interés económico por sobre la vida y el sufrimiento de quienes no tienen defensa alguna.
Perros y gatos, animales de compañía por excelencia, y no por ello exentos de abuso y maltrato, son referentes y centran toda la atención al momento de recordarse el 29 de abril, pero se olvida que animales también son aquellos seres sintientes que no habitan en nuestras casas, que no reciben nuestro cariño y dedicación, y padecen al servicio humano de muchas diferentes maneras.
¿Por qué no pensar entonces en el día del animal dejando de lado la mera anécdota e intentando dar un enfoque diferente que promueva y genere conciencia acerca del sufrimiento que el humano impone a los animales, y del cual nos servimos en nuestra vida cotidiana? Ellos, “sin su consentimiento”, nos proveen de alimento, comemos su carne y productos derivados, nos vestimos, nos curamos, nos proporcionamos un mundo más cómodo y seguro, nos divertimos... y entre la materia prima y el producto final de consumo existe un proceso desventurado y plagado de suplicios. No reparamos en ello porque esto forma parte de nuestra cultura, pero también porque ignoramos el proceso que comienza con el nacimiento del animal y concluye en nuestro plato, por ejemplo.
Utópico es imaginar un mundo sin explotación animal, pero es posible abrir los ojos ante una realidad de la que poco se habla y mucho se acepta, es necesario generar conciencia para poder empezar a transitar el camino de nuestras vidas con una visión diferente, al menos por ahora eso, una visión diferente.
Colaboración de “El Amparo” Asociación Civil.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.