Por Redacción
Con el Domingo de Ramos, ayer por la mañana se llevó a cabo el inicio de las celebraciones más importantes de la Iglesia (después de la Navidad) con la llegada de Jesús a Jerusalén para padecer y morir por los pecados de la humanidad. Con la presencia imponente de Luis Fernández y con una Catedral llena de personas (por la lluvia se suspendió la procesión desde la plaza 25 de Mayo), los cristianos pudieron escuchar la palabra de nuestro Obispo, que hizo una referencia importante a la inseguridad que hay en la ciudad, la grieta que existe en nuestro país y sobre los cambios climáticos.
"Cuando las cosas se ponen feas, Dios no se borra, es cuando más aparece. Viene a su estilo, con esa pobreza y humildad que llevan los niños, por eso son los primeros que lo reconocieron, montado en un burro. Y hoy, este ramo que se llevan a sus casas ojalá les recuerde lo que hizo Dios por nosotros. En cada comienzo de Semana Santa, ustedes con sus ramos, recordarán ese momento", dijo muy enérgico.
En tanto, remarcó la grieta que hay en nuestro país, donde, por diferentes cuestiones, se sufre el distanciamiento entre pensamientos. Sobre todo por la política: "queremos pedirle a Dios por nuestras familias, para que no sufran más la grieta que hay en la Argentina, que cada día más se distancian", dijo Fernández y agregó: "Dios no viene a vivir de arriba, no viene al facilismo, sino que viene a la única fiesta que tenemos, que la que se dio cuando llegó Jesús", destacó.
Acto seguido, Fernández pidió por los campos y por la "serenidad" de las lluvias, e hizo referencia al inicio de año donde toda la zona sufrió mucho esta situación. También nombró a Comodoro Rivadavia en su discurso, uno de los sitios que hoy más siente el tema de las inundaciones.
En el Domingo de Ramos, los seguidores de Jesús recibieron con palmas de olivos como en antigua ciudad de Jerusalén, donde una semana después -los mismos que los celebraron- piden que sea crucificado. Las enseñanzas religiosas advierten que, con este paso, Cristo muere y lava los pecados de la humanidad.
Fernández pidió en su homilía dominguera "no entrar en esas confabulaciones donde reina la mentira", en una semana muy importante para los cristianos, donde llega Jesús. Y dijo que le pidamos al Señor "que nos ayude en estos tiempos difíciles, donde hay muchos cambios climáticos y en donde las grietas aparecen con un extremo de violencia muy fuerte. No debemos bajar los brazos nunca porque contamos con el Salvador. Eso es lo que será Jesús en esta Semana Santa, donde nos invita. El mundo no está solo, tenemos que estar todos para vivir esto que es nuestra vida, momentos de entusiasmo. Estamos llamados a vivir para siempre en la alegría de la paz. Que la Virgen nos ayude", concluyó el Obispo.
JESUS NO FUE UN
VENDEDOR DE HUMO
En este Domingo de Ramos, o Domingo de Pasión, el papa Francisco alentó a los fieles a llevar la cruz con paciencia y no rechazarla, y recordó que Jesús "no es un iluso que siembra falsas ilusiones” o "un profeta "new age" sino el Mesías verdadero.
"Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni deshacerse de ella, sino que, mirándolo a El, aceptémosla y llevémosla día a día”.
En la misa celebrada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Pontífice recordó que Jesús "nunca prometió honores y triunfos. Los evangelios son muy claros. Siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz. El lo dijo claramente a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga’”.
La celebración comenzó con la entrada en procesión, portando ramos y palmas, en la Plaza de San Pedro. Tras la procesión, el Papa procedió a bendecir los ramos. Se recuerda así la acogida que el pueblo de Jerusalén otorgó a Jesucristo cuando realizó su entrada triunfal en la ciudad santa. En aquella ocasión, una multitud recibió al Señor portando hojas de palma y aclamándole al grito de "Hossana”, grito de júbilo de profundo significado mesiánico.
Antes de comenzar la procesión, se leyó el fragmento del evangelio de San Mateo en el que se narra la entrada de Jesús en Jerusalén desde el Monte de los Olivos sobre una borrica que nadie había montado nunca. El Pontífice destacó "el entusiasmo de los discípulos, que acompañan al Maestro con aclamaciones festivas”.
"Podemos imaginarnos con razón cómo los muchachos y jóvenes de la ciudad se dejaron contagiar de este ambiente, uniéndose al cortejo con sus gritos. Jesús mismo ve en esta alegre bienvenida una fuerza irresistible querida por Dios, y a los fariseos escandalizados les responde: ‘Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras’”.
El obispo de Roma señaló que "esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del evangelio sobre su pasión”.
"Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén”.
Francisco insistió en que Jesús "no es un iluso que siembra falsas ilusiones, un profeta ‘new age’, un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la pasión; es el gran Paciente del dolor humano”.
"Al mismo tiempo que también nosotros festejamos a nuestro Rey -continuó el Santo Padre-, pensamos en el sufrimiento que El tendrá que sufrir en esta semana. Pensamos en las calumnias, los ultrajes, los engaños, las traiciones, el abandono, el juicio inicuo, los golpes, los azotes, la corona de espinas..., y en definitiva al vía crucis, hasta la crucifixión”.
En este sentido, el Papa explicó que Jesús "no nos pide que lo contemplemos sólo en los cuadros o en las fotografías, o incluso en los videos que circulan por la red. No. El está presente en muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy, hoy sufren como El, sufren a causa de un trabajo esclavo, sufren por los dramas familiares, por las enfermedades... Sufren a causa de la guerra y el terrorismo, por culpa de los intereses que mueven las armas y dañan con ellas”.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.