Por Diana Biscayart
NOTA VI
Francisco José envió un telegrama al Santo Padre, su Santidad León WIII, pidiendo el derecho de inhumar los restos de Rodolfo en un lugar sacro. El vaticano negó tal derecho. El emperador envió al Papa un nuevo telegrama, esta vez de dos mil palabras, cifrado, en el que al parecer explicaba al Papa, la verdad de la muerte de Rodolfo. Que su asesinato fue por razones políticas. El Santo Padre, inmediatamente dio su permiso para la ceremonia religiosa. El encargado de descifrar el telegrama y transmitirlo a su Santidad fue el emperador austríaco, abuelo de la condesa Helen Esterhazy. Esta refirió que su abuelo, años más tarde, le contó el contenido del telegrama y que efectivamente “se trataba de un asesinato”. Ni en los archivos austríacos ni en el Vaticano, han sido hallados los originales o copias de ese documento. Al haber desaparecido misteriosamente todo lo referente a la muerte del Kronprinz que por orden del emperador quedó en poder, como anteriormente, del conde Paaffe, primer ministro. Un misterioso incendio en el castillo, donde se encontraba el original, lo hizo desaparecer. Y su duplicado, que estaba en poder de un abogado de la corte, desapareció también en circunstancias inexplicables. Ya vimos que en el dossier oficial no había más que papeles en blanco. Existe un testigo: Frederic Wolf, carpintero residente en las cercanías de Mayerling, quien, carpintero como él, había sido llamado para poner orden en el pabellón de caza. Contaba que la habitación parecía haber sido el escenario de un terrible combate. Mobiliario roto y revuelto. Impactos de balas en los muebles y sangre por todos lados. Frederic Wolf tuvo que cambiar todo el piso de madera. Por su parte, la archiduquesa María Teresa, confirmó que su marido, el archiduque Carlos Luis, corroboró que Rodolfo le había asegurado: “Voy a ser asesinado”. Al parecer por estar en el centro de una conspiración europea, que tenía por objeto derrocar a Francisco José y colocar a Rodolfo en su lugar. Según la emperatriz Zita, Rodolfo se negó a participar en tal conspiración contra su padre. “Yo soy un hijo leal a mi Emperador, voy a desvelar esta conspiración, pero si lo hago me matarán”. Varias personas pudieron comprobar que el puño derecho de Rodolfo, había sido seccionado de un sablazo. Rodolfo se batió con sus agresores, según el estado de los muebles. Sus agresores le cortaron los dedos. Verffisch, el cochero que fue enseguida trasladado fuera de Viena, repitió varias veces sin dar detalles: “No es como se cuenta, no fue suicidio”. El embajador de Alemania por aquella época, informó a Otto Eduard Leopold von Bismarck, el 9 de febrero de 1889: “los elementos no están como se indica anteriormente. El cuerpo está cubierto de otras heridas. El revólver que se encontró cerca del lecho del Kronprinz, tipo Bulldog, no le pertenecía y los seis cartuchos no habían sido instalados. ¿Hubo más muertos en Mayerling? ¿Algunos de los atacantes murió en la lucha, o quedó gravemente herido? Nuevo misterio. El 7 de julio de 1889, las pompas fúnebres de Baden, procedieron a exhumar el cuerpo de María Vetsera, en presencia de un médico forense, dos monjes de la abadía de Heiligenkreuz, y el señor Baleazz (hijo), descendiente de uno de los tíos de María. Se pudo comprobar que en el cráneo existía un orificio oval, de 7 cm. No habiendo orificio de salida. Nada coincide con lo dicho en 1889. Además, no se sabe dónde están los proyectiles que la policía debió tener y las comprobaciones con las armas usadas. La emperatriz Zita asegura que María murió por encontrarse junto a Rodolfo, lo que descarta el suicidio al estilo Romeo-Julieta. El príncipe de Gales escribió a la reina Victoria, el 12 de febrero de 1889: “Me decís que ese joven Rodolfo y esa desgraciada joven han sido asesinados”. Por su parte, el rey Leopoldo II de Bélgica, suegro de Rodolfo, escribió a su hermano una carta en la que decía: “el suicidio y la locura, son el único motivo de evitar un escándalo cuyos detalles no puedo confiar en esta carta, pero os contaré cuando os vea. Vuestro hermano: Leopoldo”. Esta carta, según refiere en su libro Jean des Cars, en 1983, fue encontrada en 1942 entre los papeles personales de Paul Hymans, ministro de asuntos exteriores de Bélgica. La emperatriz Zita, en noviembre de 1983, en una conversación con el emperador austríaco, Eric Feiel, publicada en el Klonen Zipung de Viena, afirma rotundamente que el asesino de Rodolfo fue “Georges Clemenceau”. Uno de los agentes de este, Cornelius Herez, del diario La Justicia, intentó ganar para su causa, que era hacer de Austria-Hungría, un aliado en la guerra contra Prusia.La fórmula era derrocar a Francisco José y colocar en el trono a Rodolfo. Esto también ayudaría a Clemenceau a encontrar los fondos necesarios para hacer frente a las consecuencias financieras del escándalo de Panamá. “Rodolfo rechazó la proposición y con ello se convirtió en el hombre que sabía demasiado”. Motivo por el cual fue asesinado. Una carta de Georges Clemenceau del 6 de septiembre de 1867, después del asesinato del emperador Maximiliano en México dice: “A todos esos emperadores, príncipes, archiduques y príncipes del mundo, yo los odio, con un odio sin piedad, como se odiaba en el 93, cuando se llamaba al imperio de Luis XVI, execrable tirano”. “Entre nosotros y esa gente hay un odio a muerte”.
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