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Información General Domingo 8 de Diciembre de 2013

Recibir Navidad sin máscaras…

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REDACCION

Por REDACCION

Si miramos honestamente nuestra vida, descubriremos muchas cosas que queremos y no podemos o podemos y no queremos cambiar. Muchas veces se tiene la enfermedad del materialismo, tener todo lo mejor, lo último, los mejores autos, los viajes más ambiciosos y no hay preguntas profundas al interior del ser más íntimo, por temor a las respuestas, por negligencia o por ignorar lo verdadero. 

También están quienes como un pintor famoso, pintan su vida de la manera más gráfica e imponente, pero en cada imagen, en cada rincón, queda implícita pero no clara la realidad más honda. En otras oportunidades no es que se oculta lo real, pero habría que reconocer errores, que muchas veces pasan desapercibidos para nosotros que los cometemos y debemos preocuparnos más por corregirlos y modificar lo que no está bien.

La vida es una oportunidad bellísima para desarrollarnos, crecer, mejorar e ir dando sentido a nuestra existencia, no sólo para nosotros, sino para hacerla útil para los demás según los dones recibidos.

Construir una sociedad distinta es el desafío que Dios nos pide esta Navidad, saber leer la realidad, las necesidades, las limitaciones, las imposibilidades de nuestro prójimo.

En numerosas ocasiones somos rápidos para criticar a personas que viven del subsidio, en la marginalidad, en el delito, pero una buena pregunta para hacemos frente al pesebre sería: ¿qué hacemos para cambiar, para colaborar, para edificar propuestas nuevas?

No soy utópica, comparto la realidad de estos barrios que viven imposibilitados de un montón de cosas y a pesar de trabajar desde hace tantos años en ellos, creo que se puede, es difícil... pero creo que lo que más cuesta es donar tiempo, que es lo que hace falta para reconstruir, para educar en la esperanza, en el amor.

Mirar el pesebre, desde la mirada de cristiano significa preguntarnos: -¿cuántos enfermos anónimos, esperan una mano amiga que los consuele y acompañe en este tiempo tan especial y en todos los tiempos?

Queridos lectores no es que una persona vale mientras trabaja arduamente dejando la vida, desgastando energías y cuando se acaban pareciera que ya no le importamos a nadie... desaparecemos de la acción y se reemplaza la imagen por una nueva y se recuerda una o dos veces al anterior diciendo -pobre que mala pata, ojalá Dios lo ayude, como si sólo Dios pudiese ayudarlo…nosotros también podemos, diciendo presente, llevando un libro, nuestra compañía.

Cuántos ancianos olvidados, como juguetes en desuso esperan una caricia, una sonrisa, una guitarra que suene para ellos, un beso apretado que les susurre que todavía son importantes.

Los “viejos” son una materia pendiente para la humanidad, pareciera que nadie va a envejecer, que nadie comprendiera, que se nos caerán las cosas de las manos con más frecuencia, repetiremos lo mismo una y otra vez, cansaremos comentando que todo tiempo pasado fue mejor.

Si llegamos siendo ancianos al final de la vida, nadie escapa a esta condición, pues preparemos el futuro senil, como una etapa de juntar la siembra, de relajar la vida, de reconstruir historias para los niños, de hacer lo que podemos, cómo podemos para que alguien lo reciba con el amor que lo damos.

El pesebre nos está esperando para descubrir en El, al verdadero protagonista, Jesús, que vuelve una y otra vez a nuestras vidas a decirnos que nos ama y nos perdona, que siempre tiene los brazos abiertos para abrazarnos y que no esperemos que llegue el final de la vida para verlo, podemos no llegar a tiempo para arrepentirnos.

Recibir la Navidad sin máscaras, es haber descubierto que Jesús está… siempre está... esperando que abramos los ojos del corazón y dejando de lado los ojos del cuerpo, que muchas veces se obnubilan con lo efímero.

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