Por REDACCION
Los actos del 9 de Julio ayer en nuestra ciudad comenzaron con el "Te deum" en la Catedral San Rafael, presidido por el obispo de Rafaela Luis A. Fernández, del que participaron el gobernador Antonio Bonfatti, el intendente Luis Castellano, autoridades legislativas, ejecutivas, judiciales, entre otros. A continuación la homilía:
"Hoy 9 de Julio, nos sentimos convocados, no sólo en la tarde junto a las pantallas, por un solo grito de argentinidad, donde unidos como pueblo vivimos la utopía del mundial, soñando por mostrar al mundo lo mejor, expresando en el sufrimiento y la alegría, la unidad y comunión entre todos los que vivimos en este suelo argentino, más allá de nuestras diferencias, hay cosas que aunque sean pocas, nos unen, nos identifican, nos dan sentido de pertenencia, y la felicidad de construir esta Nación, honrándonos de ser parte de este mundo.
Pero es verdad también, que en esta mañana del 9 de julio, nos convoca y con tanta o más relevancia, ya que se trata por un lado de hacer memoria, de aquel momento histórico fundante, donde a pesar de las diferencias y dificultades supieron aquellas mujeres y hombres, dejar de lado protagonismos que los dividía y enfrentaba, y con una mirada de fe en Dios, y la razón ya no obnubilada por la ceguera ideológica que lleva a la intolerancia o imposición, sino que con corazón humilde y abierto, llevados por la cultura del encuentro, con la fuerza del diálogo y de la escucha, se pusieron de acuerdo, en el estilo de país que anhelaban, y sin discriminaciones ni prepotencias, sino ante todo, con una confianza en el Altísimo, el Eterno creador de toda vida, y en el descubrir que era más lo que los unía, que lo que los separaba, estando en juego la libertad y el bien común, siendo conscientes que representaban y por eso interpretaron el sentir del pueblo, se hicieron los primeros testigos de ese llamado que proviene de lo Eterno, que pasa por el pueblo y supieron con heroicidad, desprenderse de intereses que los sojuzgaban, y emprender con coraje, una vida nueva que merecían vivir ellos y todos los que en el futuro desearan tener este espíritu de argentinidad.
"Por eso en esta mañana hemos querido hacer un alto en este día y encontrarnos para dar gracias a Dios por tanto bien vivido a lo largo de nuestra historia patria. Gracias a Dios por tantas mujeres y hombres que hicieron nuestra cultura originaria, conviviendo con la naturaleza, luchando para cultivar la vida que se iba gestando con sudor, esfuerzo y lágrimas como es todo comienzo de la vida de los pueblos, dejando como herencia los hijos de esta tierra con capacidad para abrirse a nuevas culturas y a superar con sacrificio las adversidades, y siendo capaces de mezclar su sangre sin discriminación. Gracias a Dios por tantas mujeres y hombres que fueron poblando estas tierras, y los fueron regando y cultivando con el sudor y la entrega de sus vidas, animados con sus costumbres y tradiciones, con ganas no de vivir de arriba o de los
otros, mendigando derechos, sino transmitiéndolos y que supieron compartir aportando a la unidad de la nueva nación.
"Hoy damos gracias, también por tantas familias, que siguen teniendo la utopía de que es mucho más lo que podemos hacer por el futuro unidos, respetando la vida, apostando por el estudio y el trabajo, defendiendo a los débiles y desamparados, creyendo en los jóvenes y ayudándoles a optar por una vida con sentido.
"Por esto desde la Palabra de Dios, que acabamos de proclamar le suplicamos al Eterno Padre, Dios rico en misericordia, que nos siga acompañando a lo largo del camino y nos ayude a perseverar en la construcción de la patria de hermanos.
"No queremos entristecer al Espíritu de Dios, cuando a veces vivimos como
amargados o deprimidos, aislados, sin ideales o valores, focalizados en el solo
producir y consumir, el alma de los pueblos de América, mueven nuestra existencia, como movieron a aquellas mujeres y hombres ya aquellos que los representaban en Tucumán, a creer, a decir que es posible trabajar unidos y superar las dificultades que siempre la vida lleva consigo. Queremos como Nación, vivir como nos pide el papa Francisco, no sacándonos el cuero unos a otros, sino con alegría, y que no sólo venga de un gol del mundial, sino esa alegría que está en nuestro pueblo, que canta y camina, que trabaja sacrificándose por el pan ganado honestamente, que le duele la injusticia y sufre cuando no hay trabajo o no puede acceder a una vivienda, duele la
inseguridad y cuando aún los niños en las escuelas se discriminan o se deja de lado al hermano, creyéndose uno con más derechos que otros, o rebajando a los que no son como uno.
"El alma de nuestro pueblo y de este continente, privilegia la vida, aceptando a los niños, y cuidando de nuestros ancianos, tiene horror al mal, a las drogas que quita la vida a los jóvenes, porque el pueblo ama la vida, la respeta, es la gente solidaria que ante las necesidades de una inundación, se abre al necesitado, saliendo en su ayuda, dando una mano y compartiendo lo poco que se tiene.
Por eso salvo, los gritos de alegría por el mundial, es un pueblo que contempla callado y deja de asombrarse de naturaleza que reverencia como una madre tierra, no la hace rendir exprimiéndola, sino que la hace parte de su vida y es valiosa no por lo que rinde, sino porque es su casa, la creación, que es obra de Dios y que nos la ha entregado para cuidarla y sembrarla y por eso, el mundo entero puede admirarse de esta tierra bendita del pan y la leche. Por eso como nos decía recién San Pablo, no nos gusta vivir en la ira, en los celos, en las envidias o cualquier clase de maldad. El alma de nuestro pueblo es la bondad, la paciencia, la cordialidad, que no es debilidad y menos aún componendas con los corruptos, sino que es al estilo de Jesús, el alma de nuestro pueblo, que hasta tiene el coraje, no de vivir en la venganza,
en el odio, o en la indiferencia al que lo ha ofendido, sino que como Cristo en la cruz, tiene el coraje de perdonar, de saber morir para que otros tengan vida y vida plena.
"Al celebrar estos 198 años de nuestra independencia, eso es lo que le
queremos pedir a Dios, "memoria" para ver que se puede liberarse de la esclavitud, con la sabiduría y experiencia de los ancianos, por la fuerza de la unidad y superación de las adversidades que tiene la familia, por el desafío del discernimiento que tenemos los dirigentes de sentir el corazón del pueblo que representamos, reconociendo las diversidades, pero sobre todo construyendo la unidad, que es siempre más, que el conflicto como nos enseña el papa Francisco.
"Vivamos con esperanza, el tiempo supera al espacio, a la coyuntura, los procesos son los que valen, a los ojos del futuro que son los hijos, a los ojos de Dios, que es quien nos ha llamado a forjar esta Nación Argentina. Le pedimos hacerlo con humildad y sencillez con la responsabilidad que a cada uno nos compete en esta vida.
"La Virgen Gaucha, Señora de Luján, siga acompañando a su pueblo, que canta y camina por esta tierra Argentina".
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