Por REDACCION
25 de Agosto 1998... Fue un día muy especial en nuestras vidas, Micaela tenía la posibilidad de mejorar su calidad de vida, había llegado el tan ansiado órgano, habían quedado atrás casi doce años de diagnósticos, operaciones, internaciones, algunas cortas otras prolongadas, como esta última que desde el 14 de abril partíamos con nuestra hija hacia esa meta tan esperada, el trasplante de hígado. En esos largos, más de 4 meses, donde una parte de la familia estaba en Buenos Aires, la otra, los tres hermanos: Nicolás, Mauro y María Luz, se quedaban en Rafaela al cuidado de sus abuelos, tíos y demás familiares, pero también nos sentimos acompañados por Dios, los vecinos, amigos y porqué no decirlo por una gran parte de la ciudad, más algunas localidades vecinas, que gracias a los medios de comunicación y las cadenas de oraciones de distintas religiones que se hicieron, se fueron enterando y no saben lo importante que es cuando alguien está tan lejos y es visitado o llamado por teléfono o como cuando nos decían: “estamos haciendo cadenas de oraciones” o “estamos rezando u orando por Micaela” o como varias personas que nos llevaban a nuestros hijos, o varios padres que dejaban que sus hijos/as, compañeros de la escuela Colón o amigos del barrio o de San Mariano, fueran a Buenos Aires a visitar a nuestra hija.
Esa madrugada del 25 de agosto de 1998, más o menos dos de la mañana nos avisaron que Micaela entraba en un operativo de trasplante, había una familia argentina que ante la irreparable pérdida de un familiar, había dicho que sí a la vida, que iban a donar los órganos, y que el hígado era compatible con Micaela. A eso de las cinco de la mañana los médicos del hospital Italiano comenzaron a preparar la operación. A las siete treinta la llevaron al quirófano y a eso de las ocho empezó el trasplante. Largas pero esperanzadoras diez horas de ver entrar y salir médicos, y cada tanto se acercaban a decir que todo estaba marchando normalmente hasta que a las dieciocho horas salieron con Micaela y la trasladaron a una sala de cuidados intensivos, donde nosotros la podíamos ver solamente por un vidrio. Fueron pasando las horas y los días, apareció un pequeño rechazo que fue solucionado y en cuatro o cinco días la pasaron a una sala común, donde continuó la evolución. Quince días después le dieron un pre-alta fuera del hospital pero en Buenos Aires hasta que el veinte de octubre pudimos regresar a Rafaela. Cuando volvíamos nos sentíamos los campeones del mundo por la alegría que traíamos, y el recibimiento que le hicieron sus compañeros de escuela, amigos, vecinos y familiares, donde el “Mica te queremos” estaba envuelto en abrazos y lágrimas de felicidad, ¡Qué lindo es llorar de alegría y emoción!
Dos meses muy lindos hasta que antes de fin de año, en un control de rutina le encuentran un rechazo. Navidad, fin de año en el hospital hasta que el 20 de febrero de 1999 mientras estaba esperando otro trasplante su cuerpo dijo basta, y Dios quiso que vaya por otro camino, mientras en el nuestro empezaba una lucha de extrañar, entender y con el paso del tiempo de aceptar la nueva realidad.
Los trasplantes de órganos en su gran mayoría terminan mejorando y prolongando la vida. Hoy vemos que muchas personas, niños, jóvenes y adultos que están muy bien de salud, practicando deporte, trabajando e incluso pueden seguir dando vida a través de sus hijos. En nuestra experiencia queremos agradecer a la familia que donó los órganos, a los cuales no conocemos ni sabemos quiénes son, a los médicos, enfermeras, a los que nos acompañaron antes, durante y después, a los que donaron sangre, a los que están trabajando para concientizar a la población por la importancia que tiene la donación de sangre, de células progenitoras hematopoyéticas (trasplante de médula) y de órganos, y a los medios de comunicación.
Les pedimos que si alguna vez están ante una situación límite con algún familiar, piensen que hay muchas personas que están esperando un trasplante, no digan que no por miedo, desconocimiento o por duda, chárlenlo en familia, una conversación hoy, puede ayudar a tomar una decisión al futuro.
Nosotros donamos las válvulas del corazón y las córneas de Micaela, les decimos que sabemos que alguien tuvo la posibilidad de volver a ver, y aunque nosotros digamos “que paisaje feo” o “que día horrible”, alguien que vuelve a ver ¿Dirá lo mismo que nosotros?
Seguimos pensando que donar órganos es honrar la vida.
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