Por Antonio Fassi
Seguramente usted, que examinó el título hace contados instantes, cotejará que apareció un nuevo sistema de comunicación, o una poco conocida marca de celulares de última generación, o tal vez una línea de créditos. Pero no es así, pues el "interno personal" al cual nos vamos a referir en esta ocasión, es casi tan viejo, o mas aún, que la presencia del ser humano sobre el planeta Tierra.
Trataremos de entender esa "cosa" que no se ve, ni se toca, ni se sabe donde reside, pero que cuando cometemos algún desatino social, hace sentir su presencia en algún lugar de nuestro interior, produciendo resquemores mentales tan profundos, que muchos humanos terminan en el suicidio por cargos de conciencia que no pudieron soportar en cuerpo y alma.
A ese "interno personal" nos referimos, a esa humilde vocecita que en el turbión de una angustia, de un desliz fuera de lugar, nos persigue encarnizadamente noche y día, sin cejar un momento de recordarnos que hemos fallado en el correcto proceder. Pero si nuestra común existencia, nuestra vida y pensamiento son buenos, siempre nos sacará adelante, pero ¡nunca nos favorecerá si nuestra anterior conducta fue negra y turbulenta!
Esa es la voz de nuestra individualidad, es nuestra propia voz, la que nos señala el camino a seguir, la que nos marca aquello que nos lleva a la verdadera felicidad. Por eso cuando tomamos errados caminos, aparece esa sonoridad inaudible, retumbando tan profunda e insistentemente, que si no volvemos para, cumplir los eternos preceptos de respeto hacia las cósmicas leyes de cumplimiento del deber, su atroz alarido de reproche, nos perseguirá hasta que volvamos a la buena senda, o la eternidad nos sorprenderá en deuda con el universo entero y el tormento del error cometido en perjuicio de algún estrato de la humanidad; a la cual pertenecemos todos.
REPETIR GENERACION
TRAS GENERACION
Y qué triste sería el volver atrás, el repetir generación tras generación, los mismos errores de siempre, sin que medie ningún avance en la escala evolutiva-ascendente de nuestro eterno camino hacia la felicidad, que existe en algún lugar de nuestro interior, pero que nosotros, en nuestra individual elección negamos rotundamente, y preferimos continuar con la repetitiva parálisis evolutiva, sin prestar atención a esa sutil expresión, que desde nuestro interior, clama insistente y perseverantemente por un progreso, un cambio positivo, real, inmortal e imperecedero, que nos ubicaría ineludiblemente en la senda venturosa de una vida terrenal serenamente feliz, alegre y llevadera.
Y esa vocecita no miente, es pura y exclusivamente nuestra. Vive, obra y transforma nuestra vida desde nuestro propio interior, allí donde solamente podemos percibir sus vibraciones nosotros y la cósmica presencia divina del universo, que es perfecta y absoluta desde su propia creación.
A escucharla pues, que el cambio que buscamos al otro lado de la frontera de nuestro propio pensamiento es relativo. El real y positivo cambio, es el que encontramos en lo profundo de cada uno de nosotros. Es la voz de nuestra conciencia propia, es la voz del corazón, es la voz de nuestro auténtico Dios interior, íntimo, secreto y absolutamente veraz.
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