Por Amado Raspo
Voy a relatar una pequeña anécdota, relacionada con los salames en grasa, porque ha sido uno de los personajes de dicho antecedente.
Años pasados, al ser miembro de la "Asociación Cultural Sanmartiniana de Rafaela Mario Colucci", se me había encomendado llevar a los granaderos de San Martín, que en grupo de dos, visitaban nuestra ciudad; por especial pedido del Teniente Coronel don Alfredo Gómez Otero, pedidos que efectuaba nuestro querido Mario Colucci, gran amigo del Teniente nombrado.
La primera vez que arribaron, dos de ellos, los llevé a la Escuela Mitre, y luego a la Exposición Rural, por coincidir su visita con el gran acontecimiento rural.
La segunda vez, llevé a los dos Granaderos al pueblo de Colonia Raquel, por especial pedido de mi gran amigo Realdo Scandalo.
La tercera vez, los llevé a la Escuela Rodeo Chico, al norte de Humberto Primo, por especial pedido de mi gran amigo Elías Graffione.
Desde luego cada visita era una fiesta, porque jamás habían visitado los Granaderos nuestras poblaciones.
Viene ahora la anécdota; se me ocurrió premiar al teniente coronel Gómez Otero, por sus atenciones para conseguir el traslado de los Granaderos: y también a un General cuyo nombre no recuerdo, quien también colaboró para las visitas citadas.
Total que a ambos les envié una caja con un buen vino salteño, y además unos cuantos salames en grasa.
Tiene que haberles gustado sobremanera, porque, a los pocos días, me habló por teléfono el general, que lamentablemente no recuerdo su apellido, para agradecerme la atención, ya que nunca los había probado. Consultándome si es posible conseguirlos; a lo que manifesté que sí, y que para cuando tenga algún acontecimiento y a su pedido, le enviaría otra partida.
En fin, tal la anécdota de los salames en grasa; todo un manjar en la cocina de los piamonteses.
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