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Información General Lunes 3 de Marzo de 2014

Sanar nuestra sociedad: ¿es posible?

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Carlos Terranova

Por Carlos Terranova

Vivimos en una sociedad que está enferma. Enferma de mentira, de soberbia, de violencia, de corrupción, invadidos por las morales light. Somos conscientes que la sociedad debe sanar, lo necesitamos, lo anhelamos.

Cuando miramos nuestra patria, vemos ciclos que se repiten. Cuando parece que sacamos la cabeza afuera, volvemos a hundirnos. Más que una reforma necesitamos una transformación. Es mucho más que el hoy, tiene que ver con sanar el pasado para poder mirar con esperanza nuestro futuro. Si usted presta atención a la gente, a los políticos y funcionarios, se va a dar cuenta que muchos están estancados en el pasado. Recordando viejos laureles o enfermos de viejos odios.

El libro de Nehemías nos cuenta un tiempo de la historia de Israel en la cual el país había sido invadido por los persas y estaban cautivos bajo su dominio, por lo que no tenían rey. ¿Cuál era la situación real de la ciudad? Los que estaban en Jerusalén -según el texto-... estaban en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

En ese contexto aparece Nehemías que era un copero del rey y se angustia por su pueblo, entonces decide volver a Jerusalén para ayudar en la reconstrucción del muro. Es interesante ver cómo él confiesa identificadoramente el pecado de su pueblo y reconoce que están en esa situación por su desobediencia. Inmediatamente pide perdón y oportunidad para la ciudad.

-En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo: ¿qué hizo Nehemías? ¿Qué cualidades había en su vida que afectaron a los que le rodeaban?

En primer lugar amó a su ciudad y su pueblo. En segundo lugar oró y lloró por sus compatriotas. En tercer lugar fue delante de quien tenía autoridad, el rey, entendiendo que sin la ayuda del rey no podía hacer nada. ¿Queremos sanar nuestra ciudad? En primer lugar debemos tomar la actitud de este hombre. Amar nuestra ciudad y orar por nuestra ciudad. Debemos ir delante del que tiene poder y autoridad, el rey de reyes, Jesús, e interceder en favor de nuestra ciudad.

 Hay una promesa de Dios en Proverbios 11:11: por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida; mas por la boca de los impíos será trastornada. Estamos ante un gran desafío. En escritos anteriores hablamos de sanar la vida y sanar la familia, si logramos esto, podremos afectar nuestra ciudad. Debemos sanar la ciudad de sus maldiciones generacionales.

Vivimos en un país que se dice cristiano, que habla de Dios pero es desobediente a Dios. Como dice Discépolo en su tango, la Biblia está junto al calefón; los políticos juran sobre ella pero se olvidan de ella. Figuradamente, las puertas de la ciudad han sido quemadas y los muros derribados. La ausencia de puertas es una brecha abierta para que entre cualquier cosa. Nuestra patria ha sido invadida por la corrupción, las desigualdades, la mentira, las morales ligth, la droga, la violencia, el quebrantamiento y avasallamiento a la familia y muchos males más.

Una ciudad con muros derribados está a merced del enemigo (satanás). La realidad me muestra un gran parecido entre la historia del pueblo de Dios en tiempos de Nehemías y nuestra historia hoy. Se cuenta que Mahatma Gandhi, el líder político pacifista indio, vivió en su juventud durante tres años en Londres (1888-91), en ese tiempo se interesó por la doctrina de Cristo. Un día al querer entrar en una iglesia cristiana, un diácono lo frenó en la puerta y le dijo: -usted no puede entrar, acá a tres cuadras hay una iglesia para la gente de su color. Años después ya convertido en líder de su país escribió: -los cristianos tienen un muy buen Cristo, pero Cristo no tiene buenos cristianos. El pudo haber llevado a toda una Nación a los pies de Jesús, sin embargo la llevó al sincretismo religioso, donde todo es Dios y se adora desde la vaca hasta las cucarachas. Lamentablemente fue la discriminación de la Iglesia la que lo alejó de Jesús y sus enseñanzas. La pregunta es ¿podemos hacer algo por nuestra ciudad? Y la respuesta es sí, como Nehemías amemos, oremos y trabajemos desde los fundamentos y valores de la fe, en formar nuevas generaciones, hombres y mujeres con valores éticos, morales y espirituales altos. Porque a nuestra sociedad no la salvan hombres con buena voluntad, sino personas que se vuelven a Cristo y viven una genuina fe en El. Dios les bendiga.


El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.

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