Por Ana Paula Rosillo
Hoy a las 22 se estrena “Bacon”, un proyecto coreográfico dirigido por Gabriela Guibert, con la participación de Melina Meynet, María Candela Pruvost, Matías Rebossio y Jonatán Santillán.
“Bacon” surge de una investigación acerca de la obra del pintor inglés Francis Bacon. Una obra sostenida en la representación obsesiva del cuerpo. La convulsión y disfunción orgánica de la carne que se contrapone a la corporeidad maciza del hueso. Esta lucha por la emancipación de la carne coloca a sus figuras en una soledad sin intimidad, en un escenario donde, sin embargo, parece que lo peor ya ha ocurrido. Participan en el proyecto: Cecilia Abraham en diseño de luces, Leandro Bauducco en fotografía, Matías Rebossio en escenografía, Matías Bainotti y Carlos García en sonido. La música es de Iannis Xenakis, Michel Redolfi y Velvet Underground.
Pueden reservarse las entradas en la boletería del Teatro Lasserre de 18 a 20 o al 503124. La capacidad de la sala es limitada. El espectáculo cuenta con el apoyo de la Comisión para la Promoción de la Cultura.
En una entrevista, la directora del proyecto Gabriela Guibert, comentó a LA OPINION algunas cuestiones referentes al inicio y la progresión de la obra.
-¿Cuándo y cómo se gesta el proyecto?
-Comenzamos a trabajar en el verano, partiendo de un cuerpo conceptual, de ideas que tienen que ver con la pintura de Francis Bacon. Desde el 2012 con la obra "Como vivir juntos", estamos explorando el concepto de cuerpo sin órgano que aparece delineado en el teatro de Antonin Artaud y luego es retomado por la filosofía de Gilles Deleuze, para dar cuenta de un cuerpo experimental, distinto al cuerpo biológico y organizado. Es un cuerpo exploratorio, un cuerpo que está atravesado por la desorganización y la experimentación. Nos parecía que la pintura de Bacon era un buen punto de partida, ya que la imagen ayuda muchísimo a improvisar o a trabajar en el campo del movimiento. Partimos de los cuadros de Bacon y paralelamente trabajamos con la obra de Deleuze; "Francis Bacon lógica de la sensación".
-¿Del vínculo entre Deleuze y Bacon surge la inspiración?
-Cuando Deleuze trabaja el concepto de cuerpo sin órgano hace referencia al cuerpo masoquista. A su vez, venía escuchando la banda de Andy Warhol, Velvet Underground que tiene un tema que se llama "Venus en pieles" inspirado en una novela de Von Sacher-Masoch, de donde surge el masoquismo como enfermedad. Aunque en realidad sadismo y masoquismo son dos invenciones literarias que terminaron siendo patologías médicas o conceptos pscicoanalíticos. "Venus en pieles" es una novela muy famosa del XIX que dio lugar a planteos sociológicos, filosóficos, estéticos muy importantes para el arte del SXX y, a la vez, nos permitió pensar en el cuerpo masoquista como un cuerpo experimental, sin órganos. Por otra parte estaba profundamente seducida por la banda Velvet Underground. Ahí estaban los dos pivotes, por un lado "La venus en pieles" de Masoch y, por otro, la pintura de Bacon. Esos son los puntos de partida para empezar a trabajar y a partir de ahí comenzó un proceso de muchos meses. Inicialmente empezamos con nueve personas, algunos se fueron bajando del proyecto, otros a vivir a otros lugares y, esto fue interesante, porque hay personas que no están, pero que han aportado muchísimo en el proyecto y están muy presentes en la obra.
-¿Qué fue lo más importante?
-Para nosotros lo más importante es el proceso, mostrarlo es hermoso, pero somos fanáticos del proceso de trabajo. No partimos de una convicción, sino de una pregunta, el proceso es muy rico, fuimos contestando con situaciones dramáticas, corporales y artísticas a las preguntas planteadas. Mostrarlo viene de alguna manera a acompañar ese proceso. Partimos de una idea pero no sabíamos dónde íbamos a terminar, de hecho la obra está en un suspenso estimulante en este momento, está tomando vida y eso es muy hermoso de vivir y experimentar.
-¿Cómo fue la experiencia con quienes participan?
-Matías Rebossio tuvo una intervención muy interesante para plantear el espacio escenográfico, es estudiante de artes y tiene una mirada muy plástica. La fotografía de Leandro Bauduco ayudó muchísimo a conceptualizar algunas cosas, cuando vimos en imágenes algunos movimientos eso ayudó a encontrarle sentido. Estuvo Cecilia Abraham en el diseño de iluminación, en el sonido Carlos García y también Matías Bainotti.
-Muchos artistas trabajando...
-Sí, tengo una gran admiración por la entrega de la gente que labura, la entrega sistemática, constante, honesta, me produce mucha emoción porque se construye de un modo absolutamente horizontal y colectivo. Si bien hay una dirección que es mía, fue para permitir que aparezca el concepto delleziano de manada, de ir construyendo con el otro, sin un líder, sino con un guía que va ayudando a trazar el camino y eso me dio mucha felicidad. Como grupo de trabajo hay respeto, amistad y a la vez compromiso radical con el trabajo.
-Hay una mirada interesante desde la literatura, ¿además hay algún referente desde la estética?
-Si, desde que estamos trabajando con la pintura de Bacon, estamos trabajando con un tipo de pintura figurativa acompañada de manchas o borrones que deconstruyen o distorsionan el rostro, es una pintura a medio camino entre la figuración y la abstracción. Nosotros tratamos de desdibujar un poco el rostro, que sean más bien cuerpos que se mueven donde el acento esté en el cuerpo y no en el rostro. A la vez hay algo siniestro en los cuadros de Bacon, los personajes están en absoluta soledad, en una soledad sin intimidad, juntos, pero solos. Hay algo de la búsqueda del hombre contemporáneo que está rodeado pero sin nadie, la obsesión de Bacon por la carne, el hueso, el grito, desde su fiscalidad. Nos sedujo esa estética, porque nos seduce un arte que muestre la herida y no el brillo y, encontrar así las sombras y los grises.
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