Por Ana Paula Rosillo
Ramiro Rodríguez, un rafaelino que ha vivido en Buenos Aires y México, está nuevamente en nuestra ciudad después de haber estudiado cine en Córdoba. En el 2010 tiene su primer contacto como director de teatro junto con Agostina Pratto en la realización de Experimento Mamuschka que se estrenó en el Festival de Teatro Rafaela durante ese año. A partir del 2011, ya radicado aquí aparece la posibilidad de volver a las tablas esta vez en La Máscara. Su buena relación con integrantes de esta agrupación, haber hecho teatro en el taller de Marcelo Allasino y participar en “Lo mismo que el café”, fueron antecedentes que abrieron nuevas posibilidades.
"Un lazo rojo" se estrena el viernes 4 de abril a las 22 en el Centro Cultural La Máscara. Las reservas pueden efectuarse al 03492-503222 de 18 a 20. Otras funciones: 5, 11 y 12 de abril.
-¿Cómo surge Los niños de Foxrock?
-Con Agostina Pratto aparece la idea de trabajar juntos, la forma de trabajo que teníamos era muy lúdica, era realmente como un juego de distintos niños que querían a jugar a ser adultos y de ahí el nombre. Foxrock es una ciudad de Irlanda donde nace un gran autor de teatro”.
-¿Les interesa seguir alguna línea estética, hay algún concepto que rija la formación del grupo?
-Nos interesa mucho desarrollar la estética del drama, ese es un interés que compartíamos juntos. Ella no forma parte de este proceso, pero seguimos en contacto y trabajamos juntos para los proyectos de ambos. Con respecto a esa búsqueda nos interesa tratar de encontrarle matices interesantes a todo lo que gira alrededor de la poética dramática. Un desafío es como sacar del hiperrealismo el drama y llevarlo a otro lugar. A la vez tengo una gran limitante en teatro porque mi formación es cinematográfica y a veces para los actores suelo ser confuso en el proceso. Necesito transformar la obra todo el tiempo en un lenguaje cinematográfico y después volver a transformarlo con la ayuda de los actores en un lenguaje escénico y teatral.
-¿Tenés interés en que tu formación aporte un nuevo aire y logre enriquecer el lenguaje teatral?
-Sí, definitivamente es mi interés. Personalmente no puedo dejar de pensar algo visualmente y su conexión con lo sonoro. Creo que gran parte de lo que se ve es muy visual. La obra, Un lazo rojo, que estrenamos este 4 de abril, tiene algunas particularidades que unen un poco el lenguaje visual con el lenguaje escénico. Es una obra que está pensada hacia lo ancho, similar al formato de película o al televisor.
-¿Cómo aparece la idea de la obra y cómo trabajaron en el proceso creativo?
-Surge de hablarlo y de estar en contacto con algunos actores rafaelinos, desde que regresé a la ciudad me llevó un par de meses acomodarme y ver qué podía hacer, en ese momento el teatro era lo más cercano, estaba distanciado del cine y del video. Comenzamos a hablar con Marcelo Gieco y Marcela Bailetti, les di un texto que era raro, un tanto incompleto por momentos novela, guión de cine, libro de teatro. Les dije esto es algo vacío no tiene final es una especie de experimento, pero elijan algo de este texto, sea un diálogo, una escena o los personajes, lo que quieran. Les di quince o veinte días para que lo pudieran leer, habían elegido una escena, una locación, que era un banco de plaza en el medio de un parque congelado donde estaban estos dos personajes. A partir de ahí nos olvidamos del resto del texto y a través de pautas comenzamos a trabajar improvisando en la búsqueda del personaje, temas, tonos, conflictos, de una historia. A medida que íbamos encontrando algo, lo iba pasando a veces textual, a veces enriquecido.
-¿Entonces el proceso de escritura está hecho a partir de los ensayos?
-Exacto, nunca comenzamos con un texto que debían saberse de memoria. Luego de un año y medio de trabajo empezamos a tener una estructura, donde esa dramaturgia bocetada estaba clara y en los últimos seis meses trabajamos en función de eso. Con la idea de ir corrigiendo, mejorando y desarrollando la puesta, como la escenografía, los vestuarios, las luces, el video. Ese fue el proceso de dos años.
-¿Cómo te sentiste en este proyecto?
-Las dos veces que encaré un proyecto como director me pasó como si fuesen unas vacaciones de lo cotidiano y del cine y terminé absolutamente transformado. Me di cuenta porqué hablo de esos temas, porqué los toco con esos tonos, porqué puedo transformar a los personajes en escena y siempre desde la idea que no es mi lenguaje nativo. El teatro es muy movilizador, tiene eso de lo vivo y a lo largo de dos años se torna muy cotidiano, algo que a partir del estreno va a desaparecer. En comparación del cine, tiene otros tiempos, otras formas, lo principal es como me moviliza el proyecto.
-¿Cuáles son tus expectativas a futuro?
-Estrenarla, presentarla en varias funciones, dejarla descansar y luego trabajaremos para moverla por diferentes lugares. El objetivo está centrado en estrenar y que la gente pueda verla y le guste.
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