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Información General Miércoles 26 de Diciembre de 2018

Senaciones y sentimientos

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REDACCION

Por REDACCION

DISCRIMINACION POR APARIENCIA. Y NAVIDAD

En la situación número uno, un señor común sin signos especiales de brillo concurre a una agencia de viajes con la que había contratado ya un viaje dentro del País. Hace una consulta normal y corriente acerca de ese otro dentro de la Argentina que le interesa y se sorprende por la pregunta de la vendedora de que si a él le alcanza el dinero para pagar el viaje. El señor, impactado, calculando que al ser cliente no hacía falta demostrarlo, responde que sí, pero educadamente saluda, se levanta de la silla y se va.

Para la situación número dos, una señora de mediana edad y “buena presencia” concurre a un negocio de venta de instrumentos ópticos. Pide por un telescopio, a primera vista el más completo. La vendedora le ofrece otro de evidente menor valor y tamaño. Como la posible compradora insiste en que busca el que mencionó primero, ella vuelve a ofrecerle otros baratos y culmina formulando la misma maldita pregunta ¿usted puede pagarlo? La compradora, que estaba en condiciones suficientes para hacerlo, le responde que sí lo más calmada que puede.

Caso número tres: el señor de mediana edad y aspecto deportivo, vestido como para “caminar”, de importante cargo en una imponente empresa, ingresa a una concesionaria de automóviles. Es atendido con frialdad y advierte que los mecanismos de alarma se han encendido previniéndose de él como posible elemento peligroso. Deja su tarjeta y se retira. Al llegar a la vereda es alcanzado por el vendedor quien, advertido por la tarjeta de su capacidad de compra, lo invita a ingresar al salón de ventas, pero el ejecutivo que se había presentado deportivamente lo rechaza de mala manera, pensando ya a qué otra agencia concurrirá a concretar la compra.

Esas son tres situaciones no necesariamente reales que reflejan el nivel de discriminación por apariencia que existe en la sociedad que conocemos y/o nos resulta conocida por referencias. Hay que presentarse vestidos “adecuadamente” para tener derecho (¡sólo a eso!) a la información de precios; se han establecido de hecho dos categorías, los que “pueden” y se debe atender, y los que no, componentes el grupo definido difusamente como “los demás” o “los otros”, creando automáticamente paraísos muy notoriamente exclusivos.

Hoy es Navidad, la fiesta que debería ser principalmente para el alma y la integración. Hasta ayer hubo peregrinaciones por los comercios -porque Navidad es también para regalar- y concurrieron compradores de todas clases sociales y apariencias, con todo tipo de vestimentas.

¿Los vendedores los habrán atendido a todos con la misma dedicación?

Será bueno y oportuno recordar una historia ocurrida en un lugar del mundo, hasta entonces sin signo importante propio.

Una familia de entonces, que necesitaba un lugar para el nacimiento de su primer hijo, padeció discriminación. Por apariencia, por supuesto, ya que se notaba a simple vista que no estaban en condiciones de pagar un alojamiento aceptable. El nacimiento ya estaba en su punto preciso: como era necesario al menos un techo debieron ingresar a un sitio humilde y natural, alumbrado interiormente por el amor familiar y en todo el espacio por una estrella.

Padecieron discriminación; por la historia sabemos que fue necesario que existiera esa extrema necesidad. Porque desde entonces el mundo es mejor.


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