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Información General Domingo 16 de Febrero de 2014

Siete enfermedades o causas de infelicidad familiar

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Pastor Carlos Terranova

Por Pastor Carlos Terranova

La semana pasada hablamos de familias sanas, como base de una sociedad sana. Permítame hoy compartir algunas enfermedades que afectan a la familia.


ENFERMEDADES

FAMILIARES

La primera tiene que ver con el fundamento y la percepción errónea del matrimonio. Algunos creen que el matrimonio es lo que vemos en la ficción, las novelas y películas son responsables de lanzar a los jóvenes a un mundo irreal. Al casarse, y formar una familia, esperan inconscientemente de su cónyuge algo que la vida real no les puede regalar y quedan desilusionados. Suelen convertirse en personas llenas de pesimismo, negatividad, seres grises, que sólo contagian mala onda. Otros ponen el fundamento en la conveniencia personal, la sexualidad, el dinero y olvidan la base primordial que es el amor. Lo más triste es que su fracaso termina afectando su descendencia.

La segunda enfermedad que afecta la familia es la desviación de los principios sanos. En este sentido se cuelan en el hogar males como el adulterio, la pornografía, el alcoholismo y la pereza. Lo más triste es que el hogar es la primera escuela y nuestros hijos aprenden y repiten estas conductas. Muchas veces vemos a abuelos, padres, hijos, nietos y bisnietos repetir historias… todos pasan por la experiencia del alcoholismo o el adulterio u algún otro mal.

La tercera cosa que quiero mencionar es cómo afecta la incompatibilidad de caracteres. Cuando existe un genio violento, espíritu egoísta, un corazón frío, celos, rencores, se producen a menudo roces, que pueden producir un distanciamiento paulatino, si no se busca la solución que Dios nos ofrece para estos casos, la relación comienza a transitar un camino peligroso.

Un cuarto mal es la falta de diálogo y cosas en común. Hay poco tiempo del uno para el otro. Se entra en la rutina conyugal y hay poco diálogo. La televisión e internet roban a muchas familias, el tiempo que debieran dedicarse el uno al otro. ¿Qué paradoja pensar que vivimos en la era de las comunicaciones, incomunicados, verdad?

El quinto factor que nombraré y afecta a la familia tiene que ver con los problemas económicos. La incomprensión en los planes y deseos mutuos. La falta de confianza en el manejo de la economía del hogar. El distanciamiento prolongado por trabajar en lugares lejanos, suelen ser causantes de problemas, como también cuando se contraen deudas difíciles de pagar. El hecho de trabajar los dos trae una competencia y aún independencia peligrosa. Decimos ser un solo corazón, pero tenemos dos billeteras. Allí comienzan las discusiones sobre "mi plata, tu plata", la competencia entre quien gana o trabaja más y como consecuencia las mentiras y falta de transparencia.

Un sexto factor que afecta negativamente a las familias suele ser la interferencia de terceros. El refrán dice: "El casado, casa quiere". Es mejor que los recién casados vivan independiente, necesitan conocerse, tener intimidad. La biblia dice algo muy importante: “dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer” Lo que comúnmente llamamos cortar el cordón umbilical. Cada hogar, debe aprender a resolver sus propios problemas sin intromisión de terceros (“por bien intencionados que sean”), necesitamos tener nuestros propios aciertos y errores que nos maduren y afiancen como familia.

El séptimo factor al que quiero referirme, es al tiempo cuando sentimos que el amor se enfría. Puede ser por insatisfacción emocional o sexual. Cuando una de las partes amenaza con el divorcio por alguna crisis pasajera, pueden producirse heridas profundas y levantarse una pared entre ambos. Dios desea ayudar a cada familia a ser feliz. Si en tu hogar hay problemas, si existen tensiones y está amenazada la unidad familiar, no piensen en el divorcio, sino en buscar soluciones. Hay que buscar ayuda, existen consejeros familiares y profesionales que pueden ayudarnos a superar las crisis. Dios dice en su palabra que el verdadero amor “nunca deja de ser”. En el Nuevo Testamento de la Biblia hay tres palabras griegas para referirse al amor. Se habla del amor Filius (filial, familiar, de hermanos), el amor Eros (para referirse al amor sexual) y el amor Agape (cuando se refiere al amor incondicional de Dios). Los dos primeros son netamente humanos y se pueden enfriar, pero el amor Agape jamás se enfría, ni termina. La clave está en dejarse llenar del amor de Dios y entregarse (como Jesús). Esta es la ley fundamental de la felicidad. Solemos oír las quejas:-"Mi esposo no me hace feliz", -"Mi señora debería ser distinta". -“Si sabía que él o ella era así no me casaba”. La realidad es que no formamos una familia para ser felices sino para hacer feliz al otro. No pienses sólo en recibir, sino también en dar, pues "hacer feliz al prójimo, es hacerse feliz a sí mismo". El apóstol Pablo dice: "Más bienaventurado es dar, que recibir" (Hechos 20:35). Puedes proponerte hacer feliz a tu cónyuge y a tus hijos. No pienses sólo en tu felicidad, sino en la del otro. No trates de cambiar a los demás, proponte cambiar tú mismo, y... ¡Verás los resultados! Dios te bendiga.

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