Por REDACCION
Tras conseguir reconocimiento internacional con piezas que son más obras de arte que sombreros, la argentina Sol Pardo lanza su primera colección a la venta online más accesible sin abandonar el sello artesanal y vanguardista que la convirtió en un talento emergente a los ojos de Vogue Italia.
"El sombrero eleva el ego, es como ponerse una aureola en la cabeza, por eso no todo el mundo se anima a usarlo", dice a Télam la sombrerera afincada en la ciudad española de Barcelona sobre el accesorio de moda que resignificó utilizando materiales inéditos, como acrílico, metacrilato y madera.
"Hago sombreros totalmente distintos dependiendo del diseñador. Me divierte y me gusta acompañarlos. Puedo jugar a ser un poco cada uno de ellos", explica la sombrerera, quien hasta ahora estuvo centrada principalmente en las pasarelas y en colecciones propias, trabajadas como obras de arte."Vogue Italia dijo que lo que hacía eran obras de arte portátiles", destaca esta joven de 29 años de la ciudad de Quilmes, el lugar en el que se inicio en las artes plásticas guiada por su abuelo.
Todo lo que hace Sol es único, artesanal, hecho a medida y por encargo, pero el éxito la llevó a plantearse el poder hacer sombreros económicamente más accesibles y que puedan usarse.
"El sombrero es un objeto fetiche, genera mucho deseo (...) cuando te lo pones, depende como sea, da un personaje, por eso lo usan mucho los cantantes, artistas. Pero cuando salís a la calle, en algún momento, también te cae la ficha de que sirve para protegerte del sol o del frío en invierno", destaca.
Pardo se hizo conocida como la sombrerera del acrílico y el metacrilato, pero cada vez intenta usar menos esos materiales y llevar su trabajo a una producción más sustentable, vinculada con el reciclaje, aunque esa no sea la identidad que la hizo destacar internacionalmente.
No es extraño que su primera colección que saldrá a la venta el próximo mes, sombreros de paja estilo Panamá Hats, se llame ¿Por qué?, una pregunta que la sombrerera y artista se hace cada vez que ve puntos gráficos de censura en cuerpos desnudos en las redes sociales. La otra colección que sacará a la venta fue bautizada como "Sudaca", también a raíz de su experiencia personal.
"En Argentina ya era una diseñadora ´conocida´ y recibía un determinado trato, pero acá es diferente. Entendí que hay gente que discrimina hasta por el acento", observa la artista, quien remarca su interés en reflexionar sobre "los aspectos psicológicos, sociológicos de cómo nos relacionamos, porque esa puede ser una forma de lastimar el planeta".
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