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Información General Sábado 21 de Abril de 2018

Su corazón en Argentina

SAN PIO DE PIETRELCINA

Agrandar imagen FOTO ARCHIVO// SAN PIO DE PIETRELCINA./ Santo Sacerdote, su corazón visita nuestro país.
FOTO ARCHIVO// SAN PIO DE PIETRELCINA./ Santo Sacerdote, su corazón visita nuestro país.
REDACCION

Por REDACCION

BUENOS AIRES, 21 (NA). - El corazón del padre San Pío de Pietrelcina recorre la Argentina desde el jueves 19 cuando llegó para quedarse hasta el 25 de abril.

Una multitud de fieles y devotos se acercaron a venerar la reliquia ya el pasado  jueves en la Catedral Metropolitana, en el marco del cincuentenario  de la muerte del santo y del centenario de la aparición de los estigmas de la Pasión de Jesucristo en su cuerpo.

La feligresía católica esperó con ansias el corazón de San Pío de Pietrelcina que llegó a la Argentina desde san Giovanni Rotondo, Italia.

En tanto, la reliquia fue traída por el padre capuchino guardián de san Giovanni Rotondo, fray Carlos María Laborde.

Ayer  por la noche abandonó la catedral metropolitana de la Santísima Trinidad, en Buenos Aires, donde está desde su llegada.

Hoy, 21 de abril será expuesta en la basílica y santuario nacional Nuestra Señora de Luján y el domingo 22, el corazón del Padre Pío llegará al santuario porteño Nuestra Señora del Rosario de Pompeya (avenida Sáenz y Esquiú).

Mientras que el lunes 23 estará expuesto en la basílica Nuestra Señora de la Piedad (Bartolomé Mitre 1524) y el martes 24 de abril la reliquia visitará la capilla Divino Niño del hospital de Pediatría Garrahan en la ciudad de Buenos Aires.

Finalmente, el miércoles 25, último día de su estadía en el país, volverá a la catedral de Buenos Aires, donde se celebrarán misas a las 7:45, 8:30, 12:30 y 17:30 y se rezará el rosario meditado a las 16:00.

La reliquia del corazón del Santo, una parte del miocardio venerado por separado desde la visita papal de Benedicto XVI a San Giovanni Rotondo, tiene un significado especial porque recuerda el fenómeno místico de transverberación, experimentado por San Pío en 1918.

El religioso sintió que su corazón fue traspasado por un dardo encendido que dejó una "herida de amor", que fue el preludio de los estigmas.

"Estaba yo confesando a nuestros muchachos en la tarde del día cinco, cuando, de repente, me sentí dominado por un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se me presentaba ante la vista de la inteligencia", relató el Santo en su epistolario.



 

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