Por REDACCION
BUENOS AIRES, 1 (NA). - La Iglesia católica celebra en el mundo entero este 1 de noviembre la fiesta de "Todos los Santos" y el sábado 2 recuerda a los "fieles difuntos".
El arzobispo de Rosario, José Luis Mollaghan, dijo que estas celebraciones son "una ocasión para reafirmar nuestra fe y mirar hacia la eternidad".
"Mirando hacia la muchedumbre de santos, nos alegramos especialmente por la reciente beatificación del querido Cura Brochero, ‘testigo del amor de Cristo hacia los pobres’ y por el precioso don de nuestros santos y beatos llamados a la gloria de Dios", admitió.
Mollaghan manifestó que "en la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos invita a creer y contemplar a la multitud de hombres y mujeres de todo pueblo y nación que están junto a Dios, porque han creído en Jesucristo nuestra salvación. Como nos dice la encíclica Lumen fidei: ‘La fe en Cristo nos salva’".
En tanto, precisó que "en la conmemoración de los difuntos, en cambio, miramos a nuestros seres queridos que han pasado por la muerte; sabiendo también por la fe que esta vida no termina, y que ellos han sido llamados a la eternidad".
"El recuerdo de los que han partido es memoria y oración. Hoy miramos la parte de la historia que hemos recorrido con nuestros seres queridos y recordamos las relaciones de familia, de amor y de amistad que transcurrieron en nuestra vida", reflexionó.
Agregó: "los recordamos porque creemos en la vida eterna, y sabemos que nuestra vida es indestructible, y que se transforma para la eternidad".
Mientras que el papa Francisco dedicó la catequesis del miércoles a la celebración litúrgica de Todos los Santos y ante miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice definió a la "comunión de los santos" como una gran familia "donde todos los miembros se ayudan y se sostienen entre sí".
Expresó el concepto de que gracias a la Resurrección de Cristo, se establece un vínculo profundo e indisoluble entre los que peregrinan en la tierra, las almas del Purgatorio y los que gozan de la bienaventuranza celeste, en la que "nos unimos como Iglesia, que encuentra en la oración de intercesión la forma más alta de solidaridad".
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