Por REDACCION
Por Edgardo Peretti
“Desde el alma” (Relatos y aforismos del pago chico a la aldea global) de Etín Ponce. Prólogos de Alejandro Apo y Felipe Pigna, Ediciones Octubre, 229 pgs., 2022)
Curiosos caminos elige el hombre para dejar marcas en su tránsito por este mundo. En este caso un libro que plantea a quien esto firma un severo interrogante como es opinar (siempre como lector, jamás como pretendido crítico) de la obra de alguien con quien no he tenido contacto desde hace décadas.
Pese a lo que exponen los amigos de las teorías hipócritas, todos tenemos nuestros prejuicios, oscuros, claros y grises por si hace falta, y cuando se nos presenta una obra literaria es difícil separar a la misma del autor. Afortunadamente.
“Desde el alma” es un valioso y testimonial compendio de relatos y aforismos que la rígida cátedra que sobrevuela las envidias palaciegas calificaría como una suma de emociones llevadas al papel. Pretendo ir un poco más allá, pero no por soberbia sino porque considero que tanto una como otra parte tiene origen de alma, de sensación y de presencia, que no son para nada vacías, al contrario.
Etín Ponce expone aquí (y ya no me dedicaré al personaje sino al autor) vivencias que se permite ofrecer porque cuenta con algunos ingredientes necesarios para la receta: lo vivió, lo analizó y lo dice desde su amplio tránsito de hechos y de vida, que no es lo mismo, y ni siquiera son hermanos, pero terminan siendo primos.
Confieso sin pudores que me vi tentado a dividir el libro en partes. El hecho que la primera sean relatos y los segundos aforismos (o definiciones orgánicas de conciencia, según mi humilde criterio) lo haría fácil y hasta lógico. Hubiese cometido una herejía; este libro es una sola cosa: un alma. Desde allí sale.
Por supuesto que hice trampa, como siempre. Considero que el lector debe saber jugar con su rol de partícipe, protagónico, no de simple actor de reparto. Por eso comencé con los aforismos. Alguna vez le preguntaron a José Narosky qué era un aforismo y el viejito, un capo, sólo dijo “Decir los sentimientos”.
Igual, acudí a mi vieja birome “Bic” (punta gruesa, azul) y asumí el desafío de sintetizar en una palabra algunos segmentos de estas palabras. El resultado final no me sorprendió en lo más mínimo.
Allí encontré estos tópicos: sueños, soledad, desafíos, amistad, lucha/crítica, aprendizaje, compromiso, calle. La suma da “dignidad”.
La pequeña licencia en la que incurro en esa barra que separa (en realidad une) lucha con crítica es propio, no lo pude distanciar y terminé de interpretarlo como una respuesta, una reacción lógica, casi matemática entre una y otra. Una cosa lleva a la otra en el mundo que conoce EP.
Después, sí volví a los relatos. Son prolijos, lineales en exposición y quizás hasta en el tiempo, aunque esto solo lo sabe el autor que maneja como pocos los códigos de calle, de sindicato, de hombre de palabra. Los buenos tienen nombre propio y real, a los malos hay que adivinarlos. Aprecio el gesto.
Como muestra tomaré un párrafo tan descriptivo como contundente que se ofrece en la narración dispuesta en la página 132 bajo el título “Frases hechas”. Considero que la descripción que el autor acomete sobre la visual de dos pibes en un carro de cirujas en plena calle y ejercicio de hambre, expone en toda su magnitud su fina sensibilidad, para contar y sentir.
También hay un armado consecuente y claro sólidamente sustentado en lectura de amplio espectro, dosificada para cada circunstancia, diríamos en dosis prescriptas por un especialista, aunque creo que son absolutamente espontáneas y no previstas.
Existe una pléyade de personajes que escaparían a la acepción minuciosa del detalle temporal si esto fuese objeto de un rigor científico que al escriba le importa muy poco. Todos los citados son rigurosamente señalados y quizás alguno tenga el nombre disimulado por eso de los códigos que citábamos algunas líneas más arriba, pero todos acreditan existencia. De esto no hay duda.
He guardado para ni solaz al hasta ahora ignoto, y pronto famoso, Arquímedes de Atamisqui, el sabio paisano que aconseja sobre formas de vida a sus visitantes; el tipo es un resumen de sabiduría y paz, pero no la regala, la enseña, la predica y la derrama sobre las almas nobles que requieren su aporte. Es como una invitación a vivir la vida como un desafío.
Tal como lo hace Etín.
Rafaela, junio 2022.
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