Por REDACCION
Al menos las últimas 5 o 6 generaciones han sido adoctrinadas o formadas para vivir una realidad basada en “lo único que existe es lo que se ve y se toca” este pequeño concepto determinó estilos de vidas netamente materialistas. Quienes conocen de historia o realidades de la humanidad podrán ofrecer un panorama más claro de la incidencia que tiene hasta hoy el sistema capitalista, comunista, u otros predominantes en distintas culturas.
En este adoctrinamiento material y terrenal, todos ponemos nuestras expectativas en las capacidades humanas, en logros y metas materiales, y en sistemas netamente humanos.
Que rápido se encuentran personas expertas en una visión práctica y terrenal. En forma consciente o inconsciente enseñamos a nuestros hijos a ver y creer solo en lo que podemos ver y tocar. La mayoría somos maestros en esto, algunos más avanzados otros más mediocres y otros se esfuerzan por aprender.
Encerramos toda nuestra realidad en una cárcel llamada “realidad”. Nada hay más allá de mi pobreza, nada hay más allá de mi riqueza, nada hay más allá de mi enfermedad, nada hay más allá de mi salud, nada hay más allá de lo que creo. Nada hay más allá de mi plan. Nada hay mas allá de mi capacidad, nada hay mas allá de la muerte.
Este razonamiento terrenal ha esfumado a Dios de nuestra realidad.
Así como es fácil encontrar personas acostumbradas y adoctrinadas en una visión terrenal y práctica para evaluar los acontecimientos y elaborar proyectos, lo mismo de difícil es encontrar personas expertas en mirar nuestra realidad terrenal y discernir los acontecimientos y elaborar proyectos desde la fe.
¿Cuantos son los que han claudicado? Cuantos son los que se dejaron vencer por lo terrenal, cuántos son los confundidos y los que dudan entre la fe y lo terrenal. Cuantos han cambiado la meta celestial eterna por metas terrenales y pasajeras.
Que exista el mal en el mundo, que existan enfermedades, problemas, guerras, que muchas cosas no las podamos lograr, no es una prueba de que Dios y su providencia no existan. La existencia de estos flagelos y nuestros fracasos son una prueba contundente de que nos hemos apartado de Dios y su providencia.
Por eso necesitamos ver los acontecimientos desde la fe, elaborar más proyectos desde la fe, enseñar más a nuestros hijos desde la fe. Necesitamos aprender a “ver” a Dios en lo terrenal, lo cotidiano.
Al cielo no lo podemos ver, a Dios no lo podemos ver, a los ángeles no los podemos ver, a nuestros familiares fallecidos no los podemos ver…por ahora, pero un día si veremos toda esta realidad. Y ese día lo que hoy vemos y tocamos no existirá más.
Tantas apariciones de la Virgen María en distintas partes del mundo, tantas experiencias sobrenaturales en miles de personas, tantos milagros que suceden a diario no sólo nos señalan que existe otra realidad además de la terrenal, estos sucesos nos señalan claramente que el cielo ya casi está tocando la tierra.
Cuaresma es un tiempo muy propicio y especial para empezar a ver mi realidad desde la fe, enseñarles a mis hijos lo que veo con mi fe y prepararnos juntos para vivir en el cielo.
Aporte productora católica de la asociación civil “Vistiéndonos de sol”.
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