Por Alicia Riberi
Mientras miraba en televisión, las pinceladas de fe, del mejor pintor del universo llamado Francisco, que logró inundar de amor el mundo en días, horas, segundos, instantes, mis ojos se trasladaron a un no sé dónde, de un no sé cuándo, pero lo que sí sé, es que descubrí, que si un solo ser humano, fue capaz de envolver con su franqueza, su honestidad, su dulzura y su amor al mundo, vale la pena escucharlo y seguirlo como pastor bueno que orienta y apacienta a sus ovejas.
Cristo mandó un discípulo entre nosotros para ver si lo reconocíamos en él, porque ve todos los días que la gente se está alejando del amor de Dios invadida por falsos dioses, como el poder, la plata, el confort, la competencia desmedida, el placer y seguimos construyendo con nuestra vida un pantano en el que escondemos nuestras miserias, en lugar de construir un lago espejado en donde podamos observar lo que debemos cambiar, mejorar, pulir.
Este hombre de Dios llamado Francisco nos está llamando a todos, familia, iglesia, empresarios, doctores, políticos, periodistas y muy especialmente a sus pastores a edificar un mundo diferente en donde todos podamos convivir pensando como comunidad, aceptando nuestros errores.
A los jóvenes les transmitió la esperanza y ese es un don muy preciado en tiempos de tanto dolor, descreimiento y parálisis sentimental... les mostró por un segundo el paraíso, que no es más que algo tangible, que implica dedicación en los quehaceres de todos los días, cada uno desde su lugar... no pidió cosas extraordinarias, sino acciones comunes que sumadas dan como resultado mejoras notables en la humanidad.
Las villas están constituidas por personas, son barrios que estigmatizados fueron descreyendo y adoptando actitudes erróneas por situaciones que fueron enredando las relaciones humanas.
Los traficantes, los grandes ladrones y homicidas, no están en las villas, sino que muchas veces usan a gente de las villas para objetivos que favorecen intereses mucho más grandes y encubiertos. Mucha gente como yo fuimos muy bien tratadas en las llamadas “villas” y sumamos afectos, amigos que muchas veces significan mucho más que otros.
El papa Francisco conmocionó al mundo, despertó sentimientos insólitos en personas que nunca se habían detenido a pensar en la fe para sus vidas, en gente de distintos credos, en seres indiferentes, hizo que el pueblo cristiano despierte del letargo.
La gran responsabilidad de los pastores de la Iglesia es no dejar que se apague la llama abrazadora que despertó el Espíritu Santo a través del Papa, que destila amor, serenidad, paz. Si Francisco fue capaz de enamorar a personas de los cinco continentes, de encender lo que se estaba apagando, seguramente cuánto más a sus discípulos más directos: arzobispos, obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas. Dios les hizo un fuerte llamado a través del Santo Padre y hay que estar a la altura de las circunstancias, para hacer, más que nunca brillar la luz de Cristo que está esperando de “pastores con olor a oveja” y está esperando” lío en las diócesis”, “jóvenes que no pierdan la esperanza”…
A todos los invito a releer los mensajes de Francisco, una y otra vez para afirmar su contenido en nuestros corazones y poder garantizar que la luz de Cristo no se apague en el mundo, ni por un segundo, sino que siga provocando "incendios de amor" cada vez mayores.
Tenemos un pastor gigante, al que nunca hay que perder de vista, ya que Dios envió una oleada de aire fresco a través de Francisco al mundo... ¿lo seguimos?
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