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Información General Jueves 12 de Enero de 2012

Vaticinio de Sabina se cumple

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Marcos mensa

Por Marcos mensa

En 1990, Joaquín Sabina compuso la canción “Eclipse de mar”, cuya letra ingeniosamente juega entre la desazón y la ironía, delineando a la vez su costado romántico. También fue grabada por Juan Carlos Baglietto (versión que a mí personalmente me gusta más). En uno de esos ocurrentes versos, Sabina satirizaba los tiempos por venir, con una sentencia graciosa: “El hombre de hoy es el padre del mono del año dos mil”. Dos décadas después, esta jocosa predicción parece estar cumpliéndose en serio. Y con énfasis.

Nadie está exento de que se le escape el primate que lleva dentro, dado que al fin de cuentas somos homínidos. Pero cuando la recurrencia, la tendencia y el balance final revelan una clara degradación del homo sapiens-sapiens, entonces, es inevitable sentir que nuestra especie está involucionando.

Vemos increíbles avances tecnológicos, pero la espiritualidad y la cultura son groseramente pisoteadas. Quizás sea a causa del capitalismo salvaje unido a toneladas de banalidades sin precedentes y, en otros países, el despotismo deshumanizado combinado con la constricción del ser. Pero para que estos escenarios prosperen, hay mucho sustento individual y colectivo, en un entramado muy complejo, difícil de desenredar.

No es que tiempos pasados fueron mejores, pero era esperable que al traspasar el umbral del nuevo milenio, superaríamos los disparates y desatinos que no concuerdan con la criatura racional que somos por definición. Muy por el contrario, lo que hoy está a la vista no es ni siquiera una regresión a la dimensión animal, sino una dislocación de la facultad de pensar: los niveles de agresividad y violencia, el menosprecio por el conocimiento y lo trascendente, la exaltación de lo burdo y lo despreciable, etc., etc.

Recuerdo aquella película en la que un ángel comete una desobediencia, pierde su condición de tal y es condenado a vivir entre los humanos. Sentado en la cornisa de un altísimo rascacielos, se cubre el rostro con las manos, a la vez que se lamenta: “Oh, no, será terrible convivir con estos simios.” De igual manera, aquel que toma conciencia del mundo grotesco que lo rodea se sentirá invadido por esa misma angustia. Todos tenemos errores y defectos, de mayor o menor gravedad, lo que nos diferencia a unos de otros es la forma de concebir la existencia misma.

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