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Información General Domingo 5 de Octubre de 2014

Violencia, "palabra de moda” (segunda parte)

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Pastor Carlos Terranova

Por Pastor Carlos Terranova

En la nota anterior me referí a la violencia, una palabra tristemente, “de moda”. En esta nota me referiré a varias formas en que se presenta. Una de las más cotidianas es la violencia en el hogar, ella puede ocasionar en sus víctimas graves problemas físicos, psicológicos, sexuales y reproductivos a corto y largo plazo, con un alto costo social. Dentro de este tipo de agresión, encontramos el maltrato físico, cuando la víctima recibe empujones, tirones de pelo, cachetadas, torceduras, mordeduras, cortes, golpes con puños, golpes con objetos, palizas, quemaduras, etc. Cuando se le hace a una niña o un niño, se habla de maltrato infantil. Otra forma en la que se presenta es el maltrato psicológico, es cuando se busca descalificar a la otra persona mediante insultos, extorsiones, manipulaciones, amenazas, abandono, discriminación Una persona víctima de este tipo de maltratos durante la infancia, tiene mayor riesgo de sufrir violencia psicológica, física y sexual por parte de sus parejas en la edad adulta, y también sus hijos/as tienen mayor riesgo de sufrir de algún tipo de violencia. Otra forma es la violencia sexual, la más terrible es el abuso infantil, ya que cuando se abusa de un inocente en el área de la sexualidad, se lo marca para toda la vida, se le roba su inocencia y se le condiciona su futuro. Es un delito, independientemente si se ocasiona o no daño físico a la víctima. Abuso sexual es la actividad sexual forzada, que se ejerce en contra de la voluntad de la persona. Por lo general, la mayoría de víctimas son las mujeres. Hay mujeres que se sienten violadas por sus propios esposos, ya que el acto sexual es un acto de amor, que involucra cuerpo, alma y espíritu, no es un acto animal, y si bien la Biblia aconseja no negarse el uno al otro, enseña que debe hacerse de común acuerdo, en el marco del amor y el respeto. Cuando una persona es víctima de violencia, suele presentar problemas que afectan su salud, como cefaleas, lumbalgias, dolores abdominales, trastornos gastrointestinales, y mala salud en general. En el caso de violencia sexual, las consecuencias pueden ser embarazos no deseados, problemas ginecológicos, abortos espontáneos. La violencia suele ser también causa de depresión, insomnio, trastornos alimentarios, estrés, sufrimiento emocional y hasta intento de suicidio. Una persona expuesta constantemente a diversas formas de violencia, puede incrementar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, tratando de ahogar o evadir su sentimiento de dolor y frustración. La persona bajo violencia puede caer con facilidad en el adulterio, ya que busca encontrar en otra persona un poco de afecto y comprensión. En ese sentido, la situación emocional de la persona maltratada puede presentar diversas situaciones perturbadoras como, pérdida de la autoestima, ambivalencia hacia el maltratador, por el que siente miedo, odio, deseos de venganza y amor. A esto se suman las presiones del medio. Por ejemplo, las amistades presionan para que lo abandone y se separe, mientras que la madre la presiona para que aguante. Como si este combo no alcanzara nos encontramos ante la ineficiencia de apoyos jurídicos para proteger a la víctima y el temor permanente a volver a ser agredida.

¿Por qué una persona maltrata? Por lo general son personas que cometen actos violentos hacia su pareja o hijos, u otros de su entorno. Lo hacen porque no saben querer, no saben comprender ni respetar. Estas personas suelen tener baja autoestima, no saben controlar sus impulsos; fueron víctimas de maltrato en su infancia; no saben expresar afecto, la víctima también es alguien con baja autoestima, sumisa, conformista; en su infancia también sufrió maltratos; y tienen dificultad para expresar afecto. Una forma de evitar  un estado de violencia permanente en el hogar, o donde fuera, es que tanto el varón como la mujer puedan reconocer que tienen el problema y buscar ayuda. Para aprender a comprenderse, comunicarse con calidez y afecto, para respetarse y dominar sus impulsos, no alcanza con buena voluntad, no es necesaria una reforma sino una transformación integral de la persona. Esto sólo lo hace Dios, cuando lo dejamos actuar en nuestras vidas. A nivel del hogar, la violencia se previene mediante, la integración del grupo familiar una comunidad de fe (iglesia). La administración de consejería familiar, más el apoyo profesional de un psicólogo son el puntapié inicial de la recuperación. El conocer la dignidad de la persona y los valores de la fe, harán posible, cambiar la violencia por comprensión y dialogo, logrando así tener vínculos familiares sólidos. De a poco debemos recuperar la comunicación efectiva entre esposos, entre padres e hijos. También ayuda, el recobrar la cultura del esfuerzo y el trabajo; Ya que tener satisfechas las necesidades básicas mediante el trabajo, evitará muchos conflictos. Para terminar te invito a mirar dentro de tu corazón ¿Acaso habrá algún signo de violencia en tu vida que debe ser sanado? El sabio Salomón expresa en sus Proverbios… Mejor es un bocado seco, y en paz,  que casa de contiendas llena de provisiones. (17:1); La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor (15:1). Si hay algo que sana el corazón de la persona herida, es que el agresor pida perdón y comience a evidenciar cambios reales; Esto hará que pueda volver a creer y dar una oportunidad de comenzar otra vez. Erradiquemos la violencia de nuestras vidas y de nuestras familias. Dejémonos controlar por el Espíritu de Dios…porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. (2ª Timoteo 1:7)

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