Por Pastor Carlos Terranova
Me preocupa la violencia en todos los ámbitos de la vida. Mi intención no es polemizar, ni mucho menos fijar una posición respecto a los dichos de la Iglesia y la respuesta del Gobierno. Pero para entrar en el tema quiero citar algunas párrafos del documento que hace unos días los obispos argentinos dieron a conocer, bajo el título “Argentina está enferma de violencia”, que dice entre otras cosas que hay una “creciente ola de delitos” y que “los hechos de violencia no solamente han aumentado en cantidad, sino también en agresividad”. Además, consideran que la corrupción pública “es un verdadero cáncer social”. En otro párrafo agregan que “es evidente la incidencia de la droga en algunas conductas violentas y en el descontrol de los que delinquen”. Señalan que “la reiteración de estas situaciones alimenta en la población el enojo y la indignación”. Pero subrayan que aquellas “de ninguna manera justifican respuestas de venganza o de la mal llamada ‘justicia por mano propia’”, en alusión a los recientes linchamientos a presuntos delincuentes. También dicen que los medios “no siempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y el dolor”. En su informe, los religiosos manifestaron su preocupación de que en Argentina la violencia sea "cada vez más feroz y despiadada", provoque lesiones graves y llegue "en muchos casos al homicidio". Agregaron que "para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en el respeto de la ley". La verdad que es una clara descripción de algunas de las cosas que hoy nos afectan.
La respuesta de parte del Gobierno no se hizo esperar y rechazaron las declaraciones, diciendo que los medios exageraron el documento y lo usaron políticamente. La Presidenta contrastó la actualidad "pacífica" del país con "la Argentina violenta en la que nació Mugica, donde se dirimieron las cosas a los tiros y con bombardeos", en referencia al final del segundo gobierno peronista y los tiempos de la última dictadura, al decir: "Hubo también otra Argentina violenta que comenzó el 24 de marzo de 1976". Más adelante insistiría sobre este punto y, de forma enfática, afirmó: "Cuando hablan de una Argentina violenta, quieren reeditar viejos enfrentamientos".
También es bueno recordar la célebre frase de un político diciendo que la inseguridad es una sensación. Todo esto lo escribo solamente para ubicarnos en la situación que nos toca vivir. La realidad es que la violencia no es algo nuevo y no podemos tapar el sol con un dedo. Vivimos en una sociedad enferma de violencia como afirma el documento de los obispos al cual adhiero. No es cuestión de buscar culpables, sino soluciones. No se puede decir que verdadera violencia era la de otras épocas, para tratar de tapar la realidad que nos toca vivir hoy.
Los diarios, la televisión, la radio nos bombardean a diario con noticias, sobre violencia de género, bullying (o acoso violento en las escuelas), violencia en el deporte (dentro y fuera de las canchas), violencia verbal, violencia en las familias, y mucho más. Basta ver los noticieros e indignarse al ver ancianos indefensos, golpeados, agredidos y robados; te da escalofrío ver familias donde alguien mata a todos y se suicida o cuando algún desquiciado le prende fuego a su pareja.
¿Cómo llamaríamos a todo esto? ¿Una simple sensación? ¿Y los linchamientos? ¿Y las protestas violentas con roturas de vidrieras e incendios de autos? ¿Son sólo una sensación? ¿Qué me dice de las personas presas tras las rejas de sus casas? Mientras los delincuentes andan sueltos por las calles… La pregunta es ¿cómo se soluciona todo esto? ¿Será posible un cambio? ¿Hay solución? Déjenme compartir lo que dice Jesús (Mateo 15:19): Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Y Santiago 4:1 afirma: ¿De dónde vienen las guerras y las peleas entre vosotros? De los malos deseos que siempre están luchando en vuestro interior. Tanto Mateo como Santiago coinciden en que los males del hombre salen de su propio corazón; un corazón que se ha ido alejando de Dios y dejado dominar por sus pasiones. La solución a la violencia empieza en cada uno de nosotros, en poner nuestro corazón a cuenta con Dios. Jesús dice: -La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo, Juan 14:27.
Es interesante pensar que el Señor dice yo no doy la paz como la da el mundo, ¿a qué se refiere? Pensaba en un presidente de los Estados Unidos que hace un tiempo dijo que la única forma de conseguir la paz era haciéndole la guerra a un país que consideraba peligroso o una amenaza, y en nombre de la paz se sembró guerra y muerte. Cuando apareció el movimiento hippie el lema era paz y amor, y con su advenimiento también llegaron otras cosas como el amor libre, la droga y otros excesos. Jesús dice, “yo doy una paz diferente, no está basada en buenas intenciones, ni en ideologías humanas, sino en el amor”.
La violencia y la inseguridad son una realidad; hay situaciones sociales que son caldo de cultivo para este flagelo y no podemos negarlo. Pero creo que la solución no está solo en tener nuevas y mejores leyes, no es aplicando mayores penas, no son los sistemas políticos, ni las personas, los que van a traer la solución. Creo que la solución comienza en cada uno de nosotros, en esta nota quiero desafiarte a ser un instrumento de paz, te invito a pensar que, podemos vencer la violencia con el amor. Que podamos dejar al príncipe de paz (Jesús), reinar en nuestras vidas y en lugar de buscar culpables, o justificar situaciones, trabajemos juntos, para tener una sociedad mejor, donde erradiquemos la violencia y podamos sanarnos. Dios le bendiga.
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.
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