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Información General Sábado 21 de Febrero de 2015

Yolanda y el Topo Gigio

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Edgardo Peretti

Por Edgardo Peretti

A mediados de los años sesenta, un grupo de empleados de comercio logró el sueño de campo de deportes propio. Está en Bella Italia y originalmente contaba con pileta de natación, vestuarios, salón social, canchas de bochas y un frontón. Fue Ovidio Perotti y su gente el que lo pergeñó y concretó. Hoy, de la mano de Horacio Calvo, está más lindo, funcional y concurrido que nunca.

El sitio fue modernizado y en la actualidad cuenta con una propuesta que enorgullece. A los cimientos fundacionales se le han agregado distintas dependencias y se mejoraron otras. Pero hay algo que permanece inalterable, que sobrevive al paso del tiempo y que llama la atención de los más grandes. En un costado del frontón, mirando al oeste, hay una serie de dibujos animados que quizás hoy sean extraños a los pequeños, pero que en su momento marcaron tendencia. Con sus colores aún vigentes aparece, el “Boxitracio”, el “Topo Gigio”, “Hijitus!, “Pichichus” y “Larguirucho”, íconos de un tiempo que se resiste a caer bajo el ataque de los cibersistemas.

Lo curioso es que, entre los cuatro habitantes de la fantasía, autoría de García Ferré, aparezca el ratón italiano (“topo”, en la lengua del Dante, es ratón), un personaje creado por la peninsular María Peregó en 1958 y que lograra fama en nuestro país cuando apareció en la TV, allá por 1968, junto al programa “Casino” que conducía Juan Carlos Mareco “Pinocho”.

En esa época todo tenía forma del Topo: dibujos en la escuela, figuras de madera, figuritas, forro de cuadernos y hasta el lenguaje diario siempre encontraba un hueco para matizar la charla. Qué organización!!!!

Verde cactus. En el año 2001, quien esto firma elaboraba una columna semanal que se titulaba “Perfiles2” y se dedicaba a semblantear a diversas personas de la comunidad rafaelina. En una de esas ocasiones la fui a visitar a Yolanda a su casa de avenida Brasil, a la vuelta del aserradero familiar. La conocía de la pileta sindical y de la escuela, donde era una de las maestras jardineras que pusieron en marcha el método del amor y la vida que potenciara Aurora Borda Freddes desde su jardín “Frutita Verde”. Yolanda era un personaje en sí mismo; vital, activa, movediza y, entre otras cosas, coleccionaba cactus, especie que coleccionaba en número de varios centenares en su hogar.

Entre tanta nostalgia y recuerdo -me conocía desde chico- hablamos de los dibujos aquellos, que fueron su autoría, y me enteré que el “Topo” se agregó por pedido insistente de los chicos (yo!!!! Y otros, seamos justos), habida cuenta de su fama y que también había dibujos, pero de Disney, en un costado del vestuario, sobre la porción de pileta destinada a los chiquitos. En realidad, no me acuerdo de esa gestión, pero con el paso de la vida comprendí que ese gesto, esa mención, fue un regalo, una caricia al alma de un grandulón que evocaba su niñez.

Tanta hermosa nostalgia también tuvo sus lágrimas, cuando se acordó de su esposo, el Flaco, compañero de andanzas en su Fiat 600 bordó y su sombrero de vaquero. Ella me contó ese día de su enfermedad, del final que se venía y de su intención de llevarse algunos cactus a su destino final.

Yolanda Santi de Belloni partió el 18 de noviembre de 2002. Tenía 61 años. Su tumba está en uno de los sectores más humildes del cementerio municipal, a una veintena de metros de otra militante de la vida como Florentina Mugna y algo más allá del inolvidable Amílcar Torre, y aunque alguna vez tuvo a sus plantas en cercanía, alguna mano se encargó de sacarlos.

Fui al sitio y me acordé del Topo Gigio. De tantos chicos que educó y de tantos grandotes que supimos de su docencia, quizás pude haber llevado un nuevo cactus, pero me quedé con la idea que su imagen estaba en el corazón de quienes la conocimos y en ese dibujo inocente, cargado de colores, hoy tal vez poco brillantes, pero símbolo de una época y un gran homenaje, por cierto. A una maestra.

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