Nuestros ancestros llegaron un día a estas tierras, pobres, pero con un baúl cargado de ilusiones y valores. Amor a la tierra, voluntad, solidaridad, fortaleza, respeto por la palabra empeñada.
Trabajaron de sol a sol. Sabían del bien común, de la unión para lograr metas. Tenían la sabiduría de la vida que les tocó vivir.
Comenzaron a trabajar la tierra, en su gran mayoría.
Sembraban principalmente trigo. ¿Quién de nuestros abuelos y padres no recuerda esos campos dorados como el sol? La cosecha era muy rudimentaria, no existía la tecnología actual. El lino, también fue elegido por muchos agricultores, y los campos santafesinos, cuando estaban en flor, eran celestes como el cielo.
Hasta 1930, el centro y sur de nuestra provincia fue eminentemente productora de cereales, oleaginosas y vacunos para carne. La crisis de precios agrícolas iniciada a partir de dicha fecha determina un vuelco hacia actividades para las cuales la región era ecológicamente apta: EL TAMBO.
La actividad tambera permitió a los productores salvar los inconvenientes provocados por la crisis económica iniciada en EE. UU. a partir de 1929, y a la caída de la demanda después de la segunda guerra mundial.
La nueva actividad del TAMBO significaba un cambio en la organización de la explotación, el nacimiento de industrias diferentes y la búsqueda de nuevos mercados de consumo, lo que a la vez implicaba fuertes inversiones, solo posibles para productores propietarios.
La aparición del tambo implica un ritmo de trabajo intenso y regular durante todo el año, por lo que muchos productores contratan “tamberos” para realizar dicho trabajo.
En los primeros meses se ordeñaba a mano, en forma precaria. Sentado sobre un banquito de madera sosteniendo el balde con las rodillas. Las instalaciones y corrales también eran muy rudimentarias. ¡¡Cuanto sacrificio!! Días de lluvia, viento, calor. Nada impedía la tarea de ordeño. La leche del balde se volcaba en tachos de aluminio de 50 litros que luego eran transportados en chatas tiradas por caballos hasta la cremería o desnatadora más cercana.
Luego aparecieron las máquinas ordeñadoras (con el tiempo, se fueron adaptando a las nuevas tecnologías). Estas facilitaron y humanizaron la tarea. También las instalaciones de material, adecuadas a los requerimientos actuales, y la electrificación rural, posibilitaron una tarea más digna.
Más tarde, aparecieron los equipos de frío que mantienen la leche a determinada temperatura, hasta que el camión térmico de la usina láctea pasa a retirarla todos los días, porque también se cuenta, en su gran mayoría, con caminos de ripio. Pero, aun así, la tarea la tarea es diaria, soportando las inclemencias del tiempo y los horarios.
En la actualidad, comenzaron a instalarse algunos tambos robotizados. El tiempo dará la respuesta de su eficacia y rentabilidad.
Hay que valorar la tarea diaria del tambero, el sacrificio, el compromiso y la responsabilidad en su total dimensión.
El 23 de febrero de 1920 se creó la “Unión General de Tamberos”, Asociación de Productores de Leche Vacuna. En consecuencia, se estableció festejar todos los 23 de febrero “El Día del Tambero”. Este festejo lo determinó el Decreto firmado el 3 de abril de 1968.
Muchos desconocen que procedimientos atraviesa la leche antes de llegar a nuestras mesas. El Día del Tambero es un excelente motivo para descubrir cómo trabajan estos profesionales y cuáles son sus responsabilidades.
ACPUR felicita a todos los tamberos por su labor diaria, y les desea ¡muchas felicidades en su Día!
* Aporte de la Asociación Civil Productores Unidos de Rafaela (ACPUR)
ACPUR desea expresar su agradecimiento por el valioso aporte y colaboración de la Sra. Teresita Rosetti de Bersano, productora agropecuaria tambera, docente.