Jesús Marengo trabaja medio día en un negocio de productos de limpieza y, por la tarde, apuesta a su nuevo emprendimiento, que nació con un propósito muy concreto: dar trabajo a personas que muchas veces encuentran dificultades para insertarse en el mundo laboral. Y ese deseo encontró una oportunidad.
Con todos sus ahorros, alquiló un local y compró las máquinas necesarias para fabricar y vender agua tratada mediante ósmosis inversa, un método de purificación que permite obtener un producto libre de impurezas. Diario LA OPINIÓN se acercó hasta el lugar y conversó con este emprendedor que decidió poner su proyecto al servicio de una causa que considera necesaria.
“El sueño mío era laburar con chicos con discapacidad. Si bien algo había hecho con jóvenes adictos en mi otro trabajo, que es una pequeña química, era complicado tomar a chicos con discapacidad por lo que implicaba ese tipo de productos. Surgió la idea de esta planta que se vendía y dije: este es el proyecto ideal para poner a chicos con discapacidad porque se trata de agua y no es arriesgado. También me gustaría trabajar con abuelos; ellos se sienten como descartados, y una motivación como esta ayuda”, expresó Jesús, mate de por medio.
Y así fue como, en diciembre, firmó el contrato de un salón ubicado en Aristóbulo del Valle 1330. Lo pintó, lo refaccionó, acondicionó la sala de elaboración, hizo el pozo y compró todas las máquinas, que no fueron precisamente económicas. Hace tres meses que la planta está habilitada y cada día le dedica buena parte de su tiempo y esfuerzo.
Su sueño comenzó de a poco a tomar forma. Contrató a Mateo, que tiene discapacidad auditiva; a su sobrino, que presenta enanismo, y proyecta sumar en el corto plazo a Marcos, otro joven con síndrome de Down. En este último caso, todo depende de que las ventas aumenten lo suficiente como para poder afrontar el pago de su sueldo.
“Mi sobrino viene a veces para aprender el oficio y la puesta en marcha de la ósmosis. La idea era que Marcos arrancara en septiembre, pero viene muy despacio el negocio... Cuando llegue a 70 o 100 bidones por día, voy a poder contratarlo y también hacer jornada completa. Yo no vivo de esto, mi motivación principal es darles trabajo a los chicos”, se sinceró.
Actualmente, vende alrededor de 120 bidones por semana, aunque confía en que las ventas aumentarán con la llegada de los meses de mayor temperatura.
Un cambio de vida
Después de padecer Covid y atravesar la muerte de su papá, Jesús se replanteó muchas cosas. “Salí con otra actitud, casi me muero. ¿Qué me hubiese llevado si me hubiera muerto? Dije: tengo que hacer esto que lo venía postergando. No me quiero considerar Robin Hood porque ganancia no estoy teniendo, estoy teniendo pérdida, metiendo un montón de guita todos los meses”, contó.
Por ahora, su otro negocio es el que sostiene económicamente a este emprendimiento. En el futuro, incluso, imagina la posibilidad de transformarlo en una cooperativa para aliviar las cargas impositivas.
Después de firmar el contrato, se dijo a sí mismo que allí iba a suceder “algo hermoso”. Y allí comenzó el desafío.
Jesús reconoce que hoy es complicado conseguir trabajo y que lo es todavía más para quienes tienen algún tipo de discapacidad. Está convencido de que darle un sueldo a una persona con discapacidad significa también ayudar a su familia, que, según cuenta, le manifiesta permanentemente su agradecimiento.
Más que agua
“Agua con Valor” vende a particulares, industrias y soderos. “A todo el que quiera vender agua, nosotros le vendemos”, aclara. “Me da pena decir discapacidad. Discapacidad creo que tenemos nosotros. Tienen más capacidades que nosotros. Son chicos que no tienen maldad, tienen amor, vienen y te abrazan”, comenta.
Y Jesús no está solo. Porque, como suele suceder con los proyectos que buscan ir más allá de un objetivo económico, también aparecen personas dispuestas a colaborar. Cuenta con el apoyo de un grupo de amigos que lo acompañó desde el comienzo. También tiene mucha fe en Dios y la confianza de que el emprendimiento finalmente va a funcionar.
Después de moverse y golpear puertas, consiguió a través del INTI una adjudicación gratuita, por medio de la Provincia, para realizar controles de calidad del agua durante nueve meses. Además, tiene previsto comenzar a gestionar la certificación ISO 9001, que le permitiría sumar un importante respaldo de calidad para el emprendimiento.
Con Mateo, el joven con discapacidad auditiva, Jesús también está aprendiendo lenguaje de señas. “Con las miradas ya nos logramos entender bastante”, cuenta.
“Estoy feliz, ojalá pueda vender más para poner a más chicos”, dice con entusiasmo.
Un proyecto que quiere crecer
Jesús está convencido de que lo va a lograr. “Lo voy a lograr porque creo mucho en Dios. Todo vuelve y en la vida no nos llevamos nada. He estado con ganas de tirar todo, me ha pasado, pero el que me levanta es Dios y mi hijo. A veces me permito estar mal, negativo, pero después vuelvo a estar positivo pensando en que esto va a funcionar. Yo estoy exprimiendo un negocio para bancar esto, pero es tanta la fe que me tengo que esto va a resultar. Con responsabilidad, compromiso y seriedad”, asegura.
Y aclara que no pretende utilizar la historia de los jóvenes con discapacidad como argumento de venta. Su intención es que el producto se sostenga por su propia calidad. “No quiero poner el foco en estos chicos para vender un bidón. Vendemos un agua de excelentísima calidad”, sostiene.
El acompañamiento del INTI también le permitirá ampliar la oferta. Más adelante, imagina incorporar productos como soda, agua baja en sodio para personas con hipertensión o agua con aporte de magnesio. “Tengo que aprovechar esto porque cada análisis es un montón de plata. Si yo lo tuviera que hacer particular, es un costo”, reconoce.
Pero el proyecto va todavía más allá. Su idea es armar nuevas plantas en otras ciudades y provincias. “Una vez que vos tenés el sistema, se puede hacer en el Chaco, Formosa, Salta, Córdoba y trabajar toda la gama de ‘Agua con Valor’, con chicos con discapacidad para darles laburo en cualquier parte”, proyecta.
Con satisfacción y humildad, reconoce que considera que se trata de un proyecto especial porque tiene un valor agregado muy concreto: generar oportunidades laborales para personas con discapacidad.
De allí surge el nombre “Agua con Valor” y también su slogan: “Más que agua, un propósito”. El logo está conformado por una mano que simboliza la inclusión, mientras que la palma reúne colores asociados a diferentes tipos de discapacidad.
Animarse a dar una oportunidad
¿Qué le diría a un empresario o dueño de una pyme que está pensando en incorporar a una persona con discapacidad?
“Yo no sé por qué no los toman. Que se animen, porque no les cuesta nada. La capacidad la tienen. Solo hay que darles un poco de tiempo y comprensión. Son reeducados. Mateo es extraordinario”, responde Jesús.
Y, como reflexión final, agrega: “Cualquiera puede poner su granito de arena para estos chicos porque en verdad les hace mucha falta. Hay un montón de faltantes en la sociedad, pero yo pongo este granito donde puedo ayudar a chicos con discapacidades, y si hay más gente como yo que se copa con la idea, sería muy lindo para ellos, para la familia, para la sociedad, para el ambiente en sí, porque en verdad te lo cambian”.
Antes de terminar la charla, Jesús vuelve a una frase que le quedó de su padre. “Mi viejo siempre me decía: no vayas atrás del dinero. La vez que fui atrás del dinero me fundí, y de ahí hice un cambio radical en mi vida. Todo lo hago con mucho amor y compromiso, y si vos lo hacés así, el dinero viene solo. Viene porque estás haciendo las cosas bien y no estás jodiendo ni molestando a nadie, al contrario. Pero hacelo con mucha pasión y compromiso. Hay días en que uno se siente mal y piensa que falló, pero tengo que darle tiempo. Es como un bebé recién nacido que todavía no habla, no camina. Entonces vos tenés que esperarlo, darle amor, y ya va a empezar a caminar. Esto es lo mismo”.
Agua con Valor. Un sueño que ya comenzó a hacerse realidad y que busca convertirse en una oportunidad para quienes muchas veces encuentran más obstáculos a la hora de acceder a un trabajo.