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Locales Jueves 30 de Julio de 2026

Distrito Joven, el proyecto que invita a imaginar la Rafaela de los próximos 30 años

Con un Ecoparque de 33 hectáreas como corazón de un desarrollo urbano de 50 hectáreas, la iniciativa impulsada por la familia Lagrutta propone una manera diferente de pensar el crecimiento de la ciudad.

Agrandar imagen Mauro Williner y Fernanda Navarro compartieron sus "primeras impresiones" del mega proyecto para urbanizar un sector del oeste de la ciudad.
Mauro Williner y Fernanda Navarro compartieron sus "primeras impresiones" del mega proyecto para urbanizar un sector del oeste de la ciudad. Crédito: LA OPINIÓN

NOTA I

Hay proyectos que se anuncian con planos, cifras y fechas. Y hay otros que antes necesitan una conversación.

Distrito Joven pertenece a esta segunda categoría.

No porque carezca de datos —los tiene y son contundentes— sino porque detrás de las 50 hectáreas que ocupará al oeste de la Ruta Nacional 34 existe una idea mucho más amplia. De alguna manera, propone discutir cómo debería crecer Rafaela durante las próximas décadas.

Los arquitectos Fernanda Navarro y Mauro Williner, de PAF Atelier, explicaron a diario LA OPINIÓN por qué el paisaje, el agua y el espacio público son mucho más que el escenario de un emprendimiento inmobiliario.

La construcción de las 80 viviendas, que está en plena ejecución y servirán como Villa Olímpica durante los Juegos Suramericanos de septiembre, es apenas el comienzo visible de una intervención urbana cuyo horizonte temporal se mide en décadas. Después de albergar a deportistas y entrenadores, esas unidades habitacionales pasarán al mercado privado, pero serán apenas la primera pieza de un desarrollo pensado para consolidarse en unos veinte o treinta años.

Sin embargo, cuando Fernanda Navarro y Mauro Williner comienzan a hablar del proyecto, sorprende que las primeras palabras no giren alrededor de edificios, departamentos o metros cuadrados vendibles.

Hablan del paisaje.

Hablan del agua.

Hablan del espacio público.

Y hablan, sobre todo, de una ciudad que todavía no existe.

"Cuando ponemos el proyecto en contexto —dice Navarro— entendemos que no solamente es grande para Rafaela. Sería un proyecto de escala importante para cualquier ciudad argentina." No lo plantea como una exageración. Lo explica como quien intenta poner en perspectiva una intervención urbana poco frecuente para ciudades intermedias.

"La escala implica un enorme desafío para nosotros porque obliga a repensar la lógica urbana y también la lógica del paisaje. Pero el entusiasmo nace de imaginar todo lo que ese lugar puede generar desde el punto de vista social, de las actividades que allí podrán suceder y de la calidad de vida que puede ofrecer", subraya.

 

 

Mucho más que un barrio

Durante décadas, buena parte de los desarrollos urbanos argentinos respondieron a una lógica bastante simple que comienza con la apertura de calles, la división de las parcelas y finalmente la venta de lotes. La forestación y la iluminación completan cada proyecto.

Pero Distrito Joven parte de otra pregunta. ¿Qué ocurre si el espacio público deja de ser el complemento del barrio y pasa a convertirse en su verdadero organizador?

Esa es, probablemente, la idea más potente del proyecto.

El masterplan reserva alrededor de 33 de las 50 hectáreas para el Ecoparque que atravesará todo el desarrollo y funcionará como su columna vertebral. No se trata de un parque pensado como un gran jardín ornamental. Su función es mucho más compleja.

Williner explica que el sector oeste ya disponía de infraestructura pública y privada que permanecía, en buena medida, subutilizada. El desafío consistía entonces en articular esas piezas dispersas mediante una gran estructura de paisaje que conectara las viviendas, el estadio olímpico, las futuras urbanizaciones y los espacios abiertos.

 

"Cuando comenzamos a desarrollar el masterplan entendimos que esa pieza central de paisaje iba a estructurar absolutamente todo el distrito. No solamente vincula la parte habitacional con el estadio o con otras infraestructuras. También empieza a funcionar como un articulador urbano por la escala que tiene", sostiene Williner durante la entrevista amenizada entre mate y mate.

La reflexión deriva inevitablemente hacia una pregunta incómoda. ¿Cuántos parques urbanos de esta magnitud construyó Rafaela a lo largo de su historia?

Williner hace una pausa antes de responder. "Muy pocos. Si pensamos en parques urbanos verdaderamente consolidados y no en la plaza de un barrio, los contamos con los dedos de una mano."

Es precisamente allí donde el proyecto intenta instalar otra discusión. No se trata solamente de agregar un espacio verde. Se trata de incorporar una nueva pieza al sistema de espacios públicos de toda la ciudad.

 

Un parque que también resuelve problemas

Durante mucho tiempo, la planificación urbana separó funciones. Por un lado estaban las obras hidráulicas. Por otro, los parques. Y en otro plano aparecía la infraestructura vial. Distrito Joven intenta romper esa lógica.

Fernanda Navarro habla de una expresión que aparece repetidamente durante la conversación: infraestructura verde y azul. Detrás del concepto hay una mirada que comienza a consolidarse en distintas ciudades del mundo y que propone dejar de pensar el agua como un enemigo al que hay que esconder bajo caños y canales.

"Hoy el agua ya no puede verse como una infraestructura invisible que aparece solamente cuando hay un problema. Tenemos que empezar a entender que forma parte del espacio donde vivimos", resalta.

La naturaleza estuvo siempre ahí. Somos nosotros quienes avanzamos sobre ese territorio. Entonces el desafío ya no es sacar el agua, sino aprender a convivir con ella Fernanda Navarro

 

El tema no es casual. Precisamente las características hídricas del oeste de Rafaela fueron durante años uno de los principales condicionantes para su urbanización.

Navarro cree que allí está uno de los grandes cambios conceptuales del proyecto. "La naturaleza estuvo siempre ahí. Somos nosotros quienes avanzamos sobre ese territorio. Entonces el desafío ya no es sacar el agua, sino aprender a convivir con ella", dice. Clarito... como el agua.

Williner completa la idea desde otra perspectiva. "Hay que entender cómo funciona el territorio donde decidimos construir la ciudad. Podemos intentar dominar esas lógicas, pero finalmente termina imponiéndose el propio funcionamiento del paisaje."

Por eso el Ecoparque no será únicamente un lugar para caminar, descansar o hacer deporte. También actuará como reservorio y retardador hídrico. El paisaje deja de ser decoración para convertirse en infraestructura.

Un parque que además de ofrecer recreación ayuda a gestionar el agua, mejora la biodiversidad, incorpora vegetación nativa y fortalece la relación entre la ciudad y su entorno rural.

 

Tres paisajes para una misma ciudad

Aunque suele hablarse del Ecoparque como una única intervención, sus autores imaginan tres escenarios claramente diferenciados. El primero será una plaza destinada especialmente a las infancias. Luego aparecerá el sector de las Praderas del Estadio, directamente vinculado con el futuro Parque Olímpico.

Finalmente llegará la reserva ecológica, concebida como un territorio que podrá habilitarse tempranamente para uso público mientras el resto del masterplan continúa desarrollándose a lo largo de los años.

 

La decisión también rompe con otra lógica habitual. No esperar que toda la urbanización esté terminada para empezar a disfrutar sus espacios. El paisaje comienza antes que los edificios. Y seguirá evolucionando mucho después de que las últimas viviendas estén construidas. Esa idea aparece varias veces durante la conversación.

Navarro insiste en que los espacios públicos ya no pueden diseñarse como si fueran fotografías congeladas. "Hoy no podemos imaginar un parque que vaya a permanecer exactamente igual durante cincuenta años. Las ciudades cambian demasiado rápido. Las formas de habitar también. El espacio público tiene que poder evolucionar con esas transformaciones."

Entonces recuerda una frase que alguien le dijo pocos días atrás y que, quizás, resume mejor que cualquier explicación técnica el espíritu de Distrito Joven.

"Los Juegos pasan... y el paisaje queda."

Ese paisaje es, en definitiva, la verdadera apuesta del proyecto. Porque cuando los deportistas regresen a sus países, cuando las viviendas encuentren nuevos propietarios y cuando la Villa Olímpica deje de existir como tal, seguirá allí una enorme pieza verde pensada para formar parte de la vida cotidiana de toda la ciudad.

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