Por Roberto Actis
Casi nada cambia, y a veces lo que se modifica es para maquillar lo anterior y que finalmente todo quede como está, salvo excepciones, que también las hay. La presidenta Cristina Kirchner mantiene sobre ascuas a sus seguidores sin confirmar su candidatura para octubre, aunque todo, absolutamente todo, apunta hacia ese objetivo. Si no lo hace por ella, lo hará por él, como le gusta decirlo en sus discursos. Lo cierto es que la campaña viene desarrollándose desde hace rato, despojada del contenido confrontativo, aunque no del tono; apuntando siempre al objetivo del consumo, que le ha dado buenos resultados.
Pero evidentemente el mejor motorizador de la campaña del cristinismo es la oposición, habiéndose dado ahora el juego del revés. Es que tal como antes, con Néstor Kirchner en vida, era quien le daba vida y sustento a los opositores, al punto de llegar a juntar a todos los colores, ahora son éstos quienes con sus luchas, desaciertos y confrontaciones la hacen crecer a Cristina. Tanto, y al margen de la campaña triunfalista del Gobierno, cada vez son más los analistas y encuestadores que anticipan su consagración en primera vuelta. Es que, justamente, ese es el objetivo que tiene hoy el kirchnerismo: evitar el balotaje. Una instancia que por las características del oficialismo, puede transformarse en factor aglutinante de la oposición y presentar por lo tanto una faceta de alto riesgo. Resolver en primera vuelta en cambio allana el camino de posibles obstáculos. Cada paso político -las colectoras por caso- y cada acción de gobierno, hacia allí están apuntadas.
Eso en lo político, que no parece un escenario muy modificable que digamos de aquí a poco más de cinco meses, aun cuando hablar de ese lapso en la Argentina sea poco menos que una eternidad. En lo demás, en las cosas de todos los días, esas que hacen furor por un rato debido a la fuerza del acostumbramiento, lo más impactante fue el lanzamiento de la campaña "carne para todos", surgida del imaginario de Guillermo Moreno, que se añade a otros intentos parecidos con las milanesas, el pan y el pescado, que duraron menos que el aire en un puño.
Ojalá pusieran un camión frigorífico en cada esquina del país con carne a esos precios, pero son apenas cinco unidades que irán recorriendo los barrios más populosos de Buenos Aires y el Conurbano. Algo es algo podría ser el razonamiento, pero ¿saben ustedes cuánto es el consumo diario de carne en la Argentina? Pues más de 6 millones de kilogramos. ¿Cuánta la carne barata? Diez mil kilos, una insignificancia comparada con el consumo, alcanzando apenas al 0,15% de la demanda. El pomposo rótulo de carne para todos, al menos es exagerado si consideramos estas cantidades comparativamente.
Escuchábamos declaraciones de un carnicero minorista al que le estacionaron un camión del plan a 100 metros de su local, abasteciéndose los vecinos para toda la semana: ¿Qué hago ahora, cierro las puertas? se preguntaba el comerciante, ampliando que además los vecinos, mis propios clientes "me gritaban ladrón en la cara". Y explicó que "les enseñé la factura de 19 pesos el kilo que pago la media res, ¿cómo hago para vender a 10 pesos?".
Si bien todo parece estar orientado hacia el objetivo proselitista, aún poniendo la suficiente cuota de buena voluntad como para admitir las buenas intenciones en esta iniciativa, quedan algunos enormes agujeros negros sin explicación. Lo dicho, se atienden sólo a unos miles de personas cuando en el país hay millones.
Mucho más positivo en cambio el proyecto que surgió del Ejecutivo para poner límite a la compra de tierras productivas de parte de corporaciones extranjeras, algo que había sido reclamado por la gente de campo durante el conflicto por la 125. Tal vez llega un poco tarde, pues una grandísima extensión en casi todas las regiones está en manos extranjeras, pero el freno todavía llega a tiempo. Otro intento válido, que ojalá esté atado a la marcha del país y sus circunstancias, y no a las necesidades y urgencias electorales, es el llamado al diálogo a la Unión Industrial y la CGT, buscando conformar un trípode junto al Gobierno, por algunos remezones que puedan llegar a presentarse. Siempre es mejor el orden y el esfuerzo conjunto que los intentos solitarios.
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