Por REDACCIÓN
Por Marcelo Rico
La primera parte siguió el hilo desde la esclavitud afro-rioplatense, el comercio negrero y la patria blanca hasta la dictadura, la deuda privada socializada y la Causa Olmos. Esta segunda parte baja a los expedientes modernos, donde el mecanismo aprende a usar traje: concesión, canon, concurso, obra pública, sobreprecio, dictamen, arbitraje, sociedad regulada y juez que llega tarde.
No se trata de decir que todos son iguales. Esa frase es cómoda y le sirve al culpable. Se trata de mirar qué hicieron con el Estado: si lo usaron para ampliar ciudadanía o para convertirlo en caja, escudo, teatro, salvavidas, escribanía, agencia de propaganda o lavadero.
Macri como caso de laboratorio
En esa línea entra Macri. No como insulto fácil. El insulto se agota; el expediente queda. Macri entra como caso de laboratorio del empresario de Estado: grupo familiar, sociedades, concesiones, obra pública, deuda, dictadura, democracia, concursos, Correo Argentino, SIDECO, SOCMA, SEVEL, Manliba, contratos, vínculos cruzados, Estado acreedor y poder político.
No hace falta deformar el caso. Ya es suficientemente elocuente.
Correo Argentino ofrece una escena casi perfecta de la Argentina repetida: concesión de servicio público, empresa privada, canon, incumplimientos, deuda con el Estado, concurso preventivo, gobierno familiarmente vinculado al grupo empresario, propuesta cuestionada por la fiscalía, discusión técnica, años judiciales, quiebra, impugnaciones y un problema moral escondido detrás de fórmulas financieras.
El Decreto 1075/2003 pone números al olor. La concesión se adjudicó con un canon de $51.600.000 semestrales por treinta años; la concesionaria dio cumplimiento normal sólo al primero y segundo semestre; el Estado verificó en el concurso un crédito de $296.205.376,49 al año 2001; y además se generó una deuda postconcursal de canon por $206.400.000 de capital nominal. En septiembre de 2003, Correo Argentino S.A. pretendió considerar cancelada esa deuda nominal postconcursal de $206,4 millones mediante un depósito de $26.680.861,19. El decreto terminó rescindiendo el contrato por culpa del concesionario.
El dictamen de Gabriela Boquín agregó la dimensión fiscal contemporánea: según los cálculos de la DAFI citados por el Ministerio Público Fiscal, la propuesta aceptada implicaba una quita velada del 98,82 %, contra una propuesta rechazada que implicaba una quita del 99,16 %. La fiscalía sostuvo que la homologación de la propuesta podía significar una quita de más de $4.000 millones a valores de 2017 y más de $70.000 millones a 2033. También señaló la cadena familiar/societaria: familia Macri, SOCMA, SIDECO y Correo Argentino S.A. Esa cadena no convierte por sí sola cada decisión en delito penal, pero vuelve inevitable la pregunta moral y pública sobre conflicto de interés, Estado acreedor y deuda privada negociada desde el poder.
El ciudadano común debe pagar una boleta, una multa, un impuesto o una cuota con puntualidad casi religiosa. Para abajo, la ley cobra con dientes. Para arriba, algunas deudas empresarias descubren túneles, plazos, concursos, acuerdos, tasas, cámaras, apelaciones, paciencia infinita y palabras que hacen dormir a la opinión pública.
El Estado argentino parece tener una ternura interminable con ciertas deudas privadas y una crueldad administrativa ejemplar con el ciudadano común.
Mi abuelo siempre repetía la misma frase, en este país solo van preso los ladrones de gallinas.
Esa asimetría no es un detalle: es radiografía. Para el débil, vencimiento. Para el poderoso, ingeniería jurídica. Para el ciudadano, intimación. Para el grupo empresario, negociación. Para la escuela rota, no hay plata. Para la deuda grande, siempre aparece una ventanilla.
Macri no agota el fenómeno. Sería otro error. Antes estuvieron los comerciantes coloniales, los hacendados, los bancos, los militares, los contratistas, los burócratas, los sindicatos empresarios, los grupos nacionales y extranjeros, los que hablaron de patria mientras la trataban como empresa propia. Pero el caso Macri sirve porque muestra la continuidad moderna del viejo mecanismo: ganancia privada, riesgo público, Estado acreedor, expediente largo y pueblo mirando desde afuera cómo se discute una deuda que, de un modo u otro, siempre termina tocando su bolsillo.
Fortabat / Loma Negra: cemento, obra pública y disciplina
Fortabat y Loma Negra deben entrar como expediente propio, no como adorno de apellido. El cemento es un insumo central de infraestructura: rutas, puentes, viviendas, obra pública, expansión urbana. Por eso la cartelización del cemento no es sólo una infracción de mercado; es una forma de tocar el precio material del país.
La Resolución 124/2005 de Defensa de la Competencia sancionó a Loma Negra y otras cementeras por haber participado entre julio de 1981 y agosto de 1999 en la concertación de cuotas y participaciones a escala nacional en el mercado de cemento portland, con acuerdos de precios y condiciones comerciales en zonas y localidades. El período abarca diecinueve años. El expediente menciona un volumen total comercializado por las empresas imputadas de 98.477.340 toneladas de cemento portland, de las cuales 43.690.146 toneladas correspondían a Loma Negra. La multa impuesta a Loma Negra fue de $138.700.000.
Ahí aparece otra forma de la misma genealogía: no sólo el Estado como caja, sino el mercado necesario para el Estado condicionado por acuerdos privados. Cuando se carteliza el cemento, no se encarece una bolsa: se encarece la ruta, la escuela, el hospital, la vivienda, la infraestructura. El sobreprecio, si existió en cada obra concreta, no lo paga una abstracción llamada mercado; lo paga el contribuyente.
La línea Loma Negra también toca la dictadura. El Ministerio Público Fiscal informó en 2015 que el fiscal federal de Azul pidió la indagatoria de 18 personas por posibles complicidades del directorio de la cementera con el terrorismo de Estado, en particular por el secuestro, tortura y homicidio del abogado laboralista Carlos Alberto Moreno y otras seis detenciones ilegales de empleados. Es pedido fiscal e investigación sobre posibles complicidades; no condena final del directorio. La precisión no enfría la escena: la vuelve más difícil de patear debajo de la alfombra.
Kirchnerismo, peronismo y administración de la dependencia
El kirchnerismo entra por otra puerta de la misma casa podrida: obra pública, empresarios favorecidos, dinero, poder territorial, relato popular y condenas que ya no pueden ser tratadas como simple persecución discursiva. Durante años vendió épica mientras alrededor crecían cajas, intermediarios, constructores amigos, funcionarios enriquecidos, bolsos, hoteles, rutas inconclusas, causas judiciales y una liturgia moral donde toda crítica era presentada como ataque al pueblo. Esa operación fue una de las más dañinas: confundir justicia social con impunidad propia.
En Vialidad, la Corte Suprema dejó firme en junio de 2025 la condena a Cristina Fernández de Kirchner a seis años de prisión e inhabilitación perpetua en una causa sobre direccionamiento de obra pública en Santa Cruz a favor del empresario Lázaro Báez. Este dato no agota el kirchnerismo ni resuelve todas las discusiones políticas sobre lawfare, sesgos judiciales o selectividad penal. Pero ya no puede despacharse como simple relato opositor. Hay condena firme donde la hay; discusión política donde corresponda; expediente antes que grito.
Skanska: gasoductos, coimas y obra pública con casco
Skanska suma otra pieza al mismo olor. No es rumor de sobremesa ni puterío de café: en julio de 2026, el Tribunal Oral Federal N.º 4 condenó a cinco años de prisión a Julio De Vido, a José López y a Néstor Ulloa en el caso donde se investigaron maniobras de corrupción vinculadas con la contratación y realización de los gasoductos Norte y Sur entre 2004 y 2006. La mayoría del tribunal ordenó además el decomiso de $48.000.000, correspondiente al producto de los delitos de administración fraudulenta y cohecho, monto que debe actualizarse si la condena queda firme. Se habla de condena de tribunal oral y se marca si hay recursos pendientes. La bronca no necesita inflarse: con el expediente alcanza y sobra.
El caso sirve porque muestra la corrupción con casco, plano y caño. Gasoductos, energía, fideicomisos, funcionarios de alto nivel, empresa privada y plata pública. La obra pública argentina demasiadas veces parece eso: una excavación donde se supone que va infraestructura y termina apareciendo una caja. El país necesitaba gas; algunos encontraron negocio. El pueblo necesitaba energía; la política encontró tubería para otra cosa.
El peronismo no inventó todos los vicios argentinos. Eso sería falso. Antes hubo esclavitud, fraude, oligarquía, contrabando, dependencia, privilegio, militarismo, rosca, puerto, caudillismo y desprecio por la ley. Pero el peronismo organizó muchos de esos vicios con una eficacia histórica feroz: les dio marcha, liturgia, doctrina, rostro, aparato, sindicato, épica y pedagogía emocional. Entendió que el Estado no solo podía repartir recursos. Podía repartir identidad, gratitud, miedo, pertenencia y obediencia.
La asistencia social, cuando libera, es justicia. Pero cuando se usa para educar la rodilla, se vuelve dispositivo de dominación. El pobre deja de ser ciudadano y pasa a ser deudor emocional. La necesidad se administra como altar. El derecho se entrega como favor. La pobreza se convierte en escena política. Y el que recibe algo que también pagó con trabajo, inflación, impuestos o silencio termina obligado a agradecer como si le hubieran donado el sol.
Menem: modernización, sobres y Estado líquido
Menem entra como bisagra entre vieja política, privatización, fiesta financiera, Estado líquido y delito probado. No fue solamente estética de pizza con champagne. Fue una pedagogía completa: privatizar activos, convertir la modernización en espectáculo, naturalizar cercanía obscena entre poder político y negocios, y presentar como inevitables decisiones que modificaron la estructura material del país.
El dato judicial firme que debe quedar en la base: en la causa sobresueldos, la Cámara Federal de Casación Penal confirmó las condenas de Carlos Menem y Domingo Cavallo por peculado, con penas de cuatro años y medio para el expresidente y tres años y medio para el exministro de Economía. La década que decía modernizar el Estado también sabía usarlo como sobre.
Fraudes de modernización: IBM, Siemens y Ciccone
La corrupción argentina aprendió a vestirse de futuro. No siempre apareció como caudillo antiguo, puntero barrial o militar con sable. También apareció con computadora, DNI inteligente, informatización bancaria, imprenta de papel moneda, consultora internacional, arbitraje y vocabulario técnico. La modernización, cuando cae en manos de una estructura moral podrida, no elimina el saqueo: lo digitaliza.
IBM-Banco Nación es un caso testigo. La causa nació en 1994 a partir de una investigación sobre sobornos pagados por IBM para quedarse con el Proyecto Centenario, destinado a informatizar más de 500 sucursales del Banco Nación. Según el Ministerio Público Fiscal, la investigación judicial corroboró coimas por unos $21.000.000 y peritajes ubicaron el sobreprecio entre $75.000.000 y $125.000.000 de la época. Traducción moral: la modernización también podía ser coima con computadora. El país no sólo robaba con papel carbónico; también aprendió a robar con sistema.
Siemens-DNI agrega una escena todavía más simbólica: la identidad nacional como contrato contaminado. El Departamento de Justicia de Estados Unidos informó que en 1998 el gobierno argentino adjudicó a Siemens un contrato de aproximadamente USD 1.000 millones para producir documentos nacionales de identidad, y que ejecutivos y agentes participaron en un esquema de sobornos de aproximadamente USD 100 millones para asegurar, implementar y hacer cumplir ese contrato. La SEC agregó que, luego de esos pagos, Siemens obtuvo en 2007 un laudo arbitral contra la Argentina por más de USD 217 millones más intereses. El caso parece escrito por un dramaturgo cínico: primero se corrompe la puerta de entrada del documento nacional; después se intenta cobrarle al Estado la factura internacional del negocio caído.
Ciccone debe entrar por su valor simbólico. No se trata de una concesión cualquiera: se trata de la imprenta capaz de producir papel moneda y documentación sensible del Estado. La Cámara Federal de Casación Penal confirmó, entre otras, la condena de Amado Boudou a 5 años y 10 meses de prisión, la de José María Núñez Carmona a 5 años y 6 meses y la de Nicolás Tadeo Ciccone a 4 años y 6 meses. La Corte Suprema dejó firme la condena de Boudou. La frase es simple: cuando el poder se acerca a la máquina que imprime valor público, la metáfora deja de ser metáfora.
Manzano: del Estado como corona al negocio regulado
José Luis Manzano entra como figura de metamorfosis. No como condena penal sin sentencia específica, porque ese sería el regalo que espera cualquier abogado. Entra como categoría argentina: el político que aprende por dentro el mapa del Estado y después reaparece como empresario en sectores donde el Estado sigue siendo árbitro, regulador, concedente, cliente, garante o puerta de entrada.
La frase importa menos como prueba literal que como condensación de época. Manzano la negó. Perfecto: que quede la aclaración. Pero la frase sobrevivió porque nombraba una cultura: la corrupción como sistema de recaudación, pertenencia, caja, protección y obediencia política. En esa escena, la corona no era una joya: era el aparato.
La actualidad vuelve el caso más incómodo. En 2026, YPF aceptó la oferta de Edenor por USD 780 millones para vender su participación mayoritaria en Metrogas; Edenor aparece controlada por el grupo liderado por José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti. Este dato no prueba ilícito por sí mismo. Sí prueba otra cosa útil para el ensayo: la persistencia de una figura que pasa de la política nacional al dominio de sectores estratégicos donde regulación, energía, tarifas, medios, concesiones y poder estatal siguen respirando en el mismo cuarto.
Manzano deja de ser sólo una persona y se vuelve categoría: el hombre que sale de la política con el mapa del Estado en la cabeza y vuelve al mercado sabiendo qué puerta tocar. No es el chorro de gallinas del que hablaba mi abuelo. Es otra cosa: el operador que conoce el pasillo, el expediente, el decreto, el silencio, el medio, la regulación y el momento exacto en que la patria puede transformarse en oportunidad de negocio.
El patrón repetido
Menem, los militares, el kirchnerismo, Macri, Manzano, IBM-Banco Nación, Siemens-DNI, Ciccone, Skanska y las formas más recientes de salvación televisiva o financiera no son idénticos. No pertenecen al mismo mecanismo exacto ni tienen la misma responsabilidad. Pero todos deben ser leídos bajo una pregunta común: qué hicieron con el Estado. Lo usaron para ampliar ciudadanía o para convertirlo en caja, escudo, teatro, salvavidas, escribanía, agencia de propaganda, lavadero o fábrica de oportunidades privadas.
La genealogía no busca gritar “todos son lo mismo”. Esa frase es cómoda y, además, le sirve al culpable. La genealogía distingue. Separa pruebas. Marca épocas. Ordena mecanismos. Pregunta quién firmó, quién cobró, quién ganó, quién calló, quién perdió, quién pagó y quién después escribió la historia para que todo pareciera inevitable.
Porque así se fabrica una decadencia sin culpables visibles: se endeudó el país, se cayó el ferrocarril, se rompió la escuela, se perdió la industria, se deterioró el salario, se multiplicó la pobreza, se fue el futuro. Siempre en voz pasiva. Como si la Argentina fuera víctima de una tormenta y no de decisiones humanas.
No.
Alguien firma. Alguien cobra. Alguien se beneficia. Alguien mira para otro lado. Alguien demora. Alguien absuelve. Alguien tapa. Alguien traduce el saqueo al idioma técnico. Alguien convierte el daño común en patrimonio privado. Y después vienen los expertos a explicar que era inevitable. En la Argentina la pelota le pasa a la Justicia entre las piernas y muchos jueces siguen mirando al cielo, como si usaran sotana y no toga. Nunca vieron nada, nunca escucharon nada, nunca llegaron a tiempo. Pero para perseguir al ladrón de gallinas ahí sí aparece el Estado entero, peinado, perfumado y con sello fresco.
La jerga técnica, usada sin moral, sirve para lavar sangre con PowerPoint.
Antes del cierre: el país que mira para otro lado
Este ensayo no busca venganza. Busca algo más incómodo: nombre, fecha, firma, sociedad, expediente y responsabilidad. Busca distinguir al empresario del cortesano, al industrial del parásito, al dirigente del saqueador, al trabajador del rehén, al pobre del cliente político, al Estado de la caja, a la patria del negocio. Porque si no distinguimos, los vivos ganan dos veces: primero se llevan la plata; después nos obligan a llamar complejidad a la mugre.
La Argentina no necesita otra mitología de buenos contra malos. Necesita una autopsia adulta y sin anestesia. Necesita aceptar que tuvo próceres y negreros, patriotas y comerciantes de cuerpos, maestros y censores, obreros y entregadores, empresarios productivos y empresarios de Estado, deuda legítima y deuda como transferencia, ayuda social y pedagogía de obediencia, república declamada y privilegio administrado. Y también necesita decir algo que incomoda más: una parte de la sociedad argentina miró para el costado. No toda, no siempre, no del mismo modo. Pero demasiadas veces alcanzó con que el saqueo viniera bien vestido para que media tribuna bajara la vista.
Primero desmontaron el país. Después algunos hicieron fortuna vendiendo sus piezas. Y cuando alguien preguntó quién había desarmado la máquina, apareció el coro de siempre: no es momento, no hay pruebas suficientes, hay que mirar hacia adelante, las instituciones funcionan, dejemos actuar a la Justicia. La Justicia, esa señora que en la Argentina suele cruzar la calle cuando ve venir al poderoso.
Ahora queda una tarea más difícil que insultarlos: probarlo, nombrarlo y escribirlo con tanta precisión que no puedan esconderse detrás de la niebla. La bronca sola no alcanza. El dato solo tampoco. Hace falta una escritura que junte expediente y sangre, documento y memoria, número y vergüenza. Porque el saqueo argentino aprendió a sobrevivir justamente ahí, entre el grito sin prueba y la prueba sin voz.
La historia argentina está llena de cadáveres sin autopsia: cadáveres humanos, institucionales, económicos, ferroviarios, industriales, científicos, educativos. Cada tanto aparece un funcionario con guantes blancos a decir que no toquemos nada, que todavía no está claro, que la historia juzgará. Pero la historia no juzga sola. Alguien tiene que abrir el cuerpo.
Este ensayo empieza a abrir uno de los más grandes: el cadáver moral del poder económico y político que aprendió a servirse de la gente mientras hablaba en nombre de la patria. No todos fueron iguales. No todos robaron lo mismo. No todos firmaron el mismo papel. Pero demasiados participaron de una escuela común: privatizar la ganancia, socializar la pérdida, embarrar la memoria y confiar en que la Argentina, como tantas veces, iba a mirar para otro lado. Esta vez, no.
Cierre final: el juramento y el sillón de Rivadavia
También habría que hacer una autopsia del juramento argentino. Esa escena solemne donde tantos funcionarios levantan la mano, ponen cara de bronce recién lustrado y juran por Dios, por la patria, por los Santos Evangelios o por cualquier palabra grande que les quede a mano. Juran por Dios porque saben que Dios no baja a declarar. Juran por la patria porque la patria está demasiado arrodillada, saqueada y rota para levantarse de la camilla y señalarles la cara.
Tal vez ésa sea una de las mayores obscenidades nacionales: haber convertido el juramento en ceremonia de impunidad. La patria fue invocada por demasiados hombres que, apenas terminaron de jurarla, la trataron como botín, mostrador, caja, trampolín, prostíbulo administrativo o sociedad anónima. Jurar por la patria después de haberla dejado de rodillas no es solemnidad: es burla.
Y ahí queda la escena final de esta genealogía: un país lleno de juramentos limpios y manos sucias. Un país donde la palabra patria fue tantas veces pronunciada por quienes la vaciaban que ya no alcanza con escuchar lo que juran. Hay que mirar qué firman, qué cobran, qué callan, qué deuda dejan, qué expediente duermen y a quién le pasan la factura.
Porque la Argentina no necesita más hombres jurando por Dios y por la patria. Necesita hombres que, por una vez, no usen a Dios para esconderse ni a la patria para robar.
Y tal vez por eso conviene terminar donde más molesta: en el sillón de Rivadavia. Qué agradable debe ser sentarse ahí cuando uno ya se olvidó de quién fue Rivadavia para San Martín. La Argentina tiene esa capacidad casi obscena de convertir una incomodidad histórica en mueble solemne. Le pone terciopelo a lo que debería pinchar.
San Martín no tuvo con Rivadavia una diferencia de modales. En su correspondencia habló de una administración desastrosa, de ánimos divididos y de groseras imposturas. No hace falta convertir la historia en estampita federal ni en catecismo antiunitario. Alcanza con leer el gesto: el Libertador miraba la rosca porteña como una máquina capaz de triturar patriotas, dividir fuerzas y volver inhabitable la patria para los hombres que no aceptaban entrar por la puerta chica.
Y después está el sable. San Martín decidió dejar su sable corvo a Rosas por la firmeza con que, a sus ojos, había sostenido el honor de la República frente a las pretensiones extranjeras. Ese dato no canoniza a Rosas. Pero sí rompe el vitral escolar. El Padre de la Patria no eligió el mármol prolijo de los administradores ilustrados; eligió señalar una defensa concreta de soberanía. La memoria oficial, cuando no puede digerir una contradicción, la mete en una vitrina y le baja la luz.
Por eso el sillón de Rivadavia debería incomodar. No debería ser sólo una frase ceremonial para nombrar el poder presidencial. Debería ser una astilla. Un recordatorio de que la Argentina muchas veces eligió sentarse sobre nombres discutibles, jurar palabras enormes y después administrar la patria como botín, mostrador, caja, deuda o sociedad anónima.
La escena final, entonces, no es solamente un funcionario jurando por Dios y por la patria. Es alguien acomodándose en el sillón de Rivadavia, con una mano levantada y la otra cerca del expediente. Detrás, San Martín mira desde lejos. Y tal vez no dice nada. No hace falta. A veces el juicio más duro de la historia es una silla demasiado cómoda.
Fuentes consultadas — Parte II
No son adorno. Son el andamio mínimo para que la bronca no quede colgada en el aire.
• Instituto Nacional Sanmartiniano — San Martín en Bélgica / carta a O’Higgins y juicio crítico sobre Rivadavia: https://sanmartiniano.cultura.gob.ar/noticia/san-martin-en-belgica/
• Cancillería Argentina — Testamento de San Martín y legado del sable corvo a Juan Manuel de Rosas: https://www.cancilleria.gob.ar/es/institucional/patrimonio/museo-de-la-diplomacia-argentina/una-replica-del-sable-corvo-del-general
• Decreto 1075/2003 — Rescisión de Correo Argentino S.A.: https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-1075-2003-90345/texto
• Ministerio Público Fiscal — Dictamen Gabriela Boquín / Correo Argentino: https://www.fiscales.gob.ar/fiscalias/pidieron-rechazar-por-abusivo-el-acuerdo-entre-correo-argentino-y-el-estado-nacional-en-el-concurso-preventivo/
• Resolución 124/2005 — Defensa de la Competencia / cartelización del cemento: https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/norma-108269/texto
• Ministerio Público Fiscal — Loma Negra y posibles complicidades con la dictadura: https://www.fiscales.gob.ar/lesa-humanidad/loma-negra-pidieron-indagar-a-18-personas-por-posibles-complicidades-con-la-dictadura/
• Chequeado — Causa Vialidad / condena firme a Cristina Fernández de Kirchner: https://chequeado.com/el-explicador/las-3-claves-del-fallo-de-la-corte-suprema-que-ratifica-la-condena-a-cristina-fernandez-de-kirchner-a-6-anos-de-prision-en-la-causa-vialidad/
• Ministerio Público Fiscal — Skanska / condenas a De Vido, José López y Néstor Ulloa: https://www.fiscales.gob.ar/corrupcion/caso-skanska-condenaron-a-5-anos-de-prision-al-exministro-julio-de-vido-y-al-exsecretario-de-obras-publicas-jose-lopez/
• Ministerio Público Fiscal — Sobresueldos / Menem y Cavallo: https://www.fiscales.gob.ar/fiscalias/sobresueldos-casacion-confirmo-las-condenas-a-carlos-menem-y-domingo-cavallo/
• Ministerio Público Fiscal — IBM-Banco Nación / Proyecto Centenario: https://www.fiscales.gob.ar/fiscalias/ibm-banco-nacion-solicitan-que-el-dinero-decomisado-sea-destinado-al-garrahan/
• Departamento de Justicia de EE.UU. — Siemens / DNI / sobornos: https://www.justice.gov/usao-sdny/pr/former-siemens-executive-pleads-guilty-manhattan-federal-court-100-million-foreign
• SEC — Siemens / DNI / laudo arbitral: https://www.sec.gov/news/press/2011/2011-263.htm
• Centro de Información Judicial — Ciccone / condenas confirmadas por Casación: https://www.cij.gov.ar/nota-35201-La-C-mara-Federal-de-Casaci-n-Penal-confirm--condenas-por-la-causa-Ciccone.html
• La Nación — José Luis Manzano, frase atribuida y negada: https://www.lanacion.com.ar/politica/manzano-solo-quiere-ser-academico-nid170944/
• Bloomberg Línea — Perfil de José Luis Manzano y sectores regulados: https://www.bloomberglinea.com/especiales/personajes-bloomberg-linea/jose-luis-manzano-2/
• La Nación — Edenor/Metrogas/Manzano-Vila-Filiberti: https://www.lanacion.com.ar/economia/inminente-definicion-por-metrogas-cuales-son-los-grupos-que-compiten-por-la-distribuidora-nid10082026/