Por Ricardo M. Fessia
El mundo ya tenía antecedentes de pestes que se desataban y se extendían en forma incontenible, pero en 1855 surgió la “peste bubónica”, que también se la conocía como “peste negra” que invadió todos los países en todos los continentes. Se reconoce el inicio ese año y recién se entendió concluida en 1959. Fue la primera pandemia ya que afectó todo el mundo, si bien se registraron otras de similares características antes. En el 541 se desató una peste que afecto toda Europa dejando cientos de miles de muertos. Otra de iguales dimensiones se declaró en 1346 dejando a la sociedad perpleja sin poder encontrar su origen o razón y 25 millones de cadáveres.
En cuanto al origen de las enfermedades contagiosas circulaban en la Edad Media explicaciones muy diversas. Algunas, heredadas de la medicina clásica griega, atribuían el mal a los miasmas, es decir, a la corrupción del aire provocada por la emanación de materia orgánica en descomposición, la cual se transmitía al cuerpo humano a través de la respiración o por contacto con la piel. Hubo quienes imaginaron que la peste podía tener un origen astrológico, sea la conjunción de determinados planetas, los eclipses o bien el paso de cometas, y otros anunciaban a un principio geológico, como producto de erupciones volcánicas y movimientos sísmicos que liberaban gases y efluvios tóxicos. Todos estos hechos se consideraban fenómenos sobrenaturales achacables a la cólera divina por los pecados de la humanidad.
Recién en el siglo XIX se superó la idea de un origen sobrenatural de la peste. El temor a un posible contagio a escala planetaria de la epidemia, que entonces se había extendido por amplias regiones de Asia, dio un fuerte impulso a la investigación científica, y fue así como los bacteriólogos Shibasaburo Kitasato (1852 - 1931) y Alexandre Emile John Yersin (1863 – 1943), de forma independiente pero casi al unísono, descubrieron que el origen de la peste era la bacteria “yersinia pestis”, que afectaba a las ratas negras y a otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos animales, en especial las pulgas (chenopsylla cheopis), las cuales inoculaban el bacilo a los humanos con su picadura.
El nombre de yersinia era en homenaje a su descubridor el medico suizo nacionalizado francés, Yersin que en 1894 por encargo del gobierno francés y el Instituto Pasteur estudia la naturaleza de la epidemia de peste y así es que aisló el bacilo responsable el 20 de junio de ese año. Demostró la relación entre la enfermedad humana y la de la rata.
Con los avances de las ciencias para finales del siglo XIX, los científicos ya tenían un mejor entendimiento de la plaga. De hecho, en Hong Kong en 1894, les fue posible aislar el bacilo que la causaba. La tesis de Yersin fue leída por E. Ducloux en junio de 1894 y se titulo “La peste bubonique de Hong-Kong”. Para 1905, los expertos también identificaron el papel que jugaban las ratas y las pulgas como agentes de transmisión de la enfermedad. Pero estos descubrimientos hicieron poco para mejorar las medidas de salud pública. Se tomaban medidas, pero en forma aislada, sin que ellas sean fundadas en cuestiones científicas, tampoco existía una autoridad mundial que pueda liderar una campaña.
Una era la cuarentena otras las evacuaciones forzadas de lugares muy contaminados y las más extremas fueron la quema de los vecindarios afectados. Ejemplo de esto fue el barrio chino de Honolulu, Hawái, en 1900, donde la contaminación era irrefrenable. Se tiene registro que la plaga llegó en 1899 y la primera reacción de las autoridades fue cerrar el puerto y el barrio chino, pero luego advirtieron que no era suficiente para detener la plaga y el 20 de enero de 1900 se incendia una zona afectada pero se perdió el control y un área de más de 26 hectáreas quedó devastada por las llamas.
La llegada de la peste a Hong Kong, en 1894, generó enfrentamientos entre las autoridades colonialistas británicas y las élites chinas sobre las medidas tomadas contra el brote y cómo tratar a las víctimas. Cuando el brote surgió en el occidente del territorio, las autoridades colonialistas formaron brigadas de inspectores que marchaban por las calles ordenando las medidas a tomar.
La cuestión de dónde hospitalizar a los pacientes fue un motivo particular de discordia. Las brigadas británicas imponían la práctica de abrir las ventanas, mientras que los médicos chinos consideraban las corrientes de aire letales. Otra de las órdenes implantadas fue desocupar las casas de utensilios y demás enseres para quemarlos en la calle. También se establecieron grupos para pintar las casas con una solución de cal a manera de desinfectante. Las medidas adoptadas por la llamada Brigada de Shropshire fueron elogiadas por el gobierno británico por haber puesto freno al brote infeccioso. Sin embargo, la peste volvió de forma recurrente durante décadas, estableciendo un patrón estacional.
En 1910 la plaga impactó el noreste de China matando a 60.000 personas; la tasa de mortandad entre los infectados fue del 100%. Llegada la peste a la India en 1898 encontró un territorio para su propagación. En su trabajo el médico francés Paul-Louis Simond descubre que las pulgas eran el conducto de transmisión de la peste entre las ratas y los humanos. Constante investigador, descubre un tratamiento que implicaba inyectar a los pacientes infectados suero. Los resultados no eran los esperados ya que algunas veces podía costarle la vida al paciente. Como tal, el tratamiento se convirtió en motivo de la resistencia en India contra las medidas anti peste del gobierno colonial. En ese inmenso país costó la vida de 10 millones.
La primera referencia que se tiene en América latina es de octubre de 1902 en Mazatlán, en el estado de Sinaloa. El origen del brote en el continente americano fue atribuido al barrio chino de San Francisco, California. La epidemia produjo, entre otras medidas, la cuarentena del puerto mexicano y el asilamiento de las personas infectadas, que eran evacuadas de sus casas en camillas especiales. Desde una perspectiva de higiene, se criticaron las condiciones sanitarias de la ciudad, especialmente los vertederos de basura y los malos sistemas de desagüe.
Aunque algunas viviendas de los infectados se quemaron, se instituyó la fumigación de calles y cloacas. Si bien en el Reino Unido la peste no se extendió en demasía, se registraron muertes en Cardiff, Glasgow y Suffolk. También se reportaron casos en Liverpool, principalmente en 1901, 1908, 1914 y 1916. En un intento de prevenir la propagación de la enfermedad, los funcionarios de la Autoridad Sanitaria del Puerto de Liverpool zambullían las ratas muertas en tachos de gasolina.
Esta pandemia afectó de manera diferente a todas las regiones del mundo en cuanto a costo de vidas humanas, pero a todos los vinculó con su mensaje de advertencia sobre los cambios que era necesario introducir. Nada pareció afectar, salvo muy pocos, y el curso de los acontecimientos siguió su erado camino y en muchas situaciones se profundizó.
¿Podrá este Corona virus ser el último llamamiento...?.
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