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Notas de Opinión Domingo 18 de Febrero de 2018

No siempre "Zaffa"

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Agrandar imagen ZAFFARONI. Como si estuviera sobre una ciénaga. FOTO ARCHIVO
ZAFFARONI. Como si estuviera sobre una ciénaga. FOTO ARCHIVO
Roberto Actis

Por Roberto Actis

El señor Zaffaroni, como ciudadano, puede seguir diciendo las barbaridades que le vengan en ganas, al fin de cuentas es él mismo quien sufre el desprestigio y lo ubica en el lugar que realmente le corresponde. Tal vez alguien con mucha mayor practicidad para definir situaciones, simplemente diría "se sacó la careta". En cambio el doctor Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia -aunque le corresponda conviene recordarlo: cobra 360.000 pesos mensuales como jubilado-, y miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, debería mantener algo de prudencia en sus expresiones, avanzando tan desvergonzadamente sobre los principios democráticos elementales, como es respetar y más aún defender la decisión del voto popular. Lo contrario, el tan mentado y criticado gorilismo, esos intentos desestabilizadores lanzados a los cuatro vientos como voz de alarma durante los ochos años de Cristina Kirchner, es lo que está haciendo ahora el impredecible ex juez Zaffaroni, quien gana simpatías del núcleo duro K y mucho más aún de su jefa ex presidenta, pero en cambio queda expuesto ante todos los argentinos, y todavía más que eso, ante un mundo que lo respetaba por sus lustrosos antecedentes académicos, que seguramente han quedado perdidos en el tiempo.

Tan extraviados como algunos antecedentes del pasado -e incluso algunos más recientes- de este Zaffaroni empeñado en convertirse en pronosticador de tempestades políticas y sociales, pero que olvida en cambio un pasado que lo condena. Es interesante repasarlo, ver un currículum que habría que actualizar ante cada una de sus declaraciones. Ingresó a la justicia como camarista en la provincia de San Luis cuando se apropió del poder en la Argentina el golpista Juan Carlos Onganía, derrocando en junio de 1966 nada menos que al ilustre Arturo Illia, ese radical que después de ser presidente de la Nación se fue con muchísimo menos de lo que había llegado y que regresado a Cruz del Eje continuó atendiendo gratuitamente a sus pacientes más necesitados. Luego siguió avanzando dentro de la justicia, siempre de la mano de militares golpistas, como en este caso Jorge Rafael Videla, quien lo designó juez, ocupando el Juzgado Nacional en la Criminal de Sentencia de la Capital Federal, lo cual le valió jurar para "observar y hacer observar fielmente los objetivos básicos fijados por el Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional". Cuando fue propuesto Por Néstor Kirchner para la Corte Suprema, su pliego fue impugnado tanto individualmente como por algunas organizaciones, recordándose que por entonces figuraba en una nómina de las Madres de Plaza de Mayo de todos los jueces designados por la dictadura y que juraron por sus objetivos. Así y todo siguió adelante, tal como después el general César Milani como jefe del Ejército, pese a sus antecedentes represores, que junto a su notable enriquecimiento, lo llevaron a la cárcel.

Más reciente, y al margen de una carrera judicial cuyas manchas son notables al punto de hacer inexplicable su ascenso hacia la Corte Suprema, están los departamentos alquilados para funcionar como prostíbulos. ¿Qué no lo sabía? Tan inverosímil como lo es toda esta zigzagueante acumulación de antecedentes que hoy lo llevaron a ocupar un lugar en esa Corte Internacional de Derechos Humanos, a la cual tanto tiempo le llevó dar una condena a Venezuela por la situación que vive desde hace años, pero que fue presta para pedir a los gritos la libertad de Milagro Sala, o preguntarse dónde estaba Santiago Maldonado.

Pero todavía hay más. Hoy advierte que se va a reproducir otro estallido como en 2001 si sigue Macri, pero frágil de memoria, olvida que en ese tiempo él era presidente del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, y además legislador porteño por la Alianza encabezada por Fernando de la Rúa. Conclusión: de aquél desastre al cual advierte podemos retornar, el mismo Zaffaroni tuvo responsabilidades importantes. Ni siquiera alzó su voz para decir su desacuerdo.

Y finalmente, por si faltara algo, en la página plazademayo.com está documentando los rechazos de Zaffaroni de habeas corpus presentados por familiares de detenidos por la dictadura, que luego se sumaron a las listas de desaparecidos.

Este es el hombre que hoy pretende ocupar el imaginario púlpito para sus funestas predicciones. Una palabra devaluada sin dudas, y que poco favor le hace a la Argentina estar ocupando ese sitio en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde sus miembros lamentablemente ya anticiparon que no considerarán la posibilidad de quitar del medio a don "Zaffa", aunque como están las cosas en el mundo hoy en día, ya no queda nada que sorprenda. Menos aún en estas cuestiones de la justicia o cercanas de ella.


 

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