Se llamaba Rodrigo Durán Díaz, tenía dos hijos adolescentes, y se había separado hace un año de su esposa, también empleada policial.
Durán Díaz presentaba una herida de bala en la sien, y se hallaba en el interior de su automóvil, estacionado en un tramo de la ruta 64, jurisdicción de la capital santiagueña.
Al lugar arribaron efectivos de la Comisaría 10ª, y ubicaron muerto a quien se desempeñaba como jefe de las Unidades Interceptoras.
Dentro del vehículo de referencia, fue encontrada la pistola reglamentaria del muerto, siendo secuestrada para las pericias correspondientes.
En primera instancia no se conocieron precisiones oficiales sobre los motivos que habrían derivado en la drástica determinación.
Por otra parte, se conoció que su padre, llamado Hugo Durán y jerarquía de comisario general, había sido jefe de Policía, estando retirado en la actualidad.