Por REDACCIÓN
Reproducimos seguidamente el informe difundido por la Pastoral de las Comunicaciones de Rafaeala.
"Que lindo en estos días pascuales hacer memoria de nuestro primer encuentro con Jesús para dar nuevo impulso a nuestra misión, que ya venimos haciendo como diócesis, que queremos profundizar este año, y que debe cobrar todo su impulso a partir del anuncio recibido hoy.
Preguntémonos, pero sobre todo volvamos a gustar en el corazón: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea?
Que Jesús encienda en nosotros la llama de nuestro primer encuentro con Él, para que pueda resucitar nuevamente en nosotros. Comencemos la misión, pero antes, vayamos a Galilea. El Resucitado nos espera.
A continuación ofrecemos la Homilíaq de Mons. Pedro Torres
HOMILÍA VIGILIA PASCUAL
Tomando la imagen de una parábola que contó Jesús, esta noche fuimos como aquellas mujeres prudentes que, con sus lámparas encendidas, esperaban la llegada del esposo. Juntos, vigilantes, esperamos escuchar una vez más, la noticia más importante de nuestras vidas, la que lo cambia todo, la misma que el Ángel comunicó a la Magdalena y a la otra María: “Jesús ha resucitado como lo había dicho (…) ha resucitado de entre los muertos”. Y con Él, nace nuevamente la esperanza. Jesús es capaz de volver a encender nuestra fe y nuestro deseo de Dios, a veces apagado por las desilusiones y los golpes de la vida, como lo hizo con la samaritana; Jesús es capaz de darle nueva luz a nuestras oscuridades y cegueras, como lo hizo con el ciego de nacimiento; Jesús es incluso capaz de devolver la vida a lo que consideramos muerto y sepultado, como lo hizo con Lázaro. La muerte ha sido vencida; “la vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz, ha despertado y vuelve a latir de nuevo” (Guardini); “la piedra, se ha corrido, la luz resucitó” escuchamos en el Pregón Pascual, y juntos lo cantamos cantamos hace un momento: “alegrémonos de corazón, Jesús resucitó”.
Junto a la alegría de este anuncio, resuena la invitación del Evangelio de hoy: “Vayan”. “Vayan enseguida a decir a los discípulos” dice el Ángel a las mujeres. “Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea”, les dice Jesús. Uno de los primeros frutos de la Resurrección es la misión, porque “no podemos callar lo que hemos visto y oído”, no podemos guardarnos una noticia tan grande. Esta invitación nos toca de manera especial este año; nos hemos propuesto como diócesis dar prioridad a la misión: “Renovar la pastoral de misión y acogida para reconocer y promover el encuentro con Dios en las diversas realidades humanas”.
El Evangelio proclamado en esta noche, la noche más importante de todas, nos da una pista por donde comenzar: “Galilea”; Jesús resucitado nos indica el primer y fundamental paso: “en Galilea me verán”. Galilea significa para los discípulos el lugar donde todo comenzó; allí donde fueron elegidos, donde surgió la amistad, se conformó el grupo de los Doce, donde pasaron junto a Jesús las horas más alegres, recibieron una nueva misión, y la vida les cambió por completo. Ahora, para un nuevo comienzo, hay que volver a Galilea.
Para nosotros, Galilea es el lugar donde conocimos a Jesús, ese momento donde comenzó nuestra amistad con Él. Volver a Galilea es volver a pasar por el corazón ese primer encuentro donde Jesús dejó de ser un personaje de la historia y se convirtió en la persona más importante de nuestras vidas; ese momento donde experimentamos que realmente está vivo, el momento en el que sus ojos se cruzaron con los nuestros y nos hizo sentir que nos amaba y nos hacía parte de su misión.
Para convertirnos en verdaderos testigos de la resurrección (el anuncio que recibimos hoy), para salir a misionar, anunciar, tenemos antes que volver a Galilea, volver a encender esa llama que a veces por circunstancias de la vida se puede haber apagado o no está brillando con la misma intensidad de antes; porque sólo de un nuevo encuentro con el Resucitado brota la alegría del anuncio; el tesoro más grande que tenemos para gritar al mundo es que Jesús vive. Podemos hacer nuestras las palabras de los obispos en Aparecida: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestras palabras y obras es nuestro gozo.”
Que lindo en estos días pascuales hacer memoria de nuestro primer encuentro con Jesús para dar nuevo impulso a nuestra misión, que ya venimos haciendo como diócesis, que queremos profundizar este año, y que debe cobrar todo su impulso a partir del anuncio recibido hoy. Preguntémonos, pero sobre todo volvamos a gustar en el corazón: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? Que Jesús encienda en nosotros la llama de nuestro primer encuentro con Él, para que pueda resucitar nuevamente en nosotros. Comencemos la misión, pero antes, vayamos a Galilea. El Resucitado nos espera.