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Sociales Lunes 19 de Enero de 2026

El Papa celebrará la Misa de Jueves Santo en San Juan de Letrán tras la “excepción” del pontificado de Francisco

Con su decisión, el Papa León XIV retoma la tradición de la Iglesia en Roma, conforme a la praxis ininterrumpida del siglo pasado.

Agrandar imagen El pasado 25 de mayo, el Papa tomó posesión de la Cátedra del Obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán.
El pasado 25 de mayo, el Papa tomó posesión de la Cátedra del Obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán. Crédito: Vatican Media

Por Victoria Cardiel

CIUDAD DEL VATICANO, 19 (ACI PRENSA).-En su primer Jueves Santo, el 28 de marzo de 2013, el Papa Francisco optó por celebrar la Misa in Coena Domini en la capilla de la cárcel de menores de Casal del Marmo, al norte de Roma.

Como solía hacer cuando era Arzobispo de Buenos Aires (Argentina), Francisco lavó con cuidado los pies de 12 personas privadas de libertad, entre ellas una italiana católica y una de Serbia, musulmana.

A partir de entonces, y durante los doce años de su pontificado, dejó de lado la celebración en la Basílica de San Juan de Letrán, catedral del obispo de Roma, siguiendo una línea pastoral que rompía con la práctica habitual de sus predecesores.

Para Mons. Giovanni Falbo, canónigo lateranense, camarlengo del Capítulo Catedralicio y prepósito de la basílica, aquella decisión debe entenderse como un paréntesis. Así lo demuestra, a su juicio, la decisión del Papa León XIV de recuperar esta tradición histórica el próximo 2 de abril. El anuncio lo dio la semana pasada la Casa de la Prefectura Pontificia.

“Los años del pontificado del Papa Francisco —explica—, como ocurrió con muchas otras celebraciones e iniciativas, constituyen una excepción, motivada por el deseo de ofrecer al mundo un signo claro de predilección por los pobres y los últimos, llevando la atención del Obispo de Roma a lugares de sufrimiento”.

“Una intención loable que, sin embargo, comportó una cierta privatización de la celebración de la Última Cena”, expone a ACI Prensa. Se refiere en concreto a la imposibilidad, por la falta de espacio, de que los sacerdotes de la Diócesis de Roma participen en esta celebración.

Con su decisión, el Papa León XIV retoma la tradición de la Iglesia en Roma, conforme a la praxis ininterrumpida del siglo pasado, sin que ello suponga una merma en la atención a los pobres. “Existen innumerables ocasiones a lo largo del año —señala Mons. Falbo— para subrayar la predilección del Señor y de la Iglesia por los últimos”.

En este sentido, considera la recuperación de esta tradición como una señal más de la voluntad del nuevo Papa “no sólo de ser, sino de comportarse como Obispo de Roma”.

Se trata de una decisión que —a su juicio— pone en valor el vínculo de León XIV con la Basílica de San Juan deLetrán que se hizo visible el pasado 25 de mayo, cuando tomó posesión de la Cátedra del Obispo de Roma, que es la sede episcopal del Papa por ser la primera basílica cristiana construida tras la paz de Constantino en el siglo IV.

Esa ceremonia marcó un paso fundamental en el inicio de su pontificado, ya que el Papa no es sólo el sucesor de San Pedro y pastor de la Iglesia universal, sino también el Obispo de la Diócesis de Roma.

Datos históricos del rito de lavatorio de los pies

Mons. Falbo recuerda que el rito del lavatorio de los pies “hunde naturalmente sus raíces en el gesto realizado por Jesús en el Cenáculo, cuando lavó los pies a sus Apóstoles antes de la institución de la Eucaristía”.

Subraya, además, que es el Evangelio de San Juan el único que transmite este episodio, acompañado de una catequesis que lo convierte en símbolo del amor fraterno y del “mandamiento nuevo”, que concreta el amor en el servicio recíproco.

Por ello, explica, “ya en la Iglesia primitiva, el lavatorio de los pies fue considerado un signo relevante para reconocer a los auténticos discípulos del Señor”.

En todo caso, el rito del lavatorio ha variado a través de los siglos. Con el Concilio de Toledo del año 694 se consideró el lavatorio de los pies realizado por el obispo a sus colaboradores como un rito semilitúrgico y obligatorio. El Ordo Romanus XII describe incluso un segundo mandato, en el que, tras ofrecer el almuerzo a trece pobres en una sala del palacio pontificio, el Papa lavaba, secaba y besaba sus pies.

En el siglo XV, las crónicas de Giovanni Burcardo —ceremoniero pontificio desde Inocencio VIII hasta Julio II, pasando por Alejandro VI— mencionan sistemáticamente el lavatorio de los pies a trece pobres por parte del Papa en una de las salas del Palacio Apostólico en el Vaticano.

No obstante, Mons. Falbo recuerda que, antes del traslado definitivo a esta sede tras el regreso de Aviñón en 1378, los Papas residieron durante cerca de mil años junto a la catedral del Laterano, desde el pontificado de San Melquíades (†314) hasta Clemente V (1305-1314).

Aunque el lavatorio de los pies es un rito propio al Jueves Santo, Mons. Falbo matiza que, al menos desde el pontificado de Inocencio I en el año 416, ese día se celebraban tres Misas distintas: una matutina para la reconciliación de los penitentes; otra para la bendición de los santos óleos, en particular del Crisma; y una tercera vespertina como memorial de la Cena del Señor.

Por ello, el lavatorio de los pies no estaba originalmente unido a la Misa del Jueves Santo, aun cuando el Evangelio proclamado en la Eucaristía in Coena Domini se refiera precisamente a ese gesto de Jesús.

El canónigo recuerda también la profunda reforma del Triduo Sacro llevada a cabo por Pío XII en 1955, que entró en vigor al año, siguiente con el objetivo de recuperar una mayor fidelidad histórica en las celebraciones.

Desde entonces, la praxis del Obispo de Roma —condicionada por no residir ya junto a su catedral— ha sido dividir las celebraciones entre las basílicas de San Juan de Letrán y San Pedro, reservando a la primera la celebración vespertina del Jueves Santo, con el rito del lavatorio de los pies, tras la Misa Crismal celebrada por la mañana en la basílica vaticana.

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