Por REDACCIÓN
Por Victoria Cardiel
CIUDAD DEL VATICANO, 2 (ACI PRENSA).-Durante el rezo del Ángelus de este domingo, el Papa León XIV animó a los fieles a redescubrir la bendición de la mesa como una expresión sencilla de fe y como un modo concreto de transmitir la “belleza” de la Eucaristía en la vida diaria.
“Al saborear la gracia de la Eucaristía, comprometámonos a testimoniar su belleza en nuestros gestos cotidianos, comenzando por la bendición de la mesa, cuando compartimos el pan en familia y entre los amigos”, exhortó el Pontífice desde el balcón del Palacio Apostólico del Vaticano, donde retomó la oración mariana tras concluir tres semanas de descanso estival en Castel Gandolfo.
En su reflexión, León XIV comentó el relato evangélico de la multiplicación de los panes y los peces, proclamado en la liturgia de este domingo, y destacó que los gestos de Jesús revelan el sentido profundo de su misión salvadora. Según explicó, “son gestos que manifiestan su especial entrega por nosotros, es decir, la salvación que Él trae al mundo”.
El Papa subrayó que Cristo no solo realizó prodigios extraordinarios, sino que, a través de ellos, anunció la cercanía del Reino de Dios. “El Señor se presenta como Aquel que da sentido a la vida, liberándola del mal y del pecado. Cristo, al dar la vista a los ciegos y hacer oír a los sordos, no sólo realiza acciones prodigiosas, sino que anuncia a todos que el Reino de Dios está cerca”, aseveró.
A partir de esta perspectiva, señaló que el Evangelio muestra cómo Jesús transforma la existencia humana de manera integral. Por ello, afirmó que el texto bíblico de este domingo “da testimonio de que Jesús no se limita a dar los sentidos a quien carece de ellos, sino que hace gustar a nuestros sentidos”.
Encuentro con Cristo, “una experiencia que nos alimenta”
El Santo Padre explicó que la multiplicación de los panes constituye una imagen elocuente del encuentro con Cristo. “El episodio de la multiplicación de los panes significa que el encuentro con el Señor es una experiencia que nos alimenta”, indicó. Y añadió: “En el desierto, es decir, en el lugar de nuestras necesidades, Cristo es el pan de vida”.
En este sentido, recordó que el Señor responde a los anhelos más profundos del corazón humano. “Cristo sacia realmente el hambre de la humanidad, nuestra hambre de verdad y de vida”. Al mismo tiempo, destacó que el milagro transmite una enseñanza fundamental sobre la solidaridad y el compartir.
Frente a la lógica del egoísmo, León XIV advirtió sobre los riesgos de una cultura centrada en la acumulación. “Su gesto nos enseña que nada se pierde cuando se comparte”.
En contraste, señaló que “la acumulación y el descarte, en cambio, son las dos caras de un mismo mal: la avaricia”.
El Pontífice la definió como una “enfermedad del alma” que “lleva a perder los sentidos porque embriaga de riquezas, hasta el punto de olvidar a aquellos que lloran de hambre y gritan de sed”.
El Santo Padre denunció además las contradicciones de un mundo marcado por profundas desigualdades y conflictos: “Ante la opulencia de las cosas que se corrompen, están las manos tendidas de quienes no tienen qué comer, las casas destruidas de quienes no tienen paz”.
Al evocar el contexto actual de guerras y tensiones internacionales, invitó a contemplar el milagro de los panes como una manifestación de la caridad divina. “En este milagro de la caridad reconocemos las acciones típicas de Jesús, que encuentran su punto culminante en la última Cena, donde el Hijo de Dios nos entrega su misma vida como nuestro hermano en humanidad”, constató.
Finalmente, León XIV recordó que incluso el tiempo de vacaciones puede convertirse en una oportunidad para vivir la fraternidad y la atención a los más necesitados. “Jesús, también las vacaciones pueden convertirse en tiempo de serena fraternidad, incluyendo a quienes están a nuestro lado y pasan necesidad”.