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Sociales Jueves 27 de Agosto de 2026

El Papa León XIV asegura que "no hay mejor prevención contra las drogas que una buena familia"

El Santo Padre dijo estas palabras en el discurso que dirigió a los participantes del encuentro internacional sobre prevención, recuperación e integración de las personas que cayeron en las drogas.

Agrandar imagen El Papa León XIV lee su discurso a los participantes del congreso internacional sobre las situaciones de adicción en América Latina.
El Papa León XIV lee su discurso a los participantes del congreso internacional sobre las situaciones de adicción en América Latina. Crédito: Vatican Media

Por Eduardo Berdejo

CIUDAD DEL VATICANO, 27 (ACI PRENSA).- Hoy, jueves 27, el Papa León XIV agradeció a quienes trabajan en la prevención de las adicciones y les aseguró que la mejor manera de prevenir este flagelo es teniendo buenas familias, porque en ellas es donde la vida es cultivada y protegida.

El Santo Padre dijo estas palabras en el discurso que dirigió a los participantes del encuentro internacional sobre prevención, recuperación e integración de las personas que cayeron en las drogas, y que tuvo lugar en el Vaticano del 25 al 27 de agosto.

Se trató del evento "Respuesta basada en la fe a las drogas y al reclutamiento criminal de jóvenes: un diálogo desde América Latina y el Caribe hacia el mundo", promovido por la Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de Adicciones del CELAM, la Pontificia Comisión para América Latina y la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la OEA.

En su discurso, el Papa León XIV afirmó que "las adicciones son un fenómeno complejo que pone de manifiesto el fracaso de un mundo deshumanizado" y que el sufrimiento de los jóvenes "reclama respuestas integrales: prevención comunitaria, atención científica, justicia con rostro humano y acompañamiento pastoral cercano".

"Nuestra contribución tiene que ir dirigida al cuidado, la presencia y la reconstrucción del tejido comunitario", señaló.

Por ello, agradeció que el encuentro haya puesto de manifiesto la necesidad de trabajar en conjunto entre la Iglesia y los organismos internacionales, así como entre la ciencia y la fe, pues "la Iglesia no interviene en la problemática de las drogas con la pretensión de competir u ocupar el lugar de las neurociencias, la psiquiatría o la salud pública; sino que procura iluminarla desde el Evangelio con una comprensión integral de la persona humana".

Además, destacó la participación de personas venidas de todos los continentes "para compartir sus dolores, esperanzas y entusiasmos pastorales", así como la importancia del trabajo conjunto entre las diferentes confesiones cristianas, las cuales, "en la práctica del amor concreto por los que sufren, encuentran un lenguaje común muy elocuente desde la fe para acompañar e integrar a los jóvenes en sus necesidades y sueños".

"Pero permítanme detenerme un instante en una institución que recorre nuestro trabajo de manera transversal: la familia. La familia, que el Concilio Vaticano II la llamó justamente 'iglesia doméstica', es el lugar donde se cultiva la vida, donde se la cuida y proyecta. No hay mejor prevención contra las drogas que una buena familia", aseguró León XIV.

El Papa dijo que "somos testigos del dolor de muchas familias rotas, ya sea por el consumo de drogas, la violencia, el reclutamiento criminal de un hijo, la pobreza o la falta de oportunidades que empujan al costado del camino".

En ese sentido, señaló que San Juan Pablo II "pidió hacer de la Iglesia 'la casa y la escuela de la comunión'" y el Papa Francisco "recordó que Jesús quiere que 'toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás'". León XIV afirmó que "aquí queda expresado el núcleo de la misión que ustedes llevan adelante: que la Iglesia sea una familia, incluyendo especialmente a las personas que sufren".

El Santo Padre concluyó su discurso expresando el deseo de que "la Iglesia sea la familia de todas las personas que se quedaron al margen del camino".

"Como el samaritano, que se hizo prójimo del hombre caído, no pasemos de largo; construyamos una Iglesia que se detiene, se acerca, se conmueve, unge las heridas, alimenta y se convierte en hogar", alentó León XIV.

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