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Sociales Martes 12 de Mayo de 2026

Sensaciones y sentimientos: de botones y sus clases

Un botón. Un objeto del que cuesta trabajo referirlo de otro modo. Un botón botón, que no estaba disfrazado de nada ni oculto por otro elemento físico.

Agrandar imagen Elucubraciones acerca de los botones, sus usos y sus diferentes variedades.
Elucubraciones acerca de los botones, sus usos y sus diferentes variedades. Crédito: iStock

Por Hugo Borgna

Para empezar, con estricta justicia habrá que desmentir esa valoración generalizada que sostiene que si hay un objeto masivo y poco personal en sí mismo, es el botón. Se agrega como prueba que hay miles de comercios especializados donde se los puede hallar, pensados para diferentes diseños. La denominación que los refiere (alguna eventual “casa del botón”, por ejemplo) no podría ser más masiva: los consumidores reciben esa referencia y piensan en montañas de pequeños objetos circulares o cuadrados que, tal vez como prevención para que no ganen mérito, se destinan a diseños que los deja ocultos en el interior de una prenda, muchas veces disimulados en camisas o en chaquetas de profesionales de la salud.

Y no son todos iguales. Son especies que tienen múltiples utilidades, los hay similares para tipificar una prenda. Han ganado un lugar decisivo en el refranero popular.

¿No oyeron nunca mencionar al “botón de muestra”?

Sugieren como al pasar (dicen con seguridad “para muestra basta un botón”) que cada uno de exhibe cabalmente un diseño que lo hace su representante en el ámbito de personas que cubren su cuerpo. Define personalidades y estilos, y eso no es poco.

Se hizo una referencia en una revista (“Selecciones…”) que una agencia de publicidad, para incrementar las aptitudes creativas de los trabajadores, les exhibió un objeto de uso masivo y les pidió que expresen en un escrito para qué otro uso, además del obvio, podría ser útil ese objeto, todo para incitarlos a que den libertad a su imaginación.

El objeto en cuestión tenía (y sigue teniendo) una utilidad indiscutible, por lo que se podía pensar que la libertad creativa nacía cerrada por vacaciones. A pesar de la masividad del material que tenían a la vista, los resultados del examen dieron posibilidades impensadas, casi todas ideas locas. Imposibles de concretar, pero imaginativas y simpáticas, todas con nuevas posibilidades, lo que satisfizo a la agencia de publicidad. El personal que contrató debe todavía seguir trabajando en la empresa, si no es que se jubiló o creó una propia empresa del ramo.

¿Cuál fue el objeto inspirador?

Un botón. Un objeto del que cuesta trabajo referirlo de otro modo. Un botón botón, que no estaba disfrazado de nada ni oculto por otro elemento físico.

¿Se puede decir sin ofender, “un botón como cualquier otro”?

Contrariando períodos de antigüedad, necesariamente ambiguos porque no estábamos presentes para dar fe ni testimonio, se estima que los botones existen desde la edad de bronce y fue cambiando con el tiempo su objetivo o utilidad.

Por el año 2000 antes de Cristo, eran recogidos como restos de las mareas y, eso sí igual que en nuestros días, lucían como objetos decorativos, preservando la idea de la utilidad en las prendas de vestir. Los personajes públicos los perforaban y exhibían collares con los que demostraban su estatus y su poder.

Con el tiempo, la revolución industrial hizo lo suyo: permitió su masividad con el aporte de la estética. De ser un lujo de nácar o metal hasta el presente, se constituyó en más útil al usarse mediante el unificador plástico, con resultados de acentuar las personalidades más destacadas, con modos y claves como las que habían sido mostrados en el concurso de ingreso a la agencia de publicidad.

Era, sigue siendo un triunfador en todos los ámbitos.

Ahora son muchos los que se lucen con mérito de utilidad: se puede conseguir reemplazo de botón con relativa facilidad y manteniendo el diseño puesto en una prenda.

Claro que tanto diseño para marcar superioridad originó que no fuera tan igual el botón que se encontraba. A todos esos pequeños inconvenientes les llegaba la solución; eran reemplazados por otros modelos “parecidos”, tan útiles como se les pida aunque no tengan el mérito de la exclusividad.

El ingenio humano puede llegar a ser inagotable. Ha creado un tipo de inteligencia no humana como ayuda, pero tampoco ella sola logra solucionar la falta de botón “igual”. Con disimulo y mirando a un costado para disimular, se agregará ese elemento escondiéndolo en un pliegue de la prenda en cuestión.

Y el antiguo, abuelo o bisabuelo botón original, haciendo un gesto de triunfador, mostrará una verdad que siempre estuvo vigente: esa dice que como muestra basta un botón.

Y dirá para sus adentros una frase que lo caracterice en la Historia, con la seguridad del plástico o la paciencia fija de la piedra.

“Nunca habrá un ejemplar de botón del que se pueda decir que es “un botón como todos”.

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