Por Hugo Borgna
Quién sabe si no hubiera elegido para vivir el tiempo de Boccaccio; la naturaleza en pleno esplendor de su inocencia y la energía por ser. Y el atrevimiento de surgir sonriente al sol.
Alberto Domenella, abogado, fue también poesía pastoril musicalizando como las flores, el amanecer y la risa de la plenitud. Y la simplicidad profunda, incursionando en los sugestivos y aparentemente sencillos de elaborar haikus.
“A veces pienso - si la vida es un tránsito - o muero en ella”. “Si los sentidos - descubren realidad -la razón duda”. “En soledad – hablo con mi conciencia – tal vez con Dios”
O, músico desde el fondo del ser, busca una definición escondida: “Soy latido y razón – y me conmuevo buscándome indagante – en abismal silencio – trascendido en canto”
Alberto Domenella (cariñosamente “Tito” por sus contemporáneos) transitó la música, la poesía y la crítica literaria. Su profesión de abogado le permitió conocer el fondo del sentir de los humanos cotidianos y, lo que ellos tienen en común y lo que identifica las diferencias.
Como Boccaccio, su prosa está poblada de picardía. La habitan personajes hábiles por naturaleza o ventajeros que, necesariamente, debieron comportarse como tales para protegerse de aquéllos. Tito Domenella se sentía feliz cuando lograba conmover con entretenidas situaciones la conversación entre amigos. Los tuvo y fueron muchos quienes buscaron su contacto.
¿Alguno de los lectores fue perseguido por un ñandú?
“Hacía poco tiempo que había cumplido con el servicio militar y aún no había podido integrar algún conjunto musical. Esa tarde de enero de 1947(…) arribó a una estación de servicio un ómnibus con rótulos en los costados: “Orquesta Todo Ritmo”. Debían llegar al paraje “Ñandú Clueco” en Santiago del Estero para esa noche, necesitaban un músico por una ausencia forzada y allí estaba quien se ofreció para cubrirla (…) “Al poco tiempo se encontraba con su acordeón en el ómnibus rumbo a Ñandú Clueco.
“A las 21,15 la pista estaba repleta de gente y yo también, dispuesto a tocar” (…). Transcurría más de la mitad del baile, que culminaría a las 3 de la mañana, cuando el baterista dio con energía con el palillo sobre la cabeza de un ñandú que estaba dormitando al costado de la orquesta. No fue un solo golpe, mas bien varios, ya que la posición de la batería era muy cercana a la cabeza del mismo. Cuando la orquesta se había retirado y guardados casi todos los instrumentos en su funda, se escuchó un estrépito. El ñandú había rotos sus límites físicos, y perseguía ahora al baterista, deseoso de vengarse de la golpiza recibida. Vigoroso, arremetía contra mesas y sillas con todo éxito (…) Cuando finalmente el baterista logró subir al ómnibus, no terminó la persecución del bípedo: rodeaba al ómnibus y golpeaba con su cabeza los vidrios, buscando como destino el cuerpo del baterista. A las cinco de la mañana salieron de Ñandú Clueco y quedó como anécdota picante, cuando el bípedo estuvo lejos, su agresiva acción. Los ánimos estaban ahora menos temerosos. (Es notable como la distancia ayuda a quienes viajan dentro de un ómnibus y un ñandú debe conformarse solo con las patas provistas por la naturaleza.)
Alberto Domenella vivió 90 años. Hombre de los tiempos de la frescura natural y la vida gozada en plenitud, habría comprendido, como Giovanni Boccaccio, a los ingeniosos y, en cualquier tiempo, a los que sabrían sobrevivir de situaciones inesperadas con o sin embestidas de un ocasional ñandú.
Es verdad también que se podría hacer más completa esta historia, averiguando si él bípedo no estaba también opinando, a su modo, sobre la ejecución del baterista.