Por Guillermo Briggiler
El Chapulín Colorado, héroe de nuestra infancia, no puede acudir en nuestra ayuda, pero es otro tierno personaje para niños quien nos trae buenas noticias.
Parecería que Peppa Pig se disfraza de superhéroe y al mejor estilo Marvel y sale a rescatar a la economía argentina. Decimos esto porque la fiebre porcina, desatada a nivel mundial, afectó fuertemente a muchos países. Entre los que más sufrieron se encuentra China, quien al bajar su stock de cerdos, en lugar de demandar granos para alimentarlos como hacía hasta ahora, se convertirá en un gran importador de carnes en los próximos meses. Nuestro país, al no estar afectado por dicha enfermedad, se enfrentará a un inmenso negocio.
El Estado debe reaccionar y prepararse para convertirnos en el proveedor de porcinos que el mundo demandará. Pero, esta demanda del sector externo, podría devenir en subas internas de los precios de las carnes, tanto porcina, como vacuna y aviar, como sustitutas de la primera. Es ahí donde el Gobierno debe descubrir que este escenario es de gran utilidad para Argentina y en lugar de culpar al sector productivo por la suba de precios que se producirá por aumento de demanda, encuentre la manera de generar políticas que permitan abastecer al mercado interno y exportar todo lo posible, de manera que ingresen al país los ansiados dólares de la balanza comercial.
Ingresando los dólares del comercio exterior, se controla el tipo de cambio, que tanto dolores de cabeza nos causa. Mientras que para abastecer el mercado interno, la manera que la teoría económica seria y probada tiene, es aumentar la producción de manera que la oferta alcance a la nueva demanda. Esta teoría funciona para todos los bienes en general y es producto de las leyes de oferta y demanda que se estudian en el colegio secundario, con esto queremos decir que es de sencilla comprensión.
Aumentando la producción de bienes, obtendremos también el control de la inflación, la otra preocupación permanente. Es que la caída de los precios y la consecuente disminución de los índices de inflación debe darse a través de un aumento de la cantidad producida y no profundizando la recesión como se hace actualmente. Hablamos de todos los productos y no solo de las carnes. Si inundo el mercado de productos, a través de políticas públicas que fomenten la producción, como baja de impuestos, quita de barreras a la exportación, subsidios a las tasas de interés destinadas a la actividad productiva y correctamente instrumentadas, mejores transportes de mercaderías para reducir costos, entre muchas otras que podrían no ser onerosas para el estado, generarán un circulo virtuoso que redunda en más empleo para producir los bienes, más ganancias para productores, intermediarios y exportadores, más inversión en negocios productivos y rentables, baja de precios por atender la demanda, mayor recaudación impositiva por aumento de cantidades comercializadas y dólares para las reservas provenientes del comercio exterior.
Si por el contrario, frente a la suba de precios se le pide al gobierno políticas que protejan a los consumidores colocando techos arbitrarios al valor de los productos, se obtendrá todo lo contrario a lo expuesto en el párrafo anterior por falta de incentivos para producir. Esta última política ya la hemos experimentado con los resultados expuestos. En lugar de pedir que el gobierno proteja a los consumidores, deberíamos pedir que se proteja a los consumidores del gobierno. Al fin y al cabo la comisión que se paga para consumir es al menos del 21%, al que llaman IVA, solo para confundir.
Tenemos grandes desafíos, podemos enfrentarlos para crecer o escondernos para estar protegidos y pobres, en nuestro gobierno está la llave y aunque a muchos les moleste, no vendrá ningún superhéroe a salvarnos.
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