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Rural Viernes 30 de Enero de 2026

Cortinas forestales: una experiencia piloto en el periurbano de Rafaela expone costos y desafíos

Un integrante de la Asociación Productores Unidos de Rafaela lleva adelante desde 2022 una barrera forestal experimental en el oeste de la ciudad. El proyecto aporta datos técnicos y económicos clave.

Agrandar imagen APRENDIZAJES. La Barrera Forestal Modelo Experimental de la Asociación Civil Productores Unidos de Rafaela cumple tres años de existencia.
APRENDIZAJES. La Barrera Forestal Modelo Experimental de la Asociación Civil Productores Unidos de Rafaela cumple tres años de existencia. Crédito: FOTO ACPUR

La implementación de cortinas forestales en el periurbano de Rafaela, exigida por la normativa municipal vigente, cuenta desde hace tres años con una prueba piloto que permite dimensionar, con datos precisos, la complejidad técnica, operativa y económica de este tipo de iniciativas. Se trata de una barrera forestal experimental desarrollada por un productor integrante de la Asociación Civil Productores Unidos de Rafaela (ACPUR), emplazada sobre la Ruta Provincial 70, a la altura del kilómetro 86, a unos 700 metros de la Variante de la Ruta Nacional 34.

El proyecto implementado en el campo de la familia Delfabro se inició durante el invierno de 2022 con el objetivo de llevar a la práctica una experiencia real que permitiera evaluar la factibilidad de una cortina forestal a escala rural, en un contexto donde existen exigencias normativas pero escasa información sistematizada sobre cómo ejecutarlas y sostenerlas en el tiempo.

“Se decidió comenzar desde cero, evaluar en el terreno cada dificultad y registrar los costos reales que implica una barrera forestal en funcionamiento”, explicaron desde ACPUR en el informe que resume los tres primeros años de trabajo.

En su etapa inicial se implantaron 242 ejemplares en una traza total de 320 metros, con doble línea y diseño en tresbolillo. Las especies elegidas fueron 161 álamos boleana y 81 cina-cina, combinando el crecimiento rápido del álamo con la rusticidad y resistencia natural del cina-cina.

Desde el inicio, el proyecto dejó en evidencia que la implantación es apenas el primer paso. La presencia de la cotorra, una plaga de difícil control en el periurbano rafaelino, afectó especialmente a los álamos, dañando la corteza de los tallos y los brotes jóvenes, lo que provocó debilitamiento y pérdidas significativas.

Como consecuencia, debieron reponerse 141 ejemplares, lo que representa el 58% del tendido original, en tres campañas invernales consecutivas entre 2023 y 2025 -en 2023 se tuvieron que reponer 30 ejemplares, en 2024 un total de 38 árboles y en 2025 unos 50-. “Los años críticos son los de implantación y adaptación, cuando la planta todavía no logra afirmarse ni generar su propio hábitat”, advierte el informe.

Agua, logística y tiempo

Uno de los ejes centrales del modelo experimental de ACPUR es el análisis del mantenimiento, donde se concentran la mayor parte de las dificultades y de la inversión. El informe remarca que contar con agua de calidad, en cantidad suficiente y con cercanía al lugar de aplicación, es una condición indispensable para la supervivencia de la barrera forestal.

El riego se realiza con aplicaciones cercanas a los 10.000 litros por jornada, lo que equivale a unos 22 litros por planta. Para ello, es imprescindible disponer de sistemas de extracción, traslado y distribución del agua, además de accesos adecuados para que los carros regadores puedan llegar hasta el pie de cada ejemplar, algo que no siempre es sencillo en zonas periurbanas.

A esto se suma la enorme demanda de mano de obra. El riego y el desmalezado requieren personal disponible durante largas jornadas y en horarios específicos. En verano, muchas tareas deben realizarse antes del amanecer o incluso de noche, con iluminación artificial, para evitar las altas temperaturas. En invierno, en cambio, el trabajo se ve condicionado por el acortamiento de las horas de luz y por los excesos de humedad propios del otoño.

“El mantenimiento no solo es costoso en términos económicos, sino también logísticos y humanos”, remarcan desde la entidad.

Factores externos y normativos

El informe también detalla una serie de problemáticas externas que afectan de manera directa a la barrera forestal. El vandalismo, el robo de tutores y la quema de cables para el robo de cobre, que genera incendios al pie de los árboles, aparecen como amenazas recurrentes.

Otro factor señalado es la presencia de animales sueltos, como chanchos y caballos, que dañan cortezas y follajes, comprometiendo el desarrollo de las plantas. A ello se suma la contaminación con basura urbana, que queda atrapada entre ramas y troncos, especialmente en especies espinosas como el cina-cina.

En paralelo, ACPUR advierte sobre la imposibilidad de aplicar tratamientos para plagas y enfermedades. Aunque algunos productos están autorizados por organismos sanitarios nacionales, la normativa local impide su uso, lo que deja a los productores sin herramientas eficaces para enfrentar problemas como el de las cotorras.

“Estos y muchos otros desafíos hacen que encarar una barrera forestal de apenas 310 metros sea una verdadera proeza”, resume el documento.

Costos reales y debate político

El análisis económico arrojó una inversión total de 27.906 dólares durante el primer trienio, sin contabilizar otros gastos no especificados. Solo el 23% de ese monto correspondió a la plantación inicial y las reposiciones, mientras que el 77% restante se destinó al mantenimiento, principalmente riego y desmalezado.

En términos concretos, el costo alcanza los 115 dólares por ejemplar o cerca de 90 dólares por metro lineal forestal en apenas tres años.

La experiencia se da en un contexto de revisión de la normativa local. Días atrás, el Concejo Municipal de Rafaela aprobó un proyecto para facilitar el cumplimiento de la ordenanza original sobre cortinas forestales en el periurbano, incorporando herramientas de acompañamiento y criterios más ajustados a la realidad productiva.

Desde ACPUR destacaron la iniciativa y subrayaron que “las cortinas forestales son un bien común”, pero advirtieron que su concreción requiere planificación, consenso y un acompañamiento institucional acorde a la magnitud del desafío.

Más que una barrera, concluye el informe, se trata de un punto de unión entre la ciudad y el campo, una integración que necesita algo más que exigencias normativas para convertirse en realidad.

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