Por REDACCION
Los últimos años no han sido nada fáciles para el campo. Las políticas, la inflación, incluso la devaluación afectaron todas las iniciativas comerciales, en cuanto a granos, carnes, lácteos y demás productos, pero también en lo que respecta a la tierra.
La semana anterior, la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales pidió el levantamiento del cepo cambiario y reiteró "los perjuicios provocados por estas medidas y las innumerables oportunidades de inversión perdidas en este largo lapso de tres años", haciendo alusión a la medida que restringió la compra y uso de moneda extranjera desde 2012. Con decenas de alternativas que con el correr del tiempo se fueron agregando, incluso con la salida posible actual hacia un dólar ahorro sin porcentajes de quita, la cuestión no levanta.
A través de un comunicado la CAIR sostuvo que "habiéndose cumplido el tercer aniversario desde la implementación del denominado “cepo cambiario” y en vista del perjuicio económico producido en la actividad inmobiliaria rural, solicita una vez más a las autoridades nacionales el levantamiento de las restricciones vigentes para las operaciones cambiarias en carácter de urgente". En tanto, “los negocios de tierras en la Argentina, están dolarizados desde hace más de 40 años y responden a un parámetro monetario de medición internacional”.
Es por esto que "instamos a que, a la brevedad posible, los responsables atiendan nuestros reclamos, los cuales provienen de un sector castigado injustamente por estas medidas y que peticiona por el fin de dichas acciones con el único propósito de lograr en el corto plazo la reactivación del mercado inmobiliario rural", sostuvieron ante una situación que "se torna insostenible para nuestra economía y para todo el sector inmobiliario en general".
La entidad de comercio de inmuebles rurales destacó que "es necesaria la reactivación de las operaciones, a través de la generación de reglas claras y sencillas para el movimiento de fondos dolarizados, sean estos dentro o hacia afuera de nuestro territorio", resalta el comunicado.
Por lo tanto, añadieron "nos ofrecemos para aportar soluciones a la profunda crisis que está atravesando el Sector y estamos convencidos que el único remedio aplicable, que morigeraría en parte esta penosa situación, es el levantamiento inmediato de toda restricción cambiaria existente", finalizó la cámara.
PARA ANIMALES
El tema no es muy disímil en Rafaela y la región.
Desde Comercial Urbana, una de las firmas más especializadas en el plano agropecuario reconocen que “en estos últimos meses hubo un aumento en la cantidad de consultas tanto para venta o alquileres de campos”, lo cual tiene cierta raigambre en el aumento en los precios de la carne, con lo cual “creció el interés por los campos ganaderos y los mixtos, que antes se destinaban a la agricultura. La gente volvió a poner en marcha el molino para retomar a la actividad ganadera”.
Esto es lo que impulsa la actividad recientemente. “Nosotros vendimos más de 20.000 hectáreas en Santa Fe y estamos negociando 30 mil más en la provincia para inversores que van a hacer cría de manera extensiva”, siendo el sector posible de mayor oferta y demanda.
En tanto, “los campos agrícolas, salvo algunas excepciones, han bajado un poco de precio si se tiene en cuenta el dólar blue, pero se mantienen en el dólar oficial”. Desde Comercial Urbana analizan que “hay una fuerte apuesta con la carne como en su momento lo fue con los commodities, no es que los productores dejaron de lado la actividad agraria, pero se nota que muchos de los campos mixtos, que en su momento siempre fueron ganaderos y que luego se pasaron a campos sojeros, ahora lo están reacondicionando para volver a poner animales ahí”.
Es así que las oportunidades de inversión son claves en este momento, con una oferta de la firma de 200 ha. en alquiler en Roca para ganadería, 140 en venta en Egusquiza para agricultura, 17 en venta en Roca para ganadería, 33 en venta en Roca para ganadería, 100 has en venta en Morteros con tambo en funcionamiento, entre otras alternativas.
Por su parte, Luis Gaggiotti analizó que en el último año “hubo muchas consultas en el primer semestre en el que se registraba cierta estabilidad en los commodities, cuando los precios todavía eran relativamente buenos; y aquellos campos que se habían adaptado a la realidad con una reducción de hasta 15 por ciento en su valor, respecto a dos o tres años atrás, hemos logrado vender algunos, sobre lo que los inversores señalan como una apuesta al cambio en la política agropecuaria posterior a 2015”. En tanto, la segunda parte del año con la influencia de las gestiones con los fondos buitre, la inestabilidad del dólar, la alteración de tasas, “provocaron una transición en la que la gente todavía no sabe cómo posicionarse con la baja de los precios de la soja, el trigo, el maíz o la leche”.
El responsable de Gaggiotti Inmobiliaria habla de una fluctuación en las ventas muy amplia en estos dos años, con una pesificación de los valores que fue lo que también cambió la mirada sobre la venta de campos en toda la región, específicamente, para lo cual hubo que apostar a la “imaginación” para poder concretar las transacciones que se completaban entre pesos, dólares, e inmuebles a cambio, pero también con los Cedin, estos Certificados de Depósito para Inversión, que con el blanqueo de capitales movilizaron hace tiempo la estructura cambiaria.
Hoy las ventas se dan casi sin condiciones, sin mucha expectativa local en que se cambien las condiciones del cepo, el tipo de cambio, más aún teniendo en cuenta que según Gaggiotti, “los campos han aumentado recientemente cuatro o cinco veces su precio en dólares, mientras que los inmuebles urbanos van por el 50 por ciento, por lo tanto la relación que existe es muy importante, si se tiene en cuenta la cantidad de metros que se pueden adquirir en la ciudad, al vender una hectárea de campo, de manera muy ventajosa, sobre todo en la comparación de lo que sucedía una década atrás”.
La incertidumbre sigue reinando, las decisiones son muy meditadas y hasta en el cierre de contratos de alquiler los números se miden cifra a cifra, para no perder más de lo que la propia actividad propone.
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