Recientemente, el Gobierno nacional despidió a la totalidad del equipo de especialistas que coordinaba el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), a lo que la Fundación por las Cardiopatías Congénitas de Santa Fe respondió mediante el siguiente comunicado:
Ante los recientes comentarios expresamos que:
LA INCERTIDUMBRE EN SI MISMA ES UNA FORMA DE DAÑO
Cuando se habla de salud pública, ¿alcanza con decir que “está garantizada”?
Si un programa es una política de Estado con más de 15 años de trayectoria,
si está respaldado por una ley nacional vigente,
si salvó miles de vidas y fue modelo internacional…
* ¿Cómo se garantiza su continuidad cuando se desarticula el equipo técnico que le da sentido?
Si responder un tweet es fácil,
pero los recortes en salud son reales,
* ¿Qué garantía concreta tienen hoy las familias que dependen de estas redes para que sus hijos vivan?
Si las cardiopatías congénitas requieren diagnóstico oportuno, derivación correcta y equipos especializados,
*¿puede un programa sostenerse sin cardiólogos expertos que evalúen, orienten y decidan a tiempo?
Si hacer las cosas bien y a tiempo salva vidas y además es más económico,
* ¿Quién asume el costo humano y financiero de hacerlas mal, tarde o sin conocimiento?
Si la salud no admite improvisación,
* ¿Qué pasa cuando las decisiones se toman desde una lógica administrativa y no sanitaria?
Si el Programa Nacional nació para federalizar la atención y evitar que el lugar de nacimiento defina el destino,
* ¿no es un retroceso volver a centralizar, fragmentar y debilitar la red?
En Santa Fe supimos lo que era estar cubiertos por un programa provincial que trascendió gestiones y colores políticos.
Hoy ese programa no está renovado.
Está “en el Ministerio de Economía”.
* ¿Cuánto pesa la espera cuando se trata de la salud de niños y niñas?
Las cardiopatías congénitas no esperan.
Las familias no esperan.
La vida no espera.
No hablamos de estructuras ni de cargos.
Hablamos de personas.
De bebés que necesitan llegar a tiempo.
De familias que dependen de que el sistema funcione sin fisuras.
Si una política pública se convierte en ley para proteger a los más vulnerables,
* ¿Qué sentido tiene vaciarla en la práctica aunque siga existiendo en los papeles?
Si el propio Presidente, cuando era candidato, fue el único en votar contra la ley que dio marco legal al Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas,
* ¿no es legítimo preguntarnos qué pasará hoy con esa política de Estado?
Si hoy se niega el desmantelamiento,
pero se desarman equipos,
se rompen redes,
y se traslada la responsabilidad a quienes sostuvieron el programa durante años,
*¿no es la incertidumbre en sí misma una forma de daño?
Porque en salud, la duda también mata.
La espera también enferma.
La desorganización también deja secuelas.
Durante más de 15 años este Programa demostró que cuando el Estado, los equipos de salud y las provincias trabajan en red,
los resultados no son discursos:
son vidas que se salvan.
Por eso preguntamos.
Porque callar no es una opción.
Porque defender lo construido no es ideología: es responsabilidad.
La salud no se optimiza.
La salud se garantiza.
Y garantizar no es decirlo: es hacerlo, todos los días.
LORENA TOMASIN ERICA BODE
Secretaria Presidente