Con la exposición a cargo de Leonardo Favre, licenciado en Bromatología por la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) y doctor en Química Industrial por la Universidad de Buenos Aires (UBA) en el Concejo Municipal, continuó el martes la agenda de presentaciones de especialistas en la aplicación de productos fitosanitarios y su impacto en el ambiente, en particular en áreas periurbanas. La consigna de este programa "intensivo" de formación es acumular información que permita actualizar el debate en torno a los límites agronómicos y buscar consensos para actualizar una ordenanza que fue objetada en el ámbito judicial. La actividad se sumó a las presentaciones ya realizadas el lunes y el mismo martes, en este caso efectuadas por las ingenieras Ángeles Lessman (UNL) y María Sol Muñoz (UBA), quienes anteriormente expusieron distintos enfoques y experiencias sobre la temática.
En la apertura, la presidente del Concejo Mabel Fossatti repasó el destacado currículum de Fabre, que incluye además de su formación académica, experiencia profesional en el país y el exterior, en gestión pública y coordinación de programas, trabajo en docencia, y divulgación y comunicación pública de la ciencia.
Al compartir su presentación, de manera virtual y bajo el título "Fitosanitarios, salud y ambiente. De la evidencia científica a las buenas prácticas agrícolas", el profesional aclaró inicialmente que se desempeña como coordinador de Asuntos Científicos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), una institución que representa a las empresas que desarrollan productos sanitarios.
Los temas abordados fueron: qué son los fitosanitarios; Riesgos, toxicidad y exposición; Investigación y desarrollo; Seguridad para la salud humana; Seguridad para la salud ambiental; Transportabilidad de datos; Calidad de la evidencia; y Conclusiones.
“Usamos fitosanitarios porque permiten controlar plagas que afectan la calidad de los alimentos que producimos en el campo, contribuyen a sostener el rendimiento de cultivos agrícolas, reducen las pérdidas de los alimentos, y son una herramienta relevante en lo que hace al desafío de producir alimentos para una población en constante crecimiento”, expresó el profesional. En cuanto a la seguridad para la salud humana, remarcó que los fitosanitarios requieren un proceso de evaluación y aprobación previo a su comercialización.
Sobre los desafíos ambientales, comentó que en las regulaciones se han incorporado procesos de evaluación de riesgo de hace varios años, con lo cual, producir alimentos hoy significa un abordaje responsable con el medioambiente en el cual desarrollamos la actividad agrícola.
“Los fitosanitarios en Argentina están regulados a partir de dos Resoluciones del SENASA, que si bien son nuevas, preceden a estas la 350 del año 99, con una mejora en los procesos de evaluación. Los fitosanitarios son productos de síntesis química o de origen biológico que están regulados, cuya función es prevenir y controlar cualquier desarrollo de organismos nocivos que puedan perjudicar el normal desarrollo del cultivo agrícola”, informó.
En relación al proceso de investigación y desarrollo de un producto fitosanitarios, hay tres grandes etapas: Fase de descubrimiento temprano, Fase de estudio piloto (con ensayos preliminares); y Fase de evaluación de peligro, haciéndose investigaciones solamente en animales de experimentación. Esa batería de estudios, luego conforma el dossier de producto, que es como una gran carpeta que va a tener toda la información relevante que será presentada a la autoridad regulatoria de cada país. Si esta considera que el producto cumple con la normativa vigente, lo va a aprobar. Todo ese proceso, tiene aproximadamente una duración de 12 años e implica para la compañía que quiera hacer el registro, invierta unos 300 millones de dólares.
En cuanto a las vías de exposición a tóxicos informó que son tres: la dérmica, inhalatoria y la oral; y explicó los procedimientos toxicológicos de los productos y cuando esos mecanismos son relevantes o no para los seres humanos, ya que hay algunos se dan solamente en animales de experimentación.
“En cuanto a evaluaciones de riesgos y valores de referencia toxicológica, debajo de estos recién van a estar las exposiciones humanas. Es decir, los usos agronómicos evaluados y aprobados que vayamos a obtener de una sustancia, siempre van a estar muy por debajo de los valores que están con efectos adversos. La dosis va a estar al menos 100 veces por debajo de una que podría llegar a provocar un efecto adverso”, indicó Fabre.
Con respecto a la salud ambiental, esto varía de acuerdo a cada país, necesitando conocer cuales son las dosis que pueden provocar algún efecto en los ecosistemas. Una vez determinado esto, se hace una caracterización de riesgo: integrar la toxicología de las sustancias con la exposición que tenga ese ambiente ya sea acuático, las abejas (polarizadores), las aves y los organismos que viven en el suelo.
“Tanto para la evaluación de riesgo ambiental como de riesgo humana, siempre vamos a obtener las peores condiciones de uso del producto, lo que nos permite tener un escenario sumamente conservador de lo que es la potencial exposición. Un fitosanitario puede ser aprobado para los usos propuestos, bajo un perfil de buena práctica autorizado, cuando presentó un riesgo ambiental aceptado”, aclaró el experto en la materia.
También hizo referencia a las etiquetas de los productos fitosanitarios, que contienen la comunicación de los peligros y riesgos, y tienen toda la información para que esos productos puedan ser utilizados conforme a la normativa, y evaluación que obtuvo. Por otro lado, informó que Argentina es un país que suscribe a la regulación de la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), y exige estudios realizados por dicho organismo y buenas prácticas de laboratorio, elaborándose luego un dossier único con toda la información que es presentado a las autoridades regulatorias de cada país.
Conclusiones
Finalizando su exposición, Favre dejó en claro que para que un producto fitosanitario sea aprobado para uso determinado, tuvo que tener una evaluación científica que demuestre que bajo las condiciones evaluadas y aprobadas, la exposición a las personas y el ambiente permanece por debajo de los niveles de referencia establecidos.
También, que la evaluación científica de los fitosanitarios requiere una evidencia confiable, trazable, y generada mediante protocolos estandarizados y buenas prácticas de laboratorio que permitan tener la garantía de esa información. Y que las decisiones regulatorias se basan en el peso de la evidencia científica y en el conjunto de la evaluación de esos estudios y no un proceso o documento aislado.
“Proteger la salud humana, cuidar el ambiente, producir de forma sustentable no son objetivos contrapuestos. Requieren decisiones basadas en la ciencia, buenas prácticas agrícolas y controles eficaces de los sistemas", sostuvo Favre.
Consultas
La concejal Valeria Soltermam consultó sobre los fitosanitarios de banda verde, cuyo nivel de toxicidad es muy bajo, pero no por eso deja de contar con una franja que recomienda tener “cuidado”.
“En realidad, las bandas toxicológicas están valuadas bajo los criterios de la FAO. Siempre va a haber una clasificación toxicológica porque ese color de la banda esta asociada con la toxicidad aguda, oral y dermal. Los productos fitosanitarios no son productos inocuos, son productos que tienen una toxicidad, por eso deben ser utilizados para el uso y las condiciones en las cuales fueron establecidos. No es que yo puedo utilizar un producto de banda verde en cualquier forma. El producto es un producto tóxico porque fue desarrollado y creado para ese fin, ya sea un herbicida, insecticida, un fungicida, un acaricida. Tienen una función que es tóxica para un determinado rol, pero sí se conoce y se puede establecer el marco de referencia seguro para no tener problemas en la salud humana o el ambiente”, le contestó el ingeniero.
Y el concejal Juan Scavino, le preguntó si la afectación de lo ambiental, podría también generar algún tipo de inconveniente en las personas. A lo que Favre contestó: “Los dos procesos suceden de forma simultánea. Usted lleva adelante la evaluación de toxicidad para los humanos, y la toxicidad para el ambiente. Cada una va a obtener los set points toxicológicos, que no es un único número. Siempre se trabaja con el set point toxicológico de máxima relevancia, o sea, de mayor efecto. Por eso siempre la evaluación de riesgo es muy conservadora, porque uno va a buscar que siempre esté en una condición donde se puede llevar a producir la máxima exposición, porque si yo estoy protegido ante esa condición, las demás condiciones están en un nivel seguro. Si uno lleva adelante la evaluación de riesgo para los humanos y la evaluación de riesgo para el ambiente, y a ambas dan que el sistema está protegido, recién ahí usted puede adquirir la aprobación del producto”.
Para cerrar, Favre recalcó lo dicho con anterioridad: “Nosotros pudimos conocer en los animales de experimentación cuales son las dosis tóxicas. Y aplicamos un factor de seguridad de al menos 100 veces, por lo tanto, el nivel de seguridad que obtuvimos en relación a lo que pueda suceder con los humanos es muy grande, porque 100 es un valor muy relevante. El nivel de seguridad siempre es muy grande tanto para los humanos como para el ambiente, siempre que usted utilice los productos conforme al uso aprobado”.
Luego de que Fossatti le agradezca su participación, la reunión se dio por concluida.