Los Bomberos Zapadores de Rafaela volvieron a demostrar que su tarea va mucho más allá de incendios y siniestros viales. Esta vez, los protagonistas fueron dos gatos curiosos, algo traviesos y hasta quizás demasiado confiados, que necesitaron ayuda profesional para salir de situaciones poco habituales.
El primero de los rescates ocurrió ayer lunes, minutos antes de las 14, en un local comercial de bulevar Hipólito Yrigoyen al 400. Allí, un felino decidió explorar más de la cuenta y terminó ingresando a una cañería de desagüe. Ante la preocupación de su cuidadora, se dio aviso a los bomberos, que se constituyeron en el lugar y accedieron al comercio con autorización de la propietaria.
Lejos de escenas dramáticas, el operativo tuvo un detalle tranquilizador: el gato estaba “limpio y seco”. Desde una cámara de inspección, el personal introdujo un tramo de manguera para incentivar al animal a desplazarse hacia la salida del entubado. La estrategia funcionó a la perfección y, tras algunos minutos de expectativa, el felino salió por sus propios medios y fue entregado sano y salvo a su responsable.
Menos de un día después, este martes al mediodía, hubo una nueva convocatoria, esta vez en la intersección de Providenti y avenida Brasil, en barrio Belgrano. El escenario cambió, ya que en lugar de una cañería, el problema estaba a unos cuatro metros de altura. Un gato había quedado varado en la copa de un árbol y no lograba bajar solo, desmintiendo -al menos por esta vez- el mito de la autosuficiencia felina.
La dotación desplegó una escalera desde la unidad y realizó el rescate sin inconvenientes. El animal fue bajado con cuidado y entregado nuevamente a su cuidadora, cerrando otro episodio con resultado positivo.
Dos intervenciones distintas, un mismo desenlace y una constante que es la rápida respuesta de los bomberos, que también están listos cuando las emergencias tienen bigotes, maúllan y, a veces, se meten donde no deben.