Tras haber quedado firme la protección de los 200 metros libres de fumigación total en el 2023, y el pedido del juez Matías Colón para que el Concejo elabore una nueva ordenanza basada en la participación, evaluaciones ambientales y evidencia científica, este lunes arrancó una ronda de consultas con especialistas en el tema. La segunda exposición de la mañana fue presencial y estuvo a cargo del Ingeniero Agrónomo José Jauregui, quien es doctor en Ciencias Agrarias y entre otras actividades profesionales, Asesor Senior en Agricultura Animal y docente en la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
Luego de la lectura de su amplio currículum por parte de la presidenta del Cuerpo Mabel Fossatti, el ingeniero recién llegado de Colombia comenzó su disertación que se basó en tres ejes: social, económico y ambiental, los que conforman el concepto de Sostenibilidad Integral.
En cuanto al modelo productivo actual, explicó que una de las características es el aumento de la población y la limitante de tierra para poder producir. Por otro lado, el crecimiento de la producción permite residir en ciudades y no tener que vivir en el campo para producir nuestro propio alimento.
Mostrando gráficos en power point, dijo en cuanto a los agroquímicos que Argentina ocupa el puesto 31 a nivel mundial en términos de kilos de fitosanitarios por hectárea, un índice nada malo con respecto a otros países. A su vez, el uso en nuestro en país de lo que es Clase 1 de tóxicos (más alta) ha venido cayendo en forma dramática, mientras que el 75% de la paleta de productos que se usan en el sector agropecuario son de Clase 4, sucediendo algo similar a nivel global por controles estatales y el avance de la tecnología, logrando productos más efectivos y menos tóxicos.
“Si uno mira un poco lo que pasa en el mundo, no hay países que tengan semejantes restricciones en términos de distancia. La distancia no me dice nada, es un principio precautorio que me hace sentir mejor”, afirmó el profesional. También habló sobre el impacto positivo que tienen la altura de las cortinas forestales.
“Lo que está surgiendo es el concepto de química de precisión. Argentina es uno de los países más innovadores del mundo. Muchas veces la química es considerada algo malo, pero todo es químico, entonces el problema acá es la dosis. Además del buen uso, es la dosis”, sostuvo el profesional.
Seguidamente, mostró fotos de productos que usamos cotidianamente, que presentan clasificación toxicológica en distintas medidas, como los repelentes que nos ponemos sobre la piel.
Dijo que el concepto de dosis aún cuesta incorporarlo, que hay que entender que la relación no implica causalidad, y en cuanto a efetos crónicos, comentó que un estudio en USA de más de 20 años en agricultores y sus esposas, no encontró asociación entre el glifosato y el cáncer.
También sostuvo que muchas los medios tergiversan la información científica, o para sacar conclusiones, los científicos no toman suficientes pruebas.
“Es la forma en que se perpetúa el relato, y se genera preocupación innecesaria. Estoy muy a favor de cambiar el chip de producción, pero cambiarlos es hacer un uso responsable de agroquímicos que lo estamos haciendo; trabajemos en reducir el impacto en los productos, que es lo que hacemos, usemos tecnología, y eso estamos haciendo. No resetear todo e irnos a vivir al campo. Hay que aceptar que hay que utilizar algunos productos para poder sostener este sistema de producción y la vida como la conocemos”, sostuvo.
Al indicar un gráfico, mostró una curva de expectativa de vida en aumento, indicando que los países que usan plaguicidas o agrotóxicos, están protegiendo a su población de roedores, mosquitos o moscas, grandes transmisores de enfermedades.
En coincidencia con lo que anterior había manifestado el ingeniero Ernesto Viglizzo, Jauregui dijo “no hay evidencia científica que demuestre la relación entre el cáncer y el uso de los productos en cuestión”.
Casi al final de su disertación, hizo referencia a un trabajo de la UBA respecto a la agricultura orgánica, que según consideró es restrictiva, aunque muchos la promueven.
“Si vamos a una cultura orgánica, sin insumos, bajamos entre un 20 y un 30% la producción, lo que tiene consecuencias a nivel global. Es un camino que Argentina lo está recorriendo también, se empezaron a probar productos biológicos, pero va a llevar por ahí un poco más de tiempo. Los resultados no son tan inmediatos, pero en el corto plazo va a haber cada vez más información respecto a ellos. Buscan reducir el impacto ambiental, pero también puede acarrear otras cosas nuevas. Cada vez que la humanidad resuelve un problema, genera otro. Habrá que ver como hacer para equilibrar ese ambiente con el nuevo producto biológico. Hay cada vez más información y creo que es una vía que también nos va a permitir ser más amigables con el ambiente”, dijo el especialista.