Hay quienes llegan a la Universidad de la Mediana y Tercera Edad (UMTE) para aprender un idioma. Otros quieren conocer más sobre historia, practicar yoga, cantar en un coro, bailar folklore o simplemente entender un poco mejor cómo funciona el celular. Pero muchas veces sucede algo más.
En la UMTE, ubicada en Bulevar Lehmann 570, las clases terminan siendo la puerta de entrada a nuevas amistades, grupos, viajes compartidos y proyectos que exceden largamente el contenido de un curso. Hoy son más de 400 las personas que participan de sus distintas propuestas, en una institución que recibe a concurrentes desde los 40 años y que, desde hace más de tres décadas, forma parte de la vida social y educativa de Rafaela.
Para buena parte de sus estudiantes, especialmente quienes ya dejaron atrás la vida laboral, existe allí la posibilidad de descubrir otro tiempo. Un tiempo para aprender sin rendir exámenes, sin perseguir un título y sin otra obligación que las propias ganas.
Y esa dimensión social tiene un peso importante. El aula puede ser también un lugar de encuentro y contención. Estudiar puede convertirse en la excusa para salir de casa, conversar, conocer a alguien, organizar un viaje o simplemente tener una actividad esperada cada semana. En ese sentido, la sociabilización aparece como una parte importante del bienestar que encuentran quienes concurren a la institución.
La composición de la UMTE también fue cambiando con los años. Si hace aproximadamente quince años la enorme mayoría de sus estudiantes eran mujeres, cada vez son más los hombres que se acercan a sus propuestas y encuentran allí un espacio de formación y de construcción de vínculos.
Más de 30 años en Rafaela
La UMTE lleva más de 32 años formando parte de la comunidad rafaelina. Su administración está a cargo del Grupo PASI, asociación que actualmente preside Beatriz Morales, mientras que la dirección de la institución está en manos de Alicia Blangino.
A lo largo de estas décadas cambiaron los talleres, las generaciones y hasta las herramientas que fue necesario aprender a utilizar. Sin embargo, permanece una idea que atraviesa toda la historia de la institución: nunca existe una edad determinada para dejar de aprender.
La propuesta tampoco queda limitada a las aulas. A los cursos y talleres se suman actividades de extensión abiertas a la comunidad, encuentros y viajes que permiten prolongar los vínculos construidos durante las clases. Ese recorrido tendrá próximamente una nueva instancia fuera de la ciudad.
En los primeros días de octubre se realizará en Bogotá el Congreso de UNI3 de América Latina, encuentro que reúne a universidades abiertas de distintos países de la región. La UMTE representará allí a Rafaela y será, además, una de las tres instituciones argentinas que participarán del encuentro.
Una visita y una historia que continúa
En este contexto, los concejales del bloque del Partido Justicialista, María Paz Caruso, Valeria Soltermam y Maximiliano Postovit, visitaron la sede de la institución y mantuvieron una reunión con Blangino y Morales. Durante el encuentro conocieron las propuestas que se desarrollan durante este año, las actividades de extensión y las distintas iniciativas que llevan adelante quienes integran la comunidad de la UMTE.
La visita permitió poner nuevamente en escena una experiencia que ya lleva más de tres décadas en Rafaela y que continúa sumando participantes. “Lo que encontramos en la UMTE es mucho más que una propuesta educativa. Hay personas que, después de toda una vida de trabajo y obligaciones, deciden darse tiempo para aprender, conocer gente, viajar y empezar cosas nuevas”, señaló Caruso.
Soltermam, en tanto, destacó la participación de la institución en el congreso latinoamericano de Bogotá y consideró que se trata de un reconocimiento al recorrido realizado por la UMTE.
Más allá de las aulas, los cursos y los congresos, quizás allí esté una de las claves de esta universidad tan particular: demostrar, con más de 400 personas participando de sus actividades, que aprender no pertenece exclusivamente a una etapa de la vida.
A veces, anotarse en un curso es apenas el comienzo.