Por REDACCIÓN
Por Victoria Cardiel
CIUDAD DEL VATICANO, 7 (ACI PRENSA).-Durante la Misa de la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa aseguró que Dios no se manifiesta “en lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”, e invitó a los fieles a buscar la paz al reconocer su presencia allí donde nace la vida frágil.
“Amar la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo y que precisamente por eso está naciendo: pequeño, delicado y frágil como un niño. A nuestro alrededor, una economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar”, aseguró el Pontífice en una de las últimas celebraciones litúrgicas de su primera Navidad como sucesor de Pedro en la que estuvo presente el presidente de la República italiana, Sergio Mattarella.
En su homilía, aseguró que la visita de los Reyes Magos a Jesús debe llevar a los cristianos a contemplar y servir a “una humanidad magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por Dios, que por amor se hizo carne”.
En su predicación, León XIV destacó que la Epifanía revela a un Dios que se “deja encontrar”, como lo hicieron los Reyes Magos, que con “alegría” fueron capaces de dejar atrás “el palacio y el templo para ir hacia Belén”. Se trata, explicó, de una búsqueda que exige salir de los caminos del poder.
“Sus caminos no son nuestros caminos, y los violentos no consiguen dominarlos, ni los poderes del mundo los pueden obstruir”, insistió el Papa, antes de dirigir un llamado concreto a la Iglesia.
Rechazar “unidos los halagos de los poderosos”
“Si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora. María, Estrella de la mañana, caminará siempre delante de nosotros”, aseveró.
El Pontífice contrapuso la actitud de los Reyes Magos a “la turbación experimentada por Herodes”, que “intenta aprovecharse del deseo de los magos manipulando su búsqueda en beneficio propio”. La alegría del Evangelio, en cambio, continuó el Papa, “nos libera; nos hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos”.
Desde el altar de la Confesión, en la Basílica de San Pedro, León XIV subrayó el carácter radicalmente gratuito de la manifestación de Dios en el Niño de Belén: “Nadie puede vendernos esto. El Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”.
El Papa constató que celebrar la Epifanía del Señor es ser “conscientes de que ante su presencia nada sigue como antes”. “Este es el comienzo de la esperanza. Dios se revela, y nada puede permanecer estático”, afirmó.
Cierre del Jubileo de la Esperanza
Poco antes de la celebración eucarística, el Papa realizó el rito del cierre de la Puerta Santa de la basílica vaticana, con el que quedó clausurado oficialmente el Jubileo Ordinario de 2025, dedicado a la Esperanza.
León XIV expresó su preocupación por “la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos”, que consideró “mucho más rica de lo que quizá podamos comprender”. De este modo, planteó una pregunta directa a los fieles tras el Año Santo: “¿Seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino y en el diferente a un compañero de viaje?”.
“El Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar, es más, que estamos aún en los comienzos, que el Señor quiere crecer entre nosotros, quiere ser el Dios-con-nosotros. Sí, Dios cuestiona el orden existente; tiene sueños que inspira también hoy a sus profetas; está decidido a rescatarnos de antiguas y nuevas esclavitudes”, aseveró.
“El Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar”
En este contexto, comparó a estos peregrinos con los magos del Evangelio: “Los magos aún existen. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje; que en un mundo complicado como el nuestro, a menudo excluyente y peligroso, sienten la exigencia de ponerse en camino, en búsqueda”.
Por ello, León XIV insistió en que quien cruza la puerta de una iglesia debería percibir que allí “el Mesías recién ha nacido”, que allí se reúne una comunidad en la que “ha surgido la esperanza” y “se está realizando una historia de vida”.
“El Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar”, afirmó. “Estamos aún en los comienzos: el Señor quiere crecer entre nosotros, quiere ser el Dios-con-nosotros”. Un Dios que —dijo— “cuestiona el orden existente”, inspira a sus profetas y quiere rescatar a la humanidad de antiguas y nuevas esclavitudes, involucrando a todos en sus obras de misericordia.