Por REDACCIÓN
Por Diego López Marina
CIUDAD DEL VATICANO, 2 (ACI PRENSA).- Spilimbergo, una localidad del noreste de Italia, el tiempo parece avanzar a un ritmo distinto. Mientras buena parte del mundo ha sustituido el trabajo artesanal por procesos cada vez más rápidos, aquí todavía hay quienes pasan horas colocando una pequeña pieza de piedra junto a otra para construir imágenes que pueden durar siglos.
Son las teselas. Y quienes las colocan son los alumnos de la Escuela de Mosaicos de Friuli, una institución que desde hace más de 100 años forma artesanos en uno de los oficios más antiguos ligados al arte y a la arquitectura cristiana.
La escuela fue fundada el 22 de enero de 1922. En aquel momento, la región contaba con numerosos talleres de mosaicos, pero muchos jóvenes aprendían el oficio de manera demasiado especializada y sin una formación completa. Al mismo tiempo, la emigración de los artesanos amenazaba con dispersar una tradición que llevaba siglos arraigada en Friuli.
La escuela nació, en parte, para evitar que ese conocimiento se perdiera.
Más de un siglo después, el resultado se puede encontrar muy lejos de Spilimbergo: en iglesias de Italia y otros países, en grandes proyectos arquitectónicos y también en el Vaticano.
La institución mantiene una relación cercana con la Fábrica de San Pedro, responsable de la conservación y mantenimiento de la Basílica de San Pedro. Profesores de la escuela son invitados en ocasiones a impartir talleres y sesiones de formación a los especialistas que trabajan en este ámbito.
“Mantenemos una relación muy buena con ellos", explicó Stefano Lovison, Presidente del Consorcio de la Escuela de Mosaicos de Friuli a EWTN News.
“En concreto, a menudo solicitan que nuestros profesores vayan a pasar un tiempo con ellos impartiendo talleres o sesiones de formación que duran una semana o incluso 15 días, dependiendo de los temas y áreas de especialización que podamos compartir con ellos y así les ayudamos a explorar con mayor profundidad”, explicó.
Aprender colocando una tesela tras otra
Convertirse en maestro del mosaico requiere tiempo. La formación en Spilimbergo dura tres años y combina el estudio con muchas horas de práctica.
El primer año está dedicado especialmente al mosaico romano. Los estudiantes trabajan con las pequeñas piezas de diferentes formas y materiales que, una vez colocadas, terminan formando una imagen completa.
Para comprender esa tradición, no necesitan mirar solamente libros.
A poca distancia de Spilimbergo está Aquileia, una de las ciudades más importantes del antiguo Imperio Romano y uno de los grandes referentes del mosaico paleocristiano.
Su basílica conserva un enorme pavimento de mosaico que representa escenas y símbolos vinculados a las Sagradas Escrituras.
“Si fuéramos hoy a Aquileia, ¿qué es lo que más nos impresionaría? La basílica. Una basílica con un suelo magnífico. Porque ese suelo nos cuenta una historia, la historia de las Sagradas Escrituras”, explicó Lovison.
Aquileia se convierte así en algo más que un lugar para estudiar una técnica artística. Es también una muestra de lo que puede ocurrir cuando el arte y la fe quedan unidos en una misma obra.
Jóvenes de 15 países
La tradición no se ha quedado encerrada en Italia.
Durante el curso académico 2025-2026, la escuela recibió alumnos de 15 nacionalidades. Algunos llegan desde países muy alejados de Friuli para aprender un oficio que requiere algo que no se puede acelerar: paciencia.
La admisión no exige solamente cumplir determinados requisitos académicos. Para la escuela hay algo más importante.
“Siempre digo que hay que tener una gran motivación. Ese es el principal requisito que buscamos”, señaló su representante.
Los alumnos deben tener al menos 18 años y haber terminado la educación secundaria. Después comienza un aprendizaje que exige precisión, repetición y muchas horas de trabajo.
Aunque los estudiantes llegan de diferentes partes del mundo, las clases se imparten en italiano. Es otra manera, explica la escuela, de conservar y transmitir una tradición que pertenece a la identidad de la región.
Muchos de ellos deciden permanecer en Friuli durante su formación porque allí se encuentran los talleres y empresas que continúan trabajando en grandes proyectos de mosaico.
Un oficio que viajó por el mundo
El nombre de Spilimbergo también aparece en proyectos realizados fuera de Italia.
Entre las obras en las que han participado sus artesanos se encuentran decoraciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, trabajos en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, el complejo del metro de la Zona Cero de Nueva York y un ciclo de mosaicos del Foro Itálico de Roma.
También hay obras en ciudades como San Antonio, Pekín y Tokio.
Cada una comenzó de una manera mucho más sencilla: con pequeñas piezas de colores.
Esa es quizá la paradoja del mosaico. Para contemplar una obra terminada basta con unos segundos. Para construirla pueden hacer falta meses de trabajo.
En Spilimbergo, los alumnos siguen aprendiendo ese proceso como lo hicieron generaciones anteriores: estudiando los modelos antiguos, trabajando con las manos y colocando una tesela junto a otra.
La escuela nació hace más de un siglo para impedir que un oficio desapareciera. Hoy, mientras sus alumnos llegan desde distintos lugares del mundo, aquella misma misión continúa.