Por Víctor Hugo Fux
Mis primeras experiencias periodísticas cubriendo eventos internacionales, tuvieron a la Fórmula 1 como protagonista en el autódromo de la ciudad de Buenos Aires.
Escenario del Gran Premio de la República Argentina, en los años '70, esta competencia marcaba el inicio del calendario.
Acreditado por el Diario Castellanos, asistí a las carreras realizadas en los años 1973 y 1974, ganadas por Emerson Fittipaldi (Lotus) y Denny Hulme (McLaren), esta última recordada por el abandono de Carlos Reutemann (Brabham) por falta de combustible cuando lideraba con buena diferencia a solamente una vuelta de la bandera a cuadros.
Ya en 1975, como periodista del Diario La Opinión, asistí nuevamente a esa prueba en el coliseo porteño, que vio imponerse una vez más al brasileño Emerson Fittipaldi (McLaren).
Finalizada esa competencia, en la que estuvimos con mi entrañable amigo José Claudio Joris (por entonces colega en LT28 Radio Rafaela) y mientras esperábamos en Retiro la salida del TATA para regresar a nuestra ciudad, empezamos a ilusionarnos con la posibilidad de viajar a Brasil.
Entre aquella primera fecha del campeonato -disputada el 12 de enero en Argentina- y la segunda, que se realizaría en Interlagos el 26, solamente restaban 14 días, muy poco tiempo como para hacer realidad la inquietud, pero la voluntad, obviamente, estaba bien alta.
El mismo lunes 13, con "Pepe" hablamos con Emilio (Grande) y Leonelo (Bellezze), planteándoles, cada uno por su lado, el deseo de realizar los trámites de acreditación ante la Federación Paulista de Automovilismo y la Radio Rede Globo.
Sin demasiadas expectativas por el escaso margen que nos separaba del evento, solamente debíamos esperar que un "milagro" pudiera abrirnos las puertas del icónico trazado paulista.
"Pase lo que pase... lo intentamos", seguramente habremos dicho en ese momento. La sorpresa, casi increíblemente, no tardó en llegar. Hoy, a la distancia, no recuerdo con precisión si las aprobaciones se confirmaron oficialmente, vía fax, el viernes o el sábado de la semana previa al Gran Premio.
Inmediatamente reservamos los pasajes, mediante una comunicación telefónica, en la Terminal de Ómnibus de Santa Fe, para salir el martes próximo desde la capital provincial, por la empresa General Urquiza.
El micro partió a las 20:00 del día 21 y después de 37 horas de viaje, arribamos el jueves 23 a la Rodoviaria de Sao Paulo. La búsqueda de un alojamiento fue nuestra primera tarea, que terminó siendo bastante más sencilla de lo previsto. Lo encontramos a solamente dos cuadras. Eran nuestras únicas pretensiones, tener un par de buenas camas para que podamos descansar, un baño para recuperar energías y la limpieza que cualquier viajero siempre prioriza.
Al mediodía, ya instalados en esa urbe impresionante, salimos decididos a retirar nuestras credenciales. Los traslados, con los típicos "escarabajos" (Volkswagen) manejados por expertos conductores que desafiaban con la velocidad que el intenso tráfico le demandaba, fueron a un ritmo furioso.
La primera gestión fue exitosa en lo personal. Un box identificado como "Prensa Latina", en el piso veintipico de un edificio con forma de cilindro, recibía a los cronistas de los medios escritos. El sobre, ya rotulado con el nombre del enviado de La Opinión, me habilitaba para cubrir el evento.
El siguiente destino debería habernos llevado al lugar donde tendría que cumplir con idéntico procedimiento José Claudio, pero mi compañero de aventura tuvo un imprevisto que le impidió llevarlo a cabo.
Después vinieron las tres jornadas de traslados hasta el circuito paulista, siempre con la mira puesta en la actuación que pudiese concretar Carlos Reutemann, por entonces piloto de la escudería Brabham.
Jean-Pierre Jarier, sin embargo, con un sorprendente Shadow, se perfilaba desde las primeras salidas a pista como el rival a vencer, con "Lole" y su compañero, José Carlos Pace, como los retadores más firmes.
El francés se quedó con la pole, seguido por el argentino y el brasileño. Claramente, eran los grandes favoritos, aunque no había que descartar a Emerson, que venía de triunfar en Buenos Aires.
El santafesino punteó en las cuatro primeras vueltas, después el que se encargó de poner las cosas en su lugar fue Jarier, pero su abandono lo catapultó al liderazgo a Pace, que terminaría celebrando su primer Gran Premio -y único- en su historial en la Fórmula 1, aguantando durante los últimos giros la inquietante presión de su compatriota y vigente campeón.
Pace, Fittipaldi y Jochen Mass, con el segundo McLaren, compartieron el podio, mientras que Reutemann, con persistentes inconvenientes, terminó ocupando un magro octavo puesto.
Después de vivir un fin de semana inolvidable, el lunes recorrimos esa verdadera jungla de cemento que es Sao Paulo, ya pensando en el largo trayecto que deberíamos afrontar el martes a la noche, para arribar a la mañana del jueves a Santa Fe y cercano el mediodía a Rafaela.
¡Qué me van a hablar de cansancio a mis casi 22 años! Ese mismo día, "Deportes en Relieve", poco antes de las 20:00, nos abriría sus micrófonos para que podamos compartir una experiencia que fue de apenas una semana, pero que pareció haber sido bastante más extensa por el increíble cúmulo de emociones que se fueron sucediendo en un viaje de ensueño.