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Sociales Martes 22 de Septiembre de 2026

Sensaciones y sentimientos: Marta Ristorto

En 1994 obtuvo mención de honor en el concurso literario departamental del Liceo Municipal de Rafaela, por el cuento “Presagio de campanas.

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Con esta entrega reconocimiento a una escritora del interior profundo. Crédito: iStock

Por Hugo Borgna

“La enfermera dijo niña y la llamaron María Gracia. Fue un bebé regordete y sonrosado. A medida que iba creciendo iba hacía honor a su nombre. Cuando aprendió a leer le fascinaron las revistas de espectáculos. Así supo que iba a ser modelo. Tenía unos dedos largos y hermosos. Pensó usarlos en su garganta. Adelgazó cuanto quiso y llegó a ser top model. A los dieciocho años la internaron. Bulimia, dijeron. A los veinte era gorda y nadie la recordaba. A los veinticuatro intentó suicidarse.

Ahora está terminando el secundario y se compró una muñeca. Todas las mañanas va a jugar al parque con los niños, que no entienden como siendo tan grandota no sabe marcar el tejo ni conoce a la Farolera”. (Mañana es ayer, de Un volver de horas bajo el tilo).

…El cuento tiene una notable versatilidad y casi nunca se la advierte en la primera lectura de un texto. No está sujeto a las estrictas reglas que impone la poesía, a pesar de exhibir (la poesía) una generosa libertad. Ubicado a mitad de camino entre la locuaz novela y la expresiva síntesis, se permite el cuento componer una historia sólida y poblada de hechos en pocas líneas. Al mismo tiempo admite sostener su componente casi físico de relato, ayudándose con la volante metáfora.

Marta Ristorto los demuestra en las 80 páginas, donde 27 cuentos se hacen dueños del sentir de atrapados lectores.

“Era honrado y trabajador pero muy pobre y sin belleza. Lo llamaban el Patito Feo y fue despreciado por todos. Desde el alba hasta la noche trabajó, solo para alimentarse. La gente lo corría por su aspecto y su pobreza. Cansado de esta vida dejó la honradez guardada y se conectó con malvivientes. La maffia lo premió por ser emprendedor.

Ahora trabaja poco y viaja mucho. De Colombia a New York. De Bolivia a Barcelona. En Hamburgo lo esperan cuando sale de Perú. Lo han recibido con honores el clero y los presidentes. Y aunque siguió siendo feo hoy todos lo llaman señor. (El patito feo, de Un volver de hojas bajo el tilo)”

…Marta Elisa Ristorto nació aquí el 7 de diciembre de 1946 y a los 22 años se radicó en Sunchales. Concurrió al taller literario de allí desde 1993. Sus obras integran antologías nacionales. En 1994 obtuvo mención de honor en el concurso literario departamental del Liceo Municipal de Rafaela, por el cuento “Presagio de campanas”, e igual premiación para autores inéditos del Fondo Editorial Municipal de Rafaela, por los cuentos que componen este libro del que se hace referencia. Ha publicado cuentosen la revista local Sensación de Cultura de Rafaela, y publicaciones de similar representación en Sunchales.

"Los corredores estaban en penumbra. El olor a desinfectante hacía fruncir la nariz al respirar. Los pasos de las enfermeras apagaban, en la suela de goma, cualquier premura de ruido. En la habitación número quince la puerta estaba entornada y la ventana abierta. Por ella entraba la luna. Toda luz y belleza llegaba hasta la cama del enfermo, recorría sus pies y se detenía abruptamente en el torso.

El rostro a oscuras solo se iluminaba con el fulgor que despedían los ojos. Punzadas de luz en la mirada fija hecha cristal en un punto distante mucho más allá del cuarto, lejana en el cielo, por momentos prendida al lucero, por otros, deshojadas en estrella. La boca abierta babeaba savia que se escurría a borbotones en cada estertor. Ningún movimiento. Únicamente los ojos vidriosos denotaban su lucha interior. La desesperación por un fin cercano, los interrogantes acumulados en ese tramo de su existencia. Empolvados recuerdos que sacudían el tiempo al presentarse nítidos, como recién vividos y el miedo y las dudas y todo en dos pupilas retintas que pedían más, un poco más, cuando ya era menos…

Dos pisos más arriba del vetusto hospital, un gemir sordo, apenas contenido, se confundió con el llanto estridente del recién nacido. Un suspiro hondo ahogó el dolor de la madre y dio paso a la alegría, a la emoción agradecida. Y allí, en sus brazos, pletórica savia era aprisionada en diminuta carne, explosión de la naturaleza que engarzaba su engranaje de esperanza completando el círculo. Continuidad milenaria que gritaba, ¡vida!.

Dos ventanas abiertas y una misma luna que ilumina los cuartos. Trasvasamiento sutil de plata clara, destilando un cuenco para brindar en otro.(Pasaje, de Un volver de hojas bajo el tilo)” .

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